Sonic Trash: “King Kong Party” | GR76


El anuncio de una nueva entrega de los chicos siempre será bienvenido, pues hablamos de un conjunto personalmente apreciado desde hace mucho tiempo, casi tanto como los veinte años que llevan enchufando los instrumentos en sesiones de grabación o en funciones repartidas por aquí y allá. Divididos, a excepción de un crossroads de nombre Venus In Furs, en dos etapas y otras tantas identidades regidas por temperamentos semejantes. Con el alias Ya Te Digo comenzaron la centuria, el milenio y su aventura en esto del rock’n’roll David, Juanjo y Óscar, tres amigos de adolescencia que lograron atraparnos en su vorágine de sonidos y movimientos procedentes de múltiples y hasta encontrados ambientes. El abandono del último obligaría a Juanjo y David replantear la situación, y desde entonces han ido currando como unidad bicéfala añadiendo gradualmente más revoluciones junto a varios amigos que han aportado su compromiso sumando experiencias, títulos, kilómetros y aplausos como Sonic Trash. Por cuestiones artísticas o laborales la formación de la banda ha mantenido cierta flexibilidad, si bien es cierto que los lazos de amistad entre todos ellos permanecen, lo cual es un dato nos atreveríamos en señalar fundamental en su crecimiento.

Porque Sonic Trash es una sociedad cooperativa que atesora una envidiable solvencia en las distancias cortas, siendo este aspecto una de sus grandes cualidades. Son sólidos, son dogmáticos. Son un seguro de vida en sus performances y en sus enrabietadas confesiones (“Bilbao Speed City”), en sus escalofriantes purgatorios (“Amarcore”), en sus emotivos atolones (“Alma caníbal”) o en sus análisis delirantes (“Cortes”) que paulatinamente añaden a un manual de comportamiento avaricioso, inconformista (en su acepción positiva, por supuesto) y profundamente rockero, ya que rehúyen de los trillados corsés que repartimos a diestro y siniestro con demasiada ligereza, aunque se aproximen más a ciertos modelos ¿underground quizá? La catalogación de la música por tribus, cunas, trazas incluso errehaches no es especialidad de la casa, y en su defecto uno prefiere simplificar todo este maremágnum en siete o diez corrientes que condensan la esencia del rock’n’roll, porque el rock’n’roll es diverso en su naturaleza, elástico y cosmopolita en su evolución. ¿Dónde situamos entonces a Sonic Trash? En la actividad. En la rebeldía urbana, en las distorsionadas maniobras de final de siglo, en el vértigo y la libertad. En el misterio del single promocional “Kalamity (zure zapore berria)” publicado en el veinte veinte que nos puso los dientes largos, ya que su última referencia databa de 2017 y había ganas, para qué negarlo.  

Como dijimos en su momento se trataba de su primera incursión en euskera firmada por Fermín Etxegoien, así que ya teníamos servida en bandeja de plata las novedades. Además es una dedicatoria a otro camarada como Oxer Bastegieta, responsable de la bodega Oxer Wines de Laguardia (Araba) que obtuvo una excelente valoración gracias a la variedad Kalamity, está producida por el laureado Rafa Sardina y en sus coros participa otra buena amiga como la bilbaína Birkit, mientras las localizaciones del videoclip representan la conexión que mantienen con los garitos donde han crecido como personas y músicos. Son habituales visitantes y conocen el vocabulario corporal. Conocen los secretos y la complicidad de los directos, y se mueven como pez en el agua en ese contexto. Sus funciones son… ya lo hemos dicho, ¿no? Por otra parte, siendo seguramente la parte más importante del asunto, las canciones del disco son fieles a su carácter y tienen un papel trascendental, transitando entre la psicodélica secuencia “Amnesia” y la perturbadora frecuencia “Kamazotz”, entre las enfáticas muletillas de “Orient Ltd” que se repiten en el subconsciente sin cesar y las progresiones guitarreras de “Acelerado” que alimentan el alboroto y la pasajera divagación. No obstante, una vez analizadas, tanto monta, monta tanto, porque las canciones de Sonic Trash se amoldan perfectamente a las transiciones lírico-recitadas y tienen la personalidad suficiente como para la correspondencia o exclusividad. Tienen savoir faire, tienen tanta sensualidad como “Sexy Bass”, y a pesar de un título que podría llevar a infundados equívocos o susceptibilidades, el trabajo de David, Juanjo, Lander, Mario y Ekaitz junto a Iñigo Escauriaza en los estudios Submarino de Munguía denota confianza y mesura. Es atrevido, sí. Pícaro y astuto también, y de esa astucia tuvimos puntuales avances en la última fiesta del WOP Festival, hasta el momento el último encuentro con unos tipos que ofrecen siempre una muy buena actitud y proponen torsiones, distorsiones y temblores. ¡Anímate! Apúntate a “King Kong Party”.

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