Toni Monserrat Inc.: “TransAm” | GR76


Si las cuentas no nos fallan, que bien podría pasar porque los números siguen siendo nuestro talón de Aquiles, y al margen de algunas plausibles recuperaciones, “TransAm”, el nuevo disco de Toni Monserrat Inc. es el quinto lanzamiento de la recién creada Milanamúsica Records, lo cual habla mucho y bien de su compromiso con el producto nacional. Tanto como ellos nosotros respaldamos una escena que se mueve con solvencia por todas las esferas del rock y por ende, cuenta con un formidable listado de artistas donde bien podría figurar el balear Toni Monserrat, pues lleva un tiempo en este medio acumulando unas cuantas experiencias y otras pocas formaciones, así que podríamos decir que es una voz autorizada. Tal vez no haya gozado de un reconocimiento masivo, pero ahí está el tío porfiando en sus modos y sus composiciones. Indudablemente tendrá sus partidarios, tampoco es cuestión de ganarse enemistades a las primeras de cambio, pero no vayamos a ponernos una venda en los ojos a estas alturas, pues… Bien mirado, igual nos estamos metiendo en un charco de peliaguda escapatoria…

Solemos sugerir al vecino de enfrente, si es simpatizante del rock’n’roll o creemos que lo es, que bucee en las tiendas de discos, que pregunte a tenderos o camaradas (ambos pueden estar en el mismo paquete), que asista a conciertos o indague en festivales de su entorno, que escuche emisoras o repase magazines a través de ondas hertzianas, online o pasando páginas, y de cuando en cuando comprobamos que debemos tragar saliva. Habitualmente sucede, y en este caso sucedió. Ya fuera el azar o debido el señor Tim Easton (sin que él lo supiera), conocimos a Toni Monserrat y su membrete corporativo seguramente tarde, pero pudimos enmendar la plana confirmando que más vale tarde que nunca. Su mejunje de melodías, sueños y melancolías de inequívoco acento americano suscitó nuestra atención, intuyendo además que se trataba de un tipo cuidadoso en sus producciones. Un tipo que vuelve a firmar, tras aquel “38 Bucks” pionero, un disco orgánico, cálido y sincero. Bueno, uno cree que todas las obras, pertenezcan a la disciplina que pertenezcan, son sinceras para sus autores, así que cambiemos sincero por sencillo. Mejor así, porque sus creaciones son sencillamente profundas, siendo el recibimiento “10 Days In Brooklyn” un buen ejemplo de ello. Su salerosa ambientación, la lap steel de Simó Vall, la tonalidad manejada y las voces incorporadas remiten a un sonido determinado. Para un sector, pop, americana para otro; country según algunos, indie según terceros. Nosotros nos quedamos con “Middle Of Things”, la mejor opción. Por cierto, una de las canciones en las que el señor Easton vuelve a colaborar.

En ese estrato, sin excesivos sobresaltos o susceptibles equidistancias convive el ideario del caballero, entre la música inspiradora y la gramática alentadora. Entre las proporciones de Joe Henry, las instrucciones de Jeff Tweedy, la diligencia de “Home On The Run” que revela su condición y su vínculo con los paisajes mediterráneos o el vértigo subyacente de “(Late Night Lolitas And) Frost Margaritas” que obliga mirar a los lados o al interior. Entre los métodos de Mark Olson, los ecos de “Comin’ Over” que instintivamente conducen a Florida, la acústica de “Nobody Notices Anything” que insinúa el serpenteo de la Tramontana o las consignas de John Prine. Así oscila el disco, o al menos esa es una de las sensaciones que nos causa. Simples suposiciones. Propias e intransferibles. Sentires que se multiplican en el estandarte del álbum no solo porque aparezca el viejo Pontiac Tras Am atravesando las polvorientas carreteras del medio oeste yankee, sino porque “Collision Course” es el single que carga a sus espaldas el peso del elepé y posiblemente sea su eje central a pesar de no contar con un estribillo pegadizo, aunque apriete lo suficiente como para que lo canturree el subconsciente. Las guitarras marcan la pauta, las teclas llevan la batuta y la voz del señor Monserrat dirige el cotarro mientras el resto de piezas armonizan una canción dispuesta a descubrir nuevos horizontes que con toda seguridad descubrirán. El movimiento se demuestra andando, y este viejo automóvil tiene un largo recorrido por delante aun ya que, aparte de las ya mencionadas, guarda animadas melodías como “Montauk” o “The Further It Is” proclives a una jovialidad colectiva previa a la estimulante última parada (alto en el camino más bien) titulada “Too Many Sides”, fidedigno arquetipo del sonido americana con sus aires camperos y sus acrisolados elementos que inducirán a reanudar la marcha a bordo de este “TrasAm”. ¿Repostamos?    

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