minientrada El Kafe Antzokia se queda pequeño para recibir a James Room & Weird Antiqua. GR76


Kafe Antzokia, Bilbao, sábado 7 de abril de 2018

Cuando supimos que los muchachos tenían pensado entrar en el estudio para grabar nuevas canciones, fuimos haciéndonos a la idea de hacernos con una copia del disco, y naturalmente no fallar el día de su presentación ya fuera en primera, segunda, tercera o incluso en la última fila. Cuando anunciaron la fecha y el lugar donde se celebraría, los nervios comenzaron a hacer de las suyas, y cuando tuvieron que trasladar ese día y reemplazar el apartado superior por el escenario central de Kafe Antzokia nos resultó un trueque más que interesante, ya que actuar en ese distinguido tablao debe ser un orgullo. Ellos lo saben. Ellos ya lo han pisado bajo diferentes filiaciones, circunstancias o específicas situaciones, aunque nunca como reclamo principal, así que nada podía obstaculizar nuestra tajante decisión. Cuando conocimos a James Room & Weird Antiqua y su ingenio, su seguridad, su genio y su sensibilidad percibimos su hondo sentimiento. Cuando sentimos la onírica profundidad de “Honest Man Blues” un par de días antes del concierto en la intimidad hogareña, la imaginación nos transportaba a la excitación de un recinto concurrido y agradecido. Cuando concluyó el recital los nervios, las decisiones, las expectativas, los reconocimientos, los porqués y los cuandos cobraron sentido.

Como presentíamos, a pesar de la múltiple oferta de la jornada en el botxo y alrededores, el lleno fue absoluto. Teníamos ese pálpito y así ocurrió. Quizás la entrada libre de la que gozaba el concierto ayudaba, no lo vamos a negar, pero también es cierto que la categoría de James Room & Weird Antiqua, las buenas valoraciones que había obtenido su debut discográfico y las buenas notas que alcanzan cuando se examinan ante el público debían hacer el resto. Esta vez se doctoraron. Esta vez venían acompañados por Mamagigi’s, que puntuales se presentaron acudiendo por esta vez en formato trío, alternando canciones de sus dos entregas y evidenciando su inclinación por el austero rock n’ roll. Unos lo denominan cow punk, otros outlaw country, psycho rock u otro ingenioso apelativo, pero para uno no deja de ser rock n’ roll. A pesar del exiguo sonido y la confusa luminosidad los tíos pusieron todo de su parte para caldear el ambiente durante su intervención solicitando actividad (“Homeless”), unas cervezas para refrescar el gaznate (“Beer”), o simplemente animando (“Breath”) para que la fiesta no decayera, cosa que no sucedió en “Dirty Party”, el inoportuno adiós precisamente cuando el sonido prosperaba y el público parecía disfrutar. Buen inicio por parte del terceto.

30738212_1710282659038734_5594346639939600384_oComienzan los pertinentes cambios de backline, los intercambios de pareceres, las momentáneas ausencias para apurar un cigarrillo… Perdón. Ese no era el día para tales licencias. Ese día había que aguantar, porque si salías podías perder tu coto privado o peor aún, no volver a entrar. Afortunadamente uno ha olvidado esa sensación de ansiedad porque hace tiempo abandonó el hábito, pero no se apreciaba mucho movimiento hacia la salida. Era una noche para estar en capilla, apreciar la teatralidad del barbado caballero y disfrutar con la confianza de una cofradía singular. Con la misma precisión horaria de sus predecesores, se apagan las luces del teatro, otras alumbran el escenario y una potente intro avisa. Somete, tensa al personal, e instala una vibrante y estremecedora sensación de júbilo entre los asistentes. Unos más veteranos, otros más noveles, unos con la lección casi aprendida y otros con ganas de estudiar los movimientos de James, Malamute, Indigo y Gabo Brown. Comienza el ritual. Queda inaugurada la nueva etapa con la determinación de “Fear” mientras se adivina el entusiasmo de una audiencia que ya estaba entregada de antemano, pero el mensaje utilizado en sus llamativas camisetas funciona como elemento percutor. Entre saludos de bienvenida, aplausos y agradecimientos Malamute se coloca un bottleneck plateado y es el turno para “Wild Mare”. Un deslizante equilibrio entre la contención y la contundencia, un grito salvaje de libertad marcado por el shuffle de Indigo tras platos y timbales, las cuatro cuerdas, en este caso eléctricas de Gabo Browm, el extraordinario slide de Malamute y la portentosa capacidad vocal de James. El blues tiene alma, el soul siente la nostalgia, el rock intuye la tormenta que comparece con “Storm Are We” y echamos la vista atrás con una de las piedras angulares que cimentan su morada: “Deception”, plegaria en la que se une la airosa armónica de Pablo Almaraz cautivando al personal con su porte y musicalidad. Muchas bandas nos han ofrecido muy buenos momentos durante años, pero me atrevería a afirmar que pocas nos han sobrecogido tanto en tan corto espacio de tiempo como James Room & Weird Antiqua, y este nuevo estreno no iba a ser menos con camufladas melodías como “Bulletman Blues”, viejos himnos como “My Baby’s Gone”, “Jailed Lion” o “Sometimes” y su lírica sensualidad, serenatas de nuevo cuño como “On The Road Back Home”, recuerdos a ilustres catedráticos (“Chocolate Jesus”) u homenajes a venerados (“No More Roses”) maestros ausentes. Siempre presentes. La memoria, la sangre, el corazón y la emoción de una epístola abierta al amor seguida con el máximo respeto, obteniendo la ovación unánime de una asistencia rendida ante el tonelaje creativo de un conjunto que posteriormente brindó por la amistad con los metales preciosos de Adrián Laurel (trompeta), Endika Guerrero (saxo) y Lander Otaola (trombón) en “Trust Nobody Blues”, se detuvo ante firmamentos estrellados en “Cheshire Moon” e imprimió, con la peña exhausta, la velocidad precisa en el final del primer entreacto con “No Trust / Run For Your Life”. Tras los obligados ruegos de retorno nos obsequian con “Morning Train”, la delicadeza de una oda mantenida por un afligido contrabajo, un piano reflexivo y la angustia de la búsqueda desesperada. Emotivo impase. Habíamos hallado nuestro paraíso particular, habíamos ascendido las cumbres del subconsciente y su nuevo mantra aparece. Con la banda en plena ebullición y el respetable con ganas de celebración, “Honest Man Blues” es el preámbulo perfecto al éxtasis colectivo de “Comin’ Down”, la tradición de la partida coral, la sentencia particular de una noche perfecta para confirmar la honestidad de James Room & Weird Antiqua. Otra velada soberbia.

Rafa Robledo

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