minientrada Wild Adriatic, rítmicos sones bailables. GR76


Kafe Antzokia (Kutxa Beltza), Bilbao, 4 de mayo de 2016

Las fechas dicen que estamos en primavera, pero de momento poco la habíamos catado y parecía que siguiéramos con un invierno pertinaz. Sin embargo, el día en cuestión amanece con unas temperaturas propias del verano, un viento sur implacable y el maldito malestar general que a uno le provoca estos continuos cambios de temperatura. Alergias y trancazo, vamos. Una embarazosa situación que complicaba nuestra asistencia (con la amarga sensación de haber vivido esa circunstancia siete días antes) en la zona superior de Kafe Antzokia, el llamado Antxiki por los parroquianos y oficialmente denominado Kutza Beltza, pero en esta ocasión debíamos hacer un esfuerzo. Wild Adriatic.06.jpgNos visitaban los neoyorkinos Wild Adriatic, unos tipos estimados en GravelRoad76. Una de las múltiples debilidades que alguien diría. Dicho y hecho. Con minutos de antelación nos presentamos en el lugar y lamentablemente nos preguntamos si vamos a jugar al mus o presenciar un concierto de rock n’ roll. Poco movimiento, poca asistencia, poco seguimiento. Y no seré yo el que critique alegremente esta pobre estampa, nunca mis palabras irán por ese camino. Debemos poner en la balanza infinidad de argumentos, situaciones, intereses y hasta bolsillos. Debemos ser cautos y respetuosos. Debemos ser conscientes del contexto. Debemos comprender. Debemos observar. Debemos entender que el público ha de administrar su tiempo y gestionar su dinero como precise, faltaría más. Deberíamos considerar todo esto a la hora de lanzar alegres veredictos al aire. Tendríamos y deberíamos saber que la oferta es tan amplia que hay ocasiones en las que puede llegar a saturar. ¿Y esta diatriba? Comentarios que uno escucha, conversaciones demasiado habituales. Observaciones.

Wild Adriatic.32Mejor será que nos metamos en harina y hablemos de lo sucedido, que es lo que realmente importa, porque los chicos se manejaron explosivos y dinámicos desde “Never Enough”, que fue la elegida para romper el hielo, y los sugestivos movimientos de Rich comienzan a animar a la concurrencia, a acompasar la frenética cadencia del bajo con palmas y movimientos de cadera por parte de la concurrencia. Comprobando esos primeros minutos donde enlazan uno tras otro rítmicos sones bailables (“Trouble” o “The Spark”) podría parecer que la actuación adquiriría tintes danzarines, pero… ¡¡“War Pigs”!! Impresionante. A uno le dejó una sonrisa de oreja a oreja que no desapareció hasta que dieron por concluido un concierto tremendamente atractivo, un concierto que mantuvo una línea más que notable. Sí, puede que alguien piense que valoramos desde un punto de vista con cierta subjetividad, pero puedo asegurar que la objetividad siempre prevalecerá sobre cualquier otra circunstancia. Si nos gusta, lo decimos. Si nos conmueve la calidez de “Lose My Mind”, también. Una canción en la que el señor Gray dio sobradas muestras de su destreza con las seis cuerdas (como en todo momento) y unos agudos alaridos que arañan el alma y acarician el corazón. Menos cuando tenía que recurrir al tedioso pañuelo ni recordaba el trancazo, porque estábamos disfrutando sobremanera, y las sonrisas de los chicos contagian tanto como el funk arrastrado “Woe”, donde se aprecia el contoneo y participación de un público escaso en número, excelso en disposición y coral en “Strange Persuasions”, un cántico que absorbe, transmite felicidad. Transporta.

Wild Adriatic.20Tan simple como unas canciones, tan sencillo como unas palabras, tan simple como fusionar ritmos acelerados con otros sugestivos, tan sencillo como armonizar la añoranza, musicar la ilusión, constatar la jerarquía de los doce compases y profesar devoción por el más profundo soul. De eso se trata, y eso procuramos analizar. Simples canciones que sugieren y animan. Estructuras impetuosas que te mantienen en una cuerda floja virtual donde has de mantener el equilibrio mientras recuerdas, lloras, cantas y te desfogas abiertamente con “40 Days 40 Nights (Hard Times)” y en ese momento de catarsis emocional te sueltan un sopapo llamado “Rockin In The Free World” con el que terminas por enloquecer. La respuesta no podía ser otra. Aplausos. Más aplausos, guiños, felicidad. Se debían despedir con “Mess Around”, donde el carismático Mateo da rienda suelta a su fogosidad y shuffle y saca a relucir ese diablo que lleva dentro (en el buen sentido) con un solo de batería crepuscular, vitaminado, furioso, aglutinante. Sin embargo concluyen con un “Lonely” que no aparecía en el guión. ¿Sería un mordaz modo de agradecimiento? Fue un preciso concierto.

Rafa Robledo

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