minientrada Las descargas corales de US Rails regresaron a Bilbao. GR76


11 de febrero de 2018, Nave 9 del Museo Marítimo de Bilbao

Nuevas experiencias, prácticas conocidas y esperanzas renovadas para la nueva temporada de ciclos musicales de The Walk On Project bautizados WOP Special Night, y para ese bautizo nadie mejor que unos emblemáticos padrinos: US Rails, que regresaban a un lugar cuasi emblemático (testigo de su crecimiento con la celebración de su ya famosa estropatada) para la asociación, donde ya estuvieron acompañados en un bonito atardecer veraniego por Hendrik Röver y los Míticos GTs, aunque para esta ocasión el horario vespertino se sustituye por el aperitivo, se renuncia a la compañía escénica y el espacio abierto se intercambia por el techado, que viendo como estaba el día… Un alivio, para qué negarlo. Cambiamos las bermudas y gafas de sol de entonces por paraguas, abrigos e impermeables. Sin embargo el nivel de satisfacción logrado seguramente fuera parecido tras noventa minutos de entrega, intensidad y un rosario de canciones cuajadas de refinado rock n’ roll. Incluso nos atreveríamos a decir que fuera mayor. Sensaciones.

Vivimos una época en la que los formulismos son procedimientos pueriles cuando por ejemplo hablamos de rock n’ roll aun sabiendo que hay escenas, estilos, géneros y hasta subgéneros, pero uno siempre ha defendido los latidos del corazón sobre cualquier otra razón. Sin ir más lejos, US Rails es una de esas bandas complejas y sencillas en describir. Compleja porque su cuidado catálogo de canciones guarda infinidad de frecuencias armoniosas, y sencilla porque esas frecuencias son los latidos de sus corazones. Sencilla porque su patrimonio musical proviene de un origen, y compleja porque esa génesis se extiende en tiempo y espacio creando diferentes ramales. Sencilla porque su noviazgo se ha convertido en una estable alianza salvo la baja hace un par de años de Joseph Parsons. Compleja porque Ben Arnold, Scott Bricklin, Tom Gillam y Matt Muir debían seguir componiendo a pesar del adiós de un amigo, y sencilla porque esas nuevas grafías con fórmula pareja aparecen bajo el nombre de “Ivy” en 2016. Tres años después regresan a los escenarios peninsulares con “We Have All Been Here Before”, trabajo donde reúnen canciones ajenas que han marcado sus vidas demostrando que para la creatividad es necesaria la memoria, y dejan patentes cuáles son los ecos y dónde nacen los destellos que marcan su camino.

Ni se plantea la indecisión y a la hora anunciada estábamos en Nave 9 del Museo Marítimo de Bilbao, y entre saludos y conversaciones se nos va el santo al cielo. Comienza el concierto. Aparecen estrellas, nos sentimos afortunados y sentimos los latidos del corazón, notamos como se estremece, afirma que sigue enamorado y navega por las nubes. La alegría en los albores es evidente no solo en los oficiantes, sino en unos feligreses que habían acudido en buena disposición al servicio dominical y respetuosamente atendían la liturgia de los de Philadelphia reforzados por las cuatro cuerdas (como nos adelantó Ben anteriormente) de Cliff Hillis que releva en la tarea a un Scott Bricklin encargado de guitarra, cigar box y ocasionalmente los teclados, mientras los puestos restantes siguen perteneciendo a Ben como teclista y guitarrista, Matt golpeando platos y timbales y Scott como guitarrista principal, siendo la voz una cuestión compartida y general. Seducen con material propio y revisiones incluidas en esa última entrega alternando líricos romances con ardientes ritmos guiados por la camaleónica guitarra del señor Gillam unas veces quebradiza, otras aguda, algunas deslizante y otras viciosa amansando a la concurrencia y extendiendo su mano, mostrando luces, confesando sueños o declarando su gratitud por la agradable matinal que transcurría sin apenas entreactos, ya que su ruta les situaba en León esa misma noche. No obstante los tíos retornan al escenario y entre agradecimientos mutuos, entre aplausos y entre exclamaciones de agradecimiento concluyen su actuación con dos ruegos de perdón, dos plegarias que cómo no, hablan de amor. ¿Las canciones? Algunos señuelos hemos dejado entre líneas, pero la solución al enigma la tienes en tu mano. Tu rostro dibujará una enorme sonrisa y tu corazón lo agradecerá.

Rafa Robledo

 

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