Seguiremos escuchando la mística de Justin Townes Earle. Seremos fieles a su memoria | GR76


A raíz de la triste noticia de su fallecimiento, he dedicado esta mañana a profundizar en la obra de Justin Townes Earle mientras cumplía con mis obligaciones, y debería comenzar declarando en mi defensa el absoluto asombro y perplejidad al descubrir en estas circunstancias sus discos y canciones. Sí, tenía ligeras nociones sobre su historia, como que pertenecía a una saga respetada en diversos círculos de la cultura americana, pero para ser honesto casi todos mis conocimientos sobre Justin Townes se ceñían a ese hecho, a su apellido. A ser vástago del revolucionario Steve y sobrino de la no menos rebelde Stacey, al margen de una carrera relativamente fructífera por lo que he podido comprobar. El hombre debía luchar con ángeles y demonios y todas esas trabas trazadas o impuestas no se sabe en dónde, de dónde o porqué, pero lo cierto es que habitualmente, y sobre todo si nos ceñimos a según qué expresiones- oficios- profesiones, los hijos que toman parecidos caminos a sus progenitores han de luchar con las malditas comparaciones. Han de convivir con el juicio perpetuo, con las miradas y los dañinos exámenes. Entre tantos otros (innumerables quizá), un error de esta sociedad, un lamentable error.

Como puede que lo sea la utilización de plataformas digitales para investigar en el mundo musical, o al menos el recurso más fácil que tenemos a nuestro alcance, sin embargo recurrimos a él asiduamente. Resulta cómodo y sencillo aunque para los propios interesados no sea la panacea, pero es un buen acercamiento y puede ser el inicio de una buena amistad, que es precisamente lo que me ha pasado tras unos minutos buceando en su discografía y otros dedicados a la lectura sobre su hoy cortada trayectoria. Por desgracia ya no habrá oportunidad de escuchar nuevas canciones de Justin Townes, que con treinta y ocho años nos ha dejado. Por desgracia llega un momento en el que las segundas oportunidades no existen. Por desgracia, el mundo del rock despide con mucho dolor a otro talentoso chaval eclipsado por la alargada sombra de su progenie que dicho sea de paso, estarán sintiendo y padeciendo la pérdida de un ser querido, así que desde aquí vayan nuestras condolencias, aunque estas no lleguen a su destino. Por desgracia, el destino nos reserva amargas situaciones. Por desgracia he vuelto a llegar tarde. Por desgracia, no he sabido disfrutar de su música como habría sido pertinente, pero la disfrutaré con toda seguridad a partir de hoy, porque el mejor réquiem que podemos brindar a los ausentes es recordar su memoria. En este caso le honraremos escuchando su música. Demasiado joven para morir, que mucha gente pensará, pero uno siempre ha pensado que siempre se es joven para morir. Descansa en paz, Justin Townes Earle.

PD: Esta carta anónima podría ser tan ficticia como real. Podría ser una justificación por el desagravio, o un simple sarcasmo. Esta carta no es más que un ensayo sobre un mundo demasiado individual, cargado de egocentrismos e inmisericorde en muchos sentidos. Hoy, precisamente hoy han salido de su escondrijo cantidad de alimañas provocando demasiado ruido, confundiendo cortesías por groserías, enredando y juzgando, erigiéndose en protagonistas cuando nadie les ha concedido tal honor. No somos carnívoros como especie. Somos carroñeros. Vemos la paja en el ojo ajeno y no vemos la viga en el nuestro.

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