Bruce Springsteen: “Letter To You” | GR76


Reconozco que comenzamos mal, muy mal esta maldita pesadilla. Para ser más precisos, fatal. Aplatanados, entristecidos y cabreados, profundamente cabreados. El lánguido marzo iba quemando días, y finalizando mes hubo un par de razones fundamentales para sacar la cabeza a flote, aunque sigamos con la congoja y el canguelo en el cuerpo siete meses más tarde. La principal fue, por supuesto, el apoyo de quien sufre diariamente tus cambios de humor, comparte tus esfuerzos y entiende tus miedos. La segunda, el abrigo de un fiel amigo que nunca te abandona y te ofrece hombro o mano cuando lo necesitas, un viejo amigo junto al que has pasado horas de complicidad. Ese viejo amigo, aunque él desconozca tu existencia, no es otro que el jefe, el señor Bruce Springsteen, uno de los artífices de nuestro aprecio por el rock. Si recibe ese seudónimo por algo será. A nuestro auxilio regresaba con sus fortalecedoras terapias, esas que nos ayudaran a entender la fuerza de la palabra y nos mostraran un extraordinario mundo de percepciones con siete notas y unas cuantas verdades. Algunas nociones sobre este universo ya teníamos, pero la insistencia de un antiguo profesor de lengua inglesa y el impacto de su desgarrada voz fue tal que iniciamos la investigación, tiramos de traducción de canciones que pirateábamos en cassettes y llegamos a fatigar a hermanos y progenitores. Hasta arduos ahorrillos hubo, hasta impulsivos hurtos también, y cuando aparece una nueva entrega del caballero surgen imágenes de décadas pasadas, aparecen las aventuras compartidas, las venturas, las añoranzas y se presenta aquel chaval de trece años seducido por una colérica armónica y el empaque de una aguerrida formación, la E Street Band

Han pasado muchos años desde entonces, y el tío se sigue comportando como el primer día, si bien confesamos mayor tolerancia con el boss que en muchos otros muchos casos. Sigue demostrando su integridad, pese a quien le pese, y sigue entregando bellas canciones, pese a quien le pese. “Letter To You” cuenta de estas doce. Su trayectoria es tan fructuosa, tan verosímil o tan augusta que desdeñar a estas alturas sus últimas aportaciones, petulante podría resultar. Sí, nuestra estima hacia el señor Springsteen y nuestro respeto no solo por su música, sino por su personalidad es palpable, pero no por ello somos condescendientes. Quien tenga la receta de la eterna juventud, la estrella o el acierto, que se manifieste, y si no aportas, aparta. Reiteramos, para evitar equívocos, que nuestra opinión sobre el caballero no ha variado un ápice desde que caímos en sus redes. Curiosamente, otras redes son las que hoy en día parecen manejar el cotarro; de ahí nuestra absoluta perplejidad ante este mundo de ortodoxos disfrazados de protestantes (¿o es al revés?) que dan a diestro y siniestro sin apenas escrúpulos, y aun sabiendo que nuestra opinión ni mucho menos es dogma, capciosa nunca será. ¿Merece el autor de “Janey Needs A Shooter” tal tratamiento? ¿Deberían cosechar las fantásticas “If I Was The Priest” o “Song For Orphans” insolencias y desdenes? No, ¿verdad? Pues las mismas alabanzas logradas por esta terna de canciones en estos días (en realidad ya eran conocidas con anterioridad por parte de sus incondicionales) se podían haber sucedido estos últimos años con otras tantas de su inagotable archivo, porque ha seguido componiendo contra viento y marea, se ha enfrentado a diablos y farsantes y ha librado duras batallas personales.  

Por tercera vez hablamos de “Letter To You” en estas últimas semanas. Hasta ahora sus adelantos fueron los protagonistas, y en esta ocasión podemos hablar del elepé de cabo a rabo, pues ese 23 de octubre que aguardábamos con impaciencia ha llegado, aunque un número considerable de artículos hemos podido leer sobre el álbum hasta la fecha. El sentir general, que Springsteen había vuelto. Nuestra apreciación, que nunca marchó. Con tan solo un año transcurrido desde su último trabajo, constantes giras mundiales y regulares apariciones por los estudios de grabación, puede hasta resultar aburrido o exagerado calificar como ímproba su labor. Indudablemente sus últimos trabajos no han obtenido la repercusión pretendida, no es cuestión de ponerse un antifaz en los ojos, pero se están perdiendo los modales, se está perdiendo la sensatez, se está perdiendo el decoro, y a uno le importa lo mismo que un accidente de bicicleta en Pekín ser tildado de quedabien. Springsteen seguirá siendo uno de los escritores elementales de este paraíso de sueños, sustancias, metas y frustraciones, y la E Street Band es eso, su cuadrilla, su puntal, su cobijo particular. Springsteen nos ha proporcionado infinitas horas de placer, otras tantas de emoción y no pocas de reflexión con sus ácidas misivas y sus arrullos sentimentales, porque el amigo Springsteen sigue manteniendo su discurso crítico y mordaz cuando es necesario, mientras delicado se comporta cuando la situación lo reclama. Esas máximas quedan patentes en “House Of A Thousand Guitars”, una historia áspera y sentimental, un alegórico estilete en la onda de su inconfundible modus operandi, ya que Springsteen es un sabio dinosaurio que ha relatado las singularidades de los últimos decenios llegando a lo más profundo de miles y miles de corazones, ganándose a pulso la deferencia de sus colegas de gremio y buena parte de la afición. Debía una, que muchos aseguran, y la epístola está aquí, como mejor sabe hacer. En forma circular.

¿Será un último brindis con sus camaradas? ¿Será la rúbrica que cierre este pluscuamperfecto círculo? ¿Será la antesala a nuevos capítulos? Fuera como fuera, este disco permite todo tipo de especulaciones, porque su interior irradia esa energía que suscitara el interés general en sus años mozos, y como muestra, “Burnin’ Train”. Dinámica, elevada, humeante, dispuesta y coral, una relación de detalles bien proporcionados desde la composición hasta su resultado final. Vamos, los mismos preceptos que forjaron y convirtieron a la antigua E Street Shuffle en la banda de bar más grande del mundo, y no es algo que lo lancemos al aire por capricho. Son palabras de Steve Van Zandt. Imagina por un momento estar sentado tras la barra de un garito, y de repente… ladies and gentlemen, ¡Bruce Springsteen & The E Street Band! ¡Cuántas veces habremos escuchado esa introducción…! Poco nos importaría, por cierto, revivir esa agitación con la templada “One Minute You’re Here”, la encargada de dar la bienvenida a este alentador tributo y la que en cierta manera glosa el sentido del trabajo. ¡Cuántas veces habremos soñado con una vez más…! Inenarrable sensación. Bueno, sería imposible, casi una quimera tener a escasos metros a una banda que se mueve en espacios abarrotados de público. No obstante, esa impresión la puedes experimentar en esta obra efectuada por unos tíos que se reencontraron en el rancho de Bruce para grabar en vivo y en tan sólo cuatro días “Letter To You”, algo que, por otra parte, nunca habían realizado. Unos tíos que se conocen al dedillo y saben lo que pueden aportar en conjunto vibrando en cada compás, añadiendo ideas, sumando experiencias y actualizando ese prestigioso copyright. Parece no haber cambiado nada salvo las lloradas ausencias de los difuntos Clarence Clemons y Danny Federici, pero el sobrino de Big Man, Jake Clemons, y Charlie Giordano demuestran ser unos dignos sucesores acoplándose magníficamente a una sociedad de quilates como es la E Street Band. Todo casa y todo queda en casa. Los saxos de “Last Man Standing”, de “Ghosts” o de “The Power Of Prayer” (sobre todo en esta última) defienden el groove de ayer, los armonios conservan el distinguido soul de Phantom y una tenue lap steel anuncia en “Rainmaker” la estrepitosa sinfonía que establece vínculos entre el paraíso terrenal y el mundo espiritual, la médula espinal de este documento dictado por un corazón nostálgico y esperanzado, un corazón agradecido y necesitado que se cuestiona el gran misterio de la vida, ese colofón disfrazado de incógnita cada día más cercano. La carta tiene destinatario, y ese eres tú, somos nosotros, sois vosotras y quizá, seguramente más bien, sean ellos. Su familia, la señora Patti Scialfa, sus socios y confidentes, los señores Roy Bittan, Max Weinberg, Garry Talent, Nils Lofgren, Steve Van Zandt, Ron Aniello y por supuesto tantos otros como los blood brothers a quienes homenajea efusivamente en el memorándum “I’ll See You In My Dreams”. Otro testimonio para la posteridad del jefe, “Letter To You”.

Un comentario

  1. Muy bonita crítica.

    Yo no soy seguidora del género rock en general, pero sí de Bruce Springsteen, desde que le vi por primera vez en concierto en 2008. Tengo casi todos sus discos.

    “Letter to you” me parece un gran disco. 🙂

    Un saludo

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