minientrada Chris Robinson Brotherhood, una huella, una memoria, una verdad. GR76


Todos en procesión hacia el concurrido Kafe Antzokia que colgaba una vez más (y ya van unas cuantas en los últimos meses) el cartel de no hay billetes. Todos dispuestos a presenciar una nueva ceremonia oficiada por el prelado Robinson y sus ministros de la congregación Brotherhood. Todos expectantes, nerviosos, esperanzados e impacientes ante una de esas ocasiones particularmente calificadas como imprescindibles, porque el caballero es, por muchas algaradas fabricadas en torno a su persona y su carácter, una especie de gurú personal; un hombre muy respetado por nuestra parte, no lo vamos a negar, ya que nos ha demostrado en cualquiera de sus etapas una asombrosa capacidad de renovación unida a su exquisito criterio musical, su supuesta insolencia siempre nos ha producido indiferencia y el futuro proyecto junto a otro admirado guitarrista como Marcus King le faculta para todo tipo de alabanzas. Otro capítulo que descubriremos con la primavera, así que punto y aparte.

Hablemos de Chris Robinson Brotherhood, hablemos de casta, subrayemos su impresionante plétora de registros y omitamos otros juicios que poco tienen que ver con el rock&roll. Tras su paso triunfal por Madrid y Barcelona la siguiente y última estación de este viaje tenía lugar en un recinto al que se acercaron seguidores venidos de Cantabria, Asturias, Castilla o Galicia junto con locales habituales, de ahí que estuviese engalanado, hasta la bandera. Precisamente el estandarte que presidía el escenario y nos dio la bienvenida una vez abandonamos el tumulto callejero. En cuestión de minutos eso parecía una estación de metro en hora punta, se respiraba gran ambiente y comunión entre el personal y… Comienza el ritual. Comienzan imbatibles. Entre aplausos y saludos de bienvenida comienzan serenos, seguros y puntuales con la revisión de “I’m Ready” (Fats Domino), perfecta introducción para revelar a la audiencia sus intenciones y logrando desde esos minutos iniciales la fusión de todos los sentidos en un solo sentimiento. Global, pero único. Pasión. Misma cualidad que desprende el solícito ritmo de “Rosalee” típica canción que mueve tus pies con su pegadiza cadencia, sus influjos funkis, sus variaciones, los marfiles siderales del señor MacDougall, los inevitables coros entre todos los presentes y la reluciente guitarra de Neal Casal. Una gozada, oiga. Un músico extraordinario conocedor de su papel en la hermandad, generoso en sus envites y espectacular con los pedales, los trastes, los solos, los slides y con una diestra rítmica propia de un prestidigitador, propia de un cortés ayudante al servicio de la institución. Los aires campestres de “High Is Not The Top” presentan su último trabajo y la gente continúa embelesada con la ingente demostración de poderío y la extraordinaria colección de melodías y armonías creadas en la cabeza de un hippie atraído por la música soul, las sinfonías moduladas, los pasajes psicodélicos, las pacíficas (con varias acepciones) cadencias y un sinfín de encuentros en la tercera fase. Tres horas divididas (por increíble que parezca durante los minutos de descanso pocos fueron los valientes en abandonar su posición) en dos entreactos henchidos de guitarras y teclados deferentes con el pasado californiano y una fragancia a ámbar, canela e incienso propensa a la meditación con “If You Had A Heart To Break”. No miramos el reloj. Poco importa la tiranía del tictac. Nos miramos a los ojos, los centramos en el escenario y el corazón se estremece, brotan las lágrimas y el recuerdo está presente. Maravilloso, una de las más bellas imágenes de una velada perdurable en el tiempo, imperecedera quizás, pero tan fugaz como los minutos e insuperable en emoción. La transpiración convertía por momentos la capilla en una sauna y los aplausos, los agradecimientos y los incesantes cumplidos tras recordar su pasado (“I Ain’t Hiding”) retumban cuando somete con su sello reciente (“Behold The Seer”), característico e inconfundible: la herencia californiana, Jefferson y García. La despedida de “They Love Each Other”. Categoría.

Rafa Robledo

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s