The Hangfires: “Curly Q” | GR76


Hace apenas unas semanas, entre el caos y la consternación en los que estábamos sumidos, dábamos cuenta de un nuevo desafío del señor Dan Baird. Poco tardó en acuñar una nueva sociedad tras el anuncio de su retirada de los escenarios el año pasado, sorprendiendo a todos con The Chefs, un convenio junto a uno de sus múltiples amigos en este negocio un tanto cicatero, el baterista Stan Lynch. ¿Alguien dudaba de su porfiado tesón? Aparición interesante cuanto menos, ya que era su primera incursión en el terreno instrumental del que por cierto, salía airoso. Menos tardó en reunirse de nuevo con otro viejo colega, socio y camarada como Joe Blanton, y entre lamentos, euforias, conferencias y confesiones deciden coger cuatro cacharros y pulir una serie de canciones con la ayuda de las nuevas tecnologías. Más tarde, obligados por la necesidad, recurren a dos cómplices del rock como Jen Gunderman y Greg Morrow, a quienes Baird conocía del circuito local. ¿Alguien pensaba que este hombre se quedaría de brazos cruzados en su casa de Nashville? Pues vuelve a sorprender (y ya van unas cuantas) con otra muestra de autenticidad. ¿Alguien creía que este hombre se quedaría mirando el horizonte desde el porche de su casa? Pues el viejo seductor de penetrante mirada y sonrisa torcida ataca de nuevo con The Hangfires. ¿Alguien, de sus muchos seguidores around the world, en su sano juicio y con los sentidos más o menos su sitio, tenía la más mínima duda sobre su compromiso? Pues si no querías caldo, taza y media, o mejor, dos.

El panorama no es demasiado alentador, tal vez sea una perogrullada, y aunque estemos contrariados y hasta hastiados de información o sobreexposición a según qué contingencias, no debería ser óbice para seguir perseverando. Eso es algo que precisamente el señor Baird defiende con ahínco, algo que no se cansa en avivar con su música, en sus distintas filiaciones o en sus misivas. Una filosofía de vida, que diría aquel. Un débito consigo mismo que le exige escarbar en lo más profundo del alma, la mente o el corazón. Y gracias a ese pundonor ha superado percances y se ha enfrentado a pecho descubierto a una serie de dificultades que han ido forjando aún más su temperamento, aprovechando todas esas eventualidades para escribir letras como “All But Given Up”, una canción-oda-petición proclive a la escapatoria dada su latente sugestión y/o encuentro tridimensional con energías, con imaginaciones, con sinergias… cuando en un punto concreto se unen sus tormentos y tus alientos. Cuando surgen los purgatorios, aparecen los alegatos y recibimos el abrigo de una sentimental guitarra mientras la oratoria balancea y el órgano abraza, porque ese ceremonial órgano es otra de las grandes novedades en la ya dilatada trayectoria de Dan Baird, que aun siguiendo parecidas rutas a anteriores expediciones con unos, con otros, en solitario, en labores ejecutivas o a los mandos de la nave, guarda algún as en la manga. En este caso, ese codiciado naipe podría ser la coral y orgánica despedida “Bullet Named Karma”. Cuando la escuches sabrás el porqué, y una vez finalizada volverás a reproducir un disco que descubre algunas huellas y absorbe bastantes contraseñas.

Por supuesto hay más cartas sobre el tapete, puesto que BairdBlanton es un tándem de experimentados tahúres del rockandroll, como queda reflejado en el dinámico recibimiento “The Good Part”, una canción que pone en órbita desde los primeros compases al igual que la inmediata y bondadosa “Far Cry”, de menor intensidad métrica pero mayor carga emocional, donde más de un pensamiento recorrerá erróneamente kilómetros en vano, pues es la firma pertenece al dúo; o en la tercera en discordia, “Mama Thinks I’m Alright”. Tres planteamientos diferentes para otras tantas piezas de un longplay que atrapa debido a su competente naturaleza: lucidez, corpulencia y veracidad. Entre otras muchas, las cualidades de esta muestra de crudo y dulce rockandroll que oxigena sus arterias y de paso, consolida nuestra existencia. “Only Takes You To Move Me” es fiel reflejo de nuestros argumentos, ya que la labor de Jen Gunderman con los teclados se intuye fundamental en una canción que logra, con toda seguridad, que nuestro cuerpo recoja ese armónico influjo obligando a menear el bullarengue mientras en “Wild Imagination” los laberintos emocionales provocados por la carismática voz de Joe Blanton conmueven, advirtiendo que las lujuriosas avenencias desplegadas en “Ready To Roll” apremiarán por su ritmo flamante, su oscilante slide, sus dirigentes marfiles y sus solícitas frecuencias. Distanciados físicamente (que no socialmente) contribuyen cincelando sus fragmentos y añadiendo mañas personales que robustecen composiciones aparentemente cándidas o elementales como “Out Of The Woods” o “Complicated”, dejando bien claro que la experiencia es un grado, y aquí, grados hay. Aquí hay mucho conocimiento y unas irrefrenables ganas por compartir todas esas sensaciones que nos ayudan a seguir en la brecha, apreciar el tiempo, valorar la compañía y luchar por la vida. Aquí hay esperanza, pasión y rockandroll.

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