Stacie Collins aterriza de nuevo en Bilbao, donde el público despegó a ritmo de “Rattle & Shake”. GR76


Viernes 25 de febrero de 2020 en la sala Azkena, Bilbao

Buena entrada registró el pasado viernes Azkena Bilbao, y eso que la oferta musical del día era considerable. Imaginamos que en este caso los presentes sabían dónde iban, o cuanto menos algunos irían aconsejados, pues en estos últimos años la buena de Stacie Collins ha logrado reunir una importante cuadrilla de acólitos y seguramente buena parte de ellos se encontraban entre una asistencia que volvió a disfrutar con la fuerza de una fiera enjaulada. Impresionante, como siempre. Pletórica, como siempre. Enérgica, como siempre, y como siempre salimos empapados de sudor, con las baterías recargadas de energía positiva y con la sensación de euforia que esta mujer contagia. Salimos borrachos de bourbon de Tennessee, de rock’n’roll, de shuffle, country y honky tonk, de armónicas pendencieras, guitarras atrevidas y ritmo arrebatador. De buen rollo, de canciones propias y tributos al jefe Dan Baird o aclamados recuerdos a Fleetwood Mac o AC/DC. De solícitos coros y románticos cañonazos. De fogonazos y luces… bueno, en este caso nos hemos venido arriba, porque las luces (aun comprendiendo la difícil tarea de contentar a todas las partes con la iluminación, lo cual se convierte a veces en una intrincada misión) brillaron por su ausencia y en su detrimento brillaron los ojos y las armónicas de Stacie Collins, el slide, el vigor y el eficaz surtido de Jon Sudbury en la Strato, las determinantes cuatro cuerdas de Al Collins y los timbales y platillos de Ola Göransson.

La gente se apelotonaba en la zona delantera desde la apertura de puertas. La gente aguantaba estoicamente esos minutos preliminares de pie frente a un escenario que lucía el telón anunciante mientras charlaba o compartía refrescos y birras saludando, porque en estas funciones las caras no varían demasiado ejerciendo finalmente el papel de ceremonia religiosa. Los nuncios y las sacerdotisas son diferentes, sí, pero el predicado y las proclamas mantienen dictámenes similares. La asunto es que el día se enmarcaba en el tour “Rattle & Shake”, reclamo para dar a conocer el último trabajo con el que recorrerán Europa, por lo tanto era una buena oportunidad para atender la novedad. Nada podía fallar. Gente dispuesta, una banda de certificada solvencia, nuevo ejemplar (“Damn Girl”) y a disfrutar. Unos desde el patio cantando, sudando y aplaudiendo, y otros desde el entarimado cantando, sudando y espoleando al personal. Todo es cuestión de feedback. Es simplemente rock’n’roll, una incontrolable emoción que recorre la médula espinal cuando ves el resplandor de una armónica, cuando examinas el manejo del lenguaje corporal o la disposición de los elementos, cuando instintivamente tocas una guitarra que dudas saber tocar, golpeas con tus pies el suelo como si de un bombo se tratara y te preguntas por qué (“Darlin’ Why”) acabas embrujado por el axiomático bass guitar. El testigo de esa primera andanada lo recoge “Don’t Doubt Me Now”, y aunque en las primeras filas tuviéramos el mínimo espacio exigido para poder respirar, se intuye cierta frialdad rápidamente disipada con el embrujo de “Baby Sister”, donde se desmelena la leona animando a sus compañeros e instigando a los presentes que a partir de ese instante demostrarían su buena conexión. Las palmas no cesarían, el desenfreno poco decaería, los envites de Jon a la guitarra serían bien secundados, y las canciones elegidas serían festejadas caso de “If You Wanna Get To Heaven” o “Break The Rules” cantadas por Al Collins, el microespacio para el lucimiento de Jon Sudbury con “Oh Well” o un acertado “You Ain’t Nothin’ But Fine” que desata el alborozo de la sala, el participativo “Whole Lotta Shakin’ Goin On” con Ola Göransson arengando al micrófono principal de la misma manera que minutos antes había realizado con un solo de batería que emularía la propia Stacie en la canción de Jerry Lee… ¡Buf…! Frenético y fulminante. El ritmo no decayó. Pisaron el acelerador, metieron la quinta, finalizaron con una sorprendente adaptación de “It’s A Long Way To The Top (If You Wanna Rock ‘n’ Roll)” precedida de la carismática “Hey Mister” y salvo el romántico cumplido “Lucky Spot” todo siguió una musculosa cadencia y sucedió en un suspiro; todo transcurrió en un par de comprimidas y flemáticas horas seguidas con entusiasmo, regidas con pasión. Hasta retrocedimos en el tiempo con “Carry Me Away”. Retomamos imágenes pasadas, desciframos el enigma e invocamos al destino cuando la felina maulló en libertad. Keep rollin’, babe!

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