Wreck Totem: “A Curse For The Living” | GR76


Otro conjunto de contundentes sonidos, profundos desarrollos y subterráneas melodías procedente de Bilbao. Otro más, y calculamos en números de tres dígitos cuando hablamos de la boyante escena bilbaína no solo en este palo, sino en la amplia oferta de nombres y propuestas que hablan de la fortaleza, variedad, competencia y regeneración de una oxigenada biosfera. Trío también, como el penúltimo revisado por nuestra parte de parecidas características y del que esperábamos con cierta impaciencia su actuación en Azkena Rock Festival, ya que los chavales lo merecían e ilusionados estábamos por comprobar la respuesta del personal. Nosotros ya hemos tenido la oportunidad de acreditar el potencial de Wicked Wizzard y la presencia de bandas del botxo en Mendizabala siempre es un motivo de alegría, pero todo apunta a que no se vaya a celebrar. A día de hoy no hay comunicado oficial por parte de la organización (en escasos días tendremos noticias), y como esa no es cuestión que nos competa, hablaremos de Wreck Totem, que es la razón fundamental del texto. Se trata del primer larga duración tras la edición de un debut a modo de EP con el que han pateado un buen número de garitos y escenarios de la zona norte, compartiendo camerino con numerosas bandas de aquí, de allí y onda paralela. Basta escribir su nombre y el buscador hace el resto, cosa que habrá sucedido como el boca a boca, inmejorable intercambio de chismes y consejos para una banda que está creciendo, y por lo visto ha fructificado. Al final todos salimos beneficiados, porque sin músicos no hay música, sin oyentes los músicos tal vez no encontrarían la musa para componer, sin promotores ni recintos las actuaciones serían una quimera, sin estudios no sería posible la grabación, sin canciones o discos no podríamos soñar, y sin soñar la vida se convertiría en una pesadilla, algo que desgraciadamente estamos sufriendo porque…

¡No! Hemos dicho que hablaríamos de Lander (baterista), Julen (bajista) y Moisés (cantante y guitarrista), tres jovenzuelos conocidos por participar en otras aventuras aparte de esta y que, como ya hemos reflejado, inauguraron ruta en 2016 con un EP de idéntico alias a la formación que tras algunos ajustes, ha visto el nacimiento de un nuevo retoño hace un mes y escasas semanas. Su gestación fue más laboriosa y un tanto más comprometida, pues con los segundos la experiencia juega a tu favor, y los estudios Magic Box de Mungia, más la inestimable aportación de James Morgan (mismo proceder que el otro terceto) se presumían idóneos para alumbrar el nuevo advenimiento más tarde bautizado como “A Curse For The Living”. Bonito nombre para el recién nacido, por cierto. Con la pizca necesaria de agresividad e intrigante a la vez. Relevante como el creciente comienzo de “Soul Searcher” o el turbador epílogo de “Renegade Prophet”, dos ejemplos de notable madurez creativa no solo por su prolongada duración, sino también por su profundo aroma a incienso, su elegante tratamiento y el empaque instrumental conservado en todo este compendio de nociones dominadas y espontáneos sentidos articulados bajo sofismas sabathicos o polvorientos vientos del desert rock. Aun así no se aproximan estrictamente a los postulados que convergen en líneas aparentemente establecidas, manteniendo una equilibrada compostura entre la latente oscuridad y turbia transparencia del blues psicotrópico (“Dr. Smash”), el cautiverio de densos oráculos (“Beyond The Nomad Trail”), la libertad de fluidas progresiones en la titular o los enigmáticos tempos de cuerdas, ruegos y solfas (“Vincent Hangman”) antes de llegar a los ecos tribales y espirituosos encuentros (“Hyde And Sick”) de una de las canciones más cortas del álbum, pero de categórico peso específico en su proposición. Al ser ocho las piezas que componen este rompecabezas, no podríamos considerar a esta última como la vertebradora del ideario, sin embargo está situada en una estratégica posición que valdría para utilizar como balanza y calibrar así tanto la entidad del disco como las posibilidades de los chicos no solo en los estudios, sino en las distancias cortas. Quizás dispongan de otras con un sinfín de elementos y minutaje superior, no obstante tanto esta como “Spiders Web” son inflexibles memorias de un quebradizo diario lleno de recovecos, simas, albores y presencias donde los sentidos cobran importancia debido a sus enigmáticas cacofonías mientras los deslumbrantes resplandores de la guitarra, un bajo fuzzdamental y los platillos siderales y timbales cósmicos se erigen en ángeles custodios de esos aullidos en el silencio. Una amalgama de percepción, nervio y pulso que deberías explorar. Sigue su rastro y descubre la fortaleza del tótem, comprueba su enérgica personalidad.

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