Cordovas: “Destiny Hotel” | GR76


Si los anteriores lanzamientos de Cordovas te atrajeron, el nuevo capítulo hará lo propio también, porque la comuna de Tennessee conserva intacta su naturaleza e introduce algún nuevo revestimiento a su proyecto. Paso a paso siguen avanzando. Observando a su alrededor y sumando, nunca restando. Asimilando instrucciones de pasadas generaciones y componiendo nuevas canciones, contribuyendo a la cofradía y manteniendo el distintivo que hace unos años les proporcionara buenos réditos y atentas palabras. Tan simple como unas palabras, así es. Tan simple como una opinión, tan simple como unas canciones, tan rotundo como la voz. Podríamos deliberar sobre cuestiones trascendentales o metafísicas visiones, lo cual no estaría mal, ya que vivimos tiempos convulsos en muchos aspectos, pero dejémonos de monsergas, y como diría aquel, centrémonos en el asunto por el que hemos venido a hablar: “Destiny Hotel”, un refugio de cinco estrellas situado en cualquier punto de la geografía donde la imaginación sea capaz de emplazarnos. Un acogedor parador generoso en dimensiones y espacios donde es posible encontrar la paz, muy probable abrigar la melancolía, llorar de felicidad, ver la luz, recapacitar en la oscuridad o manifestar euforia en cualquiera de los diez aposentos orientados a oeste y sur. Todo eso puede acontecer en este destino emocional, y varias de esas circunstancias son perceptibles nada más activar el check-in mientras “High Feeling” comanda la bienvenida. Fenomenal se intuye la estancia con un recibimiento de esta índole, pues los hospitalarios abrazos soul del hammond ejercen como perfecto anfitrión y las relucientes armonías vocales convidan a plantarse en la habitación tarareando el estribillo… 

Y una vez en ella, percibes que hay melodías para según qué días. Entiendes que hay momentos que inspiran canciones y lugares que sugestionan, lugares que estimulan. Lugares válidos para plasmar sus formas en un colorido lienzo o para describir sus colores con notas o frases. Uno de ellos, este paradisíaco hospedaje que no te gustaría abandonar, o al menos querrías retrasar el instante del check-out, porque el tiempo es tan efímero como permanente (“Afraid No More”). Otro de ellos, la alargada costa californiana, entorno que ha contribuido notablemente a la cultura popular en múltiples épocas y facetas por medio de un sinfín de creadores y cuya reminiscencia merodea este registro (“Rain On The Rail”, “Destiny”, “I’ma Be Me”…) de cortesías y providencias beneficiado por la existencia de una cocina de copete habituada en surtir untuosas viandas a los huéspedes (“Man In My Head”), u obligadas zonas de recreo donde cuerpo y mente pueden abstraerse e interrumpir durante unos minutos la vertiginosa rutina (“Warm Farewells”). Las canciones del disco (sí, las analogías hoteleras son una licencia por su título) representan otro desafío en la trayectoria vital de Joe Firstman, un oriundo de Charlotte que ha debido batallar entre North Carolina, Baja California, California y Tennessee a lo largo de su vida, encontrando en esta sociedad con Sevans Henderson, Lucca Soria y Toby Weaver la conveniente guarida donde puede saciar su voracidad compositiva, ya que aparte de ser un gran aficionado a la música es un gran devorador de literatura y poesía, y eso se ve reflejado en “Destiny Hotel”, un álbum grabado días antes del desbarajuste actual que podría ser utilizado como fortalecedora terapia puesto que está plagado de envolventes teclados, rítmicas y penetrantes guitarras, transparentes orfeones (Lauren Cervantes y Angela Miller) y constantes referencias sonoras, además de ostentar galones en todas hechuras y sintonías, pues la producción a cargo de Rick Parker se antoja tan necesaria como el resto de elementos. En este sentido, “The Game” concentra gran parte de estos en apenas minutos y “Do More Good” funciona perfectamente como el check-out antes aludido, funciona como perfecta despedida y en definitiva, es la puerta que se cierra a nuestra salida, el faro que guía con su luz nuestros intentos para llegar el destino, al piso firme.

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