Robert Jon & The Wreck, una banda que nunca defrauda, una banda plena de energía y actitud | GR76


Martes 24 de mayo de 2022 en Kutxa Beltza, Bilbao

El martes pasado subimos las escaleras que dan acceso a la platea cerrada de Kafe Antzokia, la plácida, apañada y recogida Kutxa Beltza con el firme convencimiento de disfrutar con Robert Jon & The Wreck en el estreno de su actual ruta hispánica. De nuevo frente a los californianos, renovados, eso sí, con respecto a la última visita. ¿Disfrutamos? Sí, por supuesto, y nos atreveríamos en asegurar que la práctica totalidad de la asistencia también. ¿Volveríamos? Sí, y nos atreveríamos en asegurar que la práctica totalidad de la asistencia, también. Sin poder garantizar el número exacto de espectadores, rondaríamos la centena, o sea, un respetable número para la capacidad del popular Antxiki. Por lo tanto, pudimos seguir con cierta comodidad la actuación de un quinteto que puntual comenzaría cuando el baterista Andrew Espantman marcó el rumbo con sus batutas de madera y el brío de sus tambores y uno de esos highlights que en directo es una llamada al desfase, “The Devil Is Your Only Friend”. Abrimos paréntesis. Muchos tienen en su discografía, al menos para un servidor, pero han de guardar fuerzas, porque, uno: llevan unos cuantos kilómetros recorridos por Europa y deben volver. Dos: la carretera, las fronteras y las travesías guardan misterios. Nunca se sabe lo que puede pasar entre los sudores, los virus (vaya, quizás no era el término más apropiado) o los imprevistos. Cerramos paréntesis.

Pues desde esta apertura hasta la finalización, el guitarrista principal, el señor Henry James, se encumbró con sus vertiginosos solos, un slide salvaje y una excelente muestra de técnicas diferentes con las seis cuerdas. Tanto él como el bajista Warren Murrel eran las novedades que presentaba la banda como ya hemos apuntado, si bien ya han grabado un par de discos con Robert Jon Burrison, Andrew Espantman y Steve Maggiora, están muy compenetrados y brillan con luz propia, pero era nuestro bautizo frente a ellos a la pareja y la verdad, teníamos cierta curiosidad. Positiva, muy positiva resultó la experiencia. La solvencia de los restantes era recordada, y cual profecía a nuestras especulaciones irrumpió un “Do You Remember” en el que las guitarras se sincronizaron y las gargantas se hermanaron mientras el synth de Maggiora comenzó a echar humo provocando unos cuantos elogios en zona en la que nos encontrábamos; las peripecias de Espantman en la retaguardia se distinguían perfectamente y al frente, un barbudo mocetón que mantiene una fuerza vocal semejante a su complexión.

Unos noventa minutos estuvimos saboreando las múltiples fisonomías y combinaciones que apadrinan estos forajidos  meneando las caderas, traspirando y palmeando las acometidas funkys (“Everyday”) que mudaban de piel cual serpiente cascabel (“Hey Hey Mama”) en desiertos fronterizos. Disciplinados y aplicados atendíamos homilías (“Oh Miss Carolina”) propias de ceremonias baptistas y taconeamos sin demasiadas trabas el contagioso ritmo sureño “Waiting For Your Man” que trazaba vasos comunicantes entre unos, otros, aquellos o estos, sin embargo teníamos enfrente a ellos: Robert Jon & The Wreck, una banda de rock ‘n’ roll. Una banda que te pone en serios aprietos emocionales cuando Robert Jon se cuelga una acústica y, tras una psicodélica introducción de las teclas, calma la marea con “The Death Of Me”. Una banda que emplea catorce minutos para agasajar al personal con la inmaculada “Cold Night” en la el señor Henry James dirigió el cotarro con una desprendida Firebird. Una banda que cree en sí misma y en su último trabajo, “Shine A Light On Me Brother”, donde, por cierto, el diácono ofició como tal con portentosos registros, reclamando la correspondencia de los feligreses e insistiendo a sus sacristanes. Una banda acostumbrada a bregar en los oscuros garitos con luces de neón, en las plazas glamurosas, o en polivalentes recintos que alternan sus funciones con locas noches de rock ‘n’ roll como esta que tratamos describir y en la que salieron de nuevo para despedir la velada con la actividad, el entusiasmo, la energía de “On The Run”. Renegados, cañeros, camperos, sureños y souleros.

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