Resulta extraño, o cuanto menos intrigante, que una banda del alcance de la gasteiztarra The Soulbreaker Company no se hubiese acercado a los estudios de grabación en ocho años y, por otra parte, es significativo que esa vuelta se produjera en un acreditado laboratorio como Electrical Audio de Chicago. Resulta chocante, o cuanto menos peculiar, que para este séptimo lanzamiento discográfico hayan optado por el lema “Sins” teniendo en cuenta que la decisión podría acarrear una serie de paralelismos o especulaciones que quizá no se ajustaran con la realidad. Sin ir más lejos, nosotros mismos dedujimos y asociamos libremente estos dos acasos (el número y su nombramiento) con el azar, la numerología o la espiritualidad cuando estrenaron el single “Beginning Of The End”: siete chakras, los pecados capitales, los astros visibles, los colores del arcoíris, los días de la semana, las vidas del gato, las notas musicales… Hasta que supimos que no guardaban ninguna relación y nuestra teoría se derrumbó.
Resulta sencillo, o cuanto menos, bastante frecuente que extraigamos nuestras propias conjeturas sobre infinidad de materias sin tener conocimiento alguno, pero si hay algo que resulta evidente y más que probable en toda esta historia, es que el retorno de la compañía es un gran acontecimiento y que “Sins” tiene pinta de convertirse en un elepé fundamental del año en curso. Hablando de hipótesis. Tal vez “The Right To Hush My Sins”, una de las once canciones que componen el álbum, cargue con la responsabilidad de ser artífice de la elección del encabezamiento, o como ya hemos apuntado, tan solo sea, influenciada por triviales argumentos, una opinión personal. No obstante, su orquestación y tratamiento, su clima(x), frecuencia, el penetrante slide y tensa calma reinante en sus letras y notas, aparte de su etérea simbiosis de elementos y notoria herencia, nos encaminan en esa dirección. Por otra parte, el resto del trabajo es fiel reflejo de los propósitos marcados en su agenda veintitrés años atrás como sociedad incluso a nivel individual, ya que todos ellos tendrán sus propias inclinaciones y esas afinidades o simientes resultan lucrativas engrosando así la entidad de la cooperativa.
El single “Abd Al-Rahman” es un buen ejemplo de este totum revolutum de ideas o intenciones, pues es una cadencia que provoca sosiego y vigor a partes iguales siendo un excelente puente que conecta pasado y presente proyectando el mañana. Un sortilegio en el que Illán Arribas se suelta la melena realizando el solo de guitarra principal y una de las novedades del sexteto cuyo antiguo bajista asume el papel del guitarrista Asier Fernández, y como el resto de integrantes son los mismos, el consecuente reemplazo a las cuatro cuerdas corresponde a Jesús Ángel “Lasto” procedente de la banda amiga Entropía. A renglón seguido, una sorpresa más, dado que es el propio Illán quien sustituye en labores vocales a Jony Moreno en la impulsiva “Jump The Fault Line”, donde sobresalen los refuerzos de órganos y sintes del impecable Javi Arteaga, la flexible guitarra del fino Daniel Triñanes y los determinantes golpeos de Andoni Ortiz, un motor de explosión en constante funcionamiento que dirige con nervio y tacto a sus compañeros.
Pongámonos en situación. La prolongada hibernación de los gasteiztarras podría jugar en su contra, dado que vivimos una época donde la inmediatez rige este ecosistema mientras el corto plazo o la premura son factores de riesgo que posiblemente coarten la libertad artística, si bien el mundo del arte en su diversidad es arriesgado. Y estos tíos han arriesgado durante su travesía y en el decidido viacrucis emprendido hasta el Sancta Sanctorum del reverenciado Steve Albini (su aportación e implicación en el mundo del rock es infinita) que lamentablemente falleciera meses antes de la visita de los Soulbreaker. Por lo tanto, no pudo dirigir las sesiones de grabación, y aunque el hecho de trabajar atendiendo sus consejos era un incentivo más, en su curriculum figura en letras doradas Electrical Audio, institución de auténtico fervor en el entorno underground. En cualquier caso, contaron con la sapiencia del ingeniero Taylor Hales que supo capturar la esencia de los vascos y probablemente aportara sugerencias. Otra novedad que podríamos sumar, viene de la mano de la casa que edita y distribuye “Sins”, la catalana Discos Macarras.
Y ya como curiosidad, teniendo en cuenta que uno de los distintivos de la banda es su amplitud polifónica e intuición, su ingeniosa utilización de recursos, sus permanentes transiciones, la polivalente psicodelia de su propuesta y su habilidad (o fiabilidad) a la hora de incrementar las duraciones de discos o canciones, es la longitud concedida a “Sins”. Algo excepcional repasando sus pasadas tiradas. Puede que inusitada, pero ni mucho menos escasa ya que sus cuarenta minutos distribuidos en once fragmentos equivalen a una obra compensada gracias a invenciones cuyos requisitos medulares son el atavismo perceptible en la inaugural “Ant Row”, la relajación mental experimentada en la central “Reaching The Dragon” o la magnificencia alcanzada en la final “Be On The Run”, un ocaso que se entiende como enlace a la esperada aurora que podría estar representada en la pletórica “Beginning Of The End”, en la profunda “On Jupiter” que muestra diferentes sistemas y un mismo objetivo, o en la acaramelada “Road And Bread” donde Jony Moreno engrandece su semblante seduciendo con la delicada fortaleza de su tesitura vocal. Equilibradas y desprovistas de cualquier atisbo de pasividad, “In Rome”, conocida con anterioridad dado que se trataba de uno de los singles promocionales y “Ten Thousand Years”, otra característica demostración de fibra y temperamento en la que todos los aportes confluyen brindando tentaciones, penitencias o pecados. Al fin y al cabo, talantes del universal rock n’ roll y, por supuesto, máximas de un consorcio capaz de romper el alma con sus teoremas y adagios: The Soulbreaker Company.

