Wicked Wizzard: “Warlords Of The Dark Realm”. GR76


En circunstancias normales hoy deberíamos estar hablando de una dulce resaca dominical. En circunstancias normales, anoche deberíamos haber presenciado la presentación del segundo disco (descontando un par de EP’s) del trío de Mungia Wicked Wizzard, y en circunstancias normales acompañaríamos esas palabras con alguna imagen, pero la realidad es la que es. Deberíamos tener ese CD entre las manos, porque lo habríamos adquirido ayer en la sala Bilborock, pero va a ser que no. Sin embargo hay algo que sí podemos hacer, aparte de procurar vencer el hastío por este obligado, necesario y temporal hacinamiento hogareño al que estamos sometidos. Podemos ir a su bandcamp, escuchar “Warlords Of The Dark Realm”, y de paso el anterior o el par de EP’s que tienen editados hasta la fecha. Podemos hasta soñar con su actuación en Azkena Rock Festival, porque hasta que alguien diga lo contrario (aun vislumbrando el infortunio) sigue en pie ese encuentro anual entre gente afín venida de distintos puntos de la geografía al que regularmente peregrinamos sin remilgos. El año pasado estos tres chavales recibieron en el concurso Villa de Bilbao, aparte del primer premio y otros tantos galardones individuales, un meritorio billete para la edición del veinte veinte, de lo que nos alegramos sobremanera, porque se lo ganaron en el escenario consiguiendo la avenencia no solo del jurado, sino de un amplio sector del público en su fase semifinal y por supuesto, en una apretada final donde demostraron que la juventud no está reñida con el carácter.

Esperábamos con cierta ansiedad el lanzamiento de este elepé y ni un ápice dudábamos sobre su tratamiento, pues su caleidoscopio sonoro era lo suficientemente seductor como para obviar desde su ópera prima en 2018. Trasladan a sus actuaciones toda la envergadura de sus composiciones, o tal vez sea la magnitud de sus canciones la que demande el kilombo en sus performances, vaya usted a saber. Lo cierto es que Mikel (baterista), Iñigo (cantante y bajista) y Unai (guitarrista) son dignos representantes de una escena bizkaina que cuenta con un buen número de ejemplos como para estar bien considerada en la actualidad, y en circunstancias normales deberían tener un gran porvenir. Sí, volvemos al principio, incidimos como el poder prestidigitador de la espiral o la esotérica atracción del rock’n’roll, y “Warlords Of The Dark Realm” es esa tela de araña que sustenta los conceptos inherentes a los espacios, los ánimos y los sentidos desde la paulatina apertura “Crypt”, una invocación que desemboca en el solícito ritmo “Give ‘Em Hell”, donde el cuerpo entabla el litigio con la mente y surgen las metafísicas apariciones de Cantrell, Dio y compañía. Seguramente la conexión más aparente sea la célebre formación de Birmingham y el fragor de los setenta, pero su finalidad estilística concibe varias generaciones, admite distintas progresiones y no se limita a rigurosos intervalos psicodélicos. Buena prueba de ello es “Evil”, agitado estrépito de sensaciones gobernado por platillos siderales, voces demandantes y una insinuante guitarra que cual péndulo actúa. A continuación, densidad vintage, sincrónico resplandor, “Master Of All”; la antesala de “Blood”, desequilibrante pieza que emana sudor y demanda participación cuando llegan las arenas movedizas de “Hydromancy”, un breve descanso sensorial en el nirvana, ya que la segunda mitad de este trabajo es un tour de force en toda regla. Un cúmulo de sobresaltos y estremecimientos, un encuentro temporal con la providencia, los arcanos, los lamentos y las guitarras comenzado en “Doomed”, el poder persuasivo de ecos y patrones asumibles a planteamientos desérticos y décadas de franela que de alguna manera contrasta con las variaciones célticas de “Ancient Forest”. Tras el interludio instrumental, “Dark Realm”, la raíz de un título que encierra en su mensaje el fundamento de este manual de criterios y operaciones grabados en Magic Box Musika de Mungia por el señor James Morgan, quien consigue el ambiente idóneo para explotar las facultades de unos chicos de insultante sobriedad. Para la conclusión, las altas temperaturas de “The Barbarian” guían a la sinopsis y a la sugestión creativa de “Cosmogony”, la idiosincrasia de  su cosmos, su génesis orgánica, el pedestal de sus ilusiones y sus demandas. Notable ejemplar.

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