Noa & The Hell Drinkers: “Raw” | GR76


Teníamos entre ceja y ceja hablar sobre banda y disco desde hace más de un mes porque “Raw” apareció allá por mayo, porque Noa & The Hell Drinkers es una formación que tiene bien merecida nuestra (en general) atención, y porque nos apetecía. Lamentablemente, las horas transcurrían a toda velocidad, los días se sucedían sin remisión, y las semanas, sin posibilidad alguna de volver hacia atrás. Ahora, en lo concerniente a nuestra particular auto encomienda respecto al reciente trabajo de la escuadra vasca, cero progresos. Los conatos de inicio se quedaban en el intento y el acelerado ritmo de vida presionaba de tal manera que desatendíamos nuestras propias promesas. Demasiada faena, unos cuantos frentes abiertos y bastantes cuestiones que nos gustaría abordar, teniendo en cuenta que los días siguen teniendo veinticuatro horas, que las obligaciones no conceden tregua y que, de cuando en cuando, la cabeza necesita descansar.

Sin embargo, “Raw” no podía pasar de puntillas y debíamos dedicarle unas líneas aunque la musa no se manifestara, puesto que es un álbum que hemos disfrutado de principio a fin. Desde la resplandeciente aurora “Dance On My Grave” hasta la seductora puesta de sol por medio de “Do What You Gotta Do”, desde los primeros desafíos de un astuto slide hasta las últimas gotas de sudor producidas por un liberador funk que son, en gran medida, el fundamento de este pacto. No nos iremos por las ramas o utilizaremos medias tintas. Directamente al grano. Noa Eguiguren y sus compañeros, es decir, el bajista Manu Gestido, Paul San Martín en piano y Hammond, lbai Ros a la batería y el guitarrista Gonzalo Portugal han fabricado un más que interesante material. Potente, atrevido, moderado, desenvuelto y medido. De nuevo, ya que en los diez años que llevan en danza, y si la memoria no nos falla, habían publicado otros tres ejemplares de características similares. En esencia, refrescante rock n’ roll provisto de estimulantes cantidades de blues, soul, groove, swing, funk, rhythm and blues o cualquier otra suerte que trasmita pasión, que obligue a mover las caderas, a sentir espinas en el alma, caricias en el corazón o viceversa.

Toda esa variedad, aparte de su rotunda eficacia en las distancias cortas, les auparía a conquistar el European Blues Challenge de 2023 celebrado en la localidad polaca de Chórzow, hecho que es digno destacar, aunque recurramos a ello siempre que hablemos de Noa & The Hell Drinkers. Desde aquel entonces ni han dejado de participar en diferentes festivales del ramo repartidos por la geografía en calidad de triunfadores del concurso o por méritos propios, ni frenado su actividad como artistas principales en salas, clubs o galas, engordando así una popularidad que “Raw” refrendará, pues guarda en su interior canciones que son como un imán. Canciones como “Teeny Wee” en la que colabora Alex Haro con el saxofón y desde su comienzo te deja sin aliento dado su frenético ímpetu, dadas las precisas intervenciones de todas las secciones, el guirigay que se masca en el ambiente, la radiante asistencia coral de Otxi y Santi Romano que se multiplica a lo largo del disco y el talante pícaro de casi tres minutos absolutamente salvajes.

Pues esos efectos serán comunes en las once canciones ya sea en los pasajes románticos, caso de una “Ladder To The Stars” enclavada en el ecuador que, inexorablemente, se clava en la médula espinal y manda señales de urgencia, de amparo o de comprensión al resto de constantes vitales, o en los tramos más salerosos tipo “None Of Your Business” donde Gonzalo Portugal y Paul San Martín revelan su compenetración y potencial demostrando porqué son unos músicos requeridos. Un blues enloquecedor, un shuffle vacilón, un rítmico rock n’ roll impulsado por el tándem compuesto por Manu Gestido e lbai Ros mientras Noa deja boquiabierta a la audiencia con sus cristalinas cuerdas vocales y felina actitud. No hay descanso, y si anteriormente habían declarado sus intenciones mediante la activa “Broken Fingers” que, por cierto, es el lema que nomina la correspondiente gira, arremeten con furia en “Let Him Go”, intrépido compás rockabilly e inspiraciones latinas que confirman su disposición, y cautivan con la sensualidad de un viejo blues llamado “Suzuki Girl” que muy probablemente origine un sinfín de palpitaciones.

Más canciones, más oportunidades, o concretamente, “Another Chance”. Una interpelación, un refrendo que comedido despunta entre ecos y quebrantos concluyendo, guarnecido en exquisitas maniobras instrumentales, en un mar de parábolas que definen a una banda disciplinada y orgullosa. Una banda turbulenta y soberana, sugerente, honesta y rigurosa que hace tiempo abandonaría en una cuneta perdida por el camino el epíteto ‘prometedora’, pues acumulan miles de kilómetros y sostienen líricas que fuerzan a echar el freno, melodías que atrapan y títulos como “One Last Night”, si bien en este caso su contenido narrativo es un torbellino de retóricas y contrariedades donde hay escasas alternativas a la melancolía y, musicalmente, otra absorbente corriente soul de innegociable seguimiento en la que un voluptuoso saxofón vuelve a surgir animando a continuar en la brecha, que es precisamente lo que seguirán haciendo Noa & The Hell Drinkers defendiendo su postulado, ideas y maneras con estándares como “You Got It All Wrong”. Otro prototipo de la casa, otra creación que de alguna manera revela su personalidad y rubrica su compromiso, que no es otro que salvaguardar, sin ambages, el valor específico del rock n’ roll.

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