Eneko Jangz: “Pizza Hozza” | GR76


Eneko Jangz, alias artístico de Eneko Ajangiz, es un chaval que ha estado ligado a la música y artes audiovisuales en general desde temprana edad, pudiendo asegurar que se ha volcado y entregado a conciencia hasta llegar a la ansiada ópera prima llegada en un periodo dulce de su carrera. Sin ningún género de dudas, es un culo inquieto, un hombre hambriento y un buen ejemplo de perseverancia que, llegado el momento, necesitaba conectar consigo mismo, liberar la mente y, de alguna manera, escarbar en el pasado sin perder de vista el presente ni, por supuesto, el futuro. No hace demasiado tiempo, seis años para ser más exactos, publicaba junto a varios amigos al abrigo de la formación Factory Lane un álbum que nos atraparía, aunque conociéramos de antemano la condición de un Eneko que actualmente goza de mayor notoriedad ya que es bajista de los festivos Tarisko, así como guitarrista y productor de los internacionales EZEZEZ. Pero, como ya hemos dicho, sentía la necesidad de dar forma a una serie de ideas que le rondaban la cabeza y quizás no tendrían sentido o cabida en otro proyecto que no fuera personal o individual. Metió unos cuantos bártulos en la furgoneta, y sin rumbo fijo pero con claras intenciones de encontrar su retiro espiritual, arribó a un paraje andaluz que le sedujo de tal manera que ubicaría allí su centro de operaciones. Bajo esas premisas nació “Pizza Hozza”, un disco que es algo más que un objeto o un mero artículo de audición.

Es, bajo nuestro punto de vista, un introspectivo y minucioso (no por ello meticuloso) Juan Palomo en el que explora con gran desparpajo y apertura de miras diversas circunstancias, manteniendo su talante como compositor y músico todoterreno. Dado el (afortunado) ajetreo de las bandas antes citadas, el proceso de elaboración ha sido extenso y complejo. Puede que algunas canciones hayan madurado o experimentado trasformaciones a lo largo del tiempo, sin embargo el concepto esencial del disco radica en su audacia, en su fuerte personalidad. Según nos confirmara su autor, el epígrafe de este decálogo de doce piezas manufacturado artesanalmente y publicado personalmente, es un juego de palabras que no es sino una especie de parábola sobre la vida, sobre situaciones imprevistas, sobresaltos o contratiempos que surgen habitualmente. Varias canciones van en esa dirección, y en varias ocasiones se estremece el alma sintiendo el latente rhythm and blues de su interior, si bien esa propiedad es el nexo de unión de un sinfín de movimientos en los que el amigo se desenvuelve con gran habilidad. En ese aspecto, el prólogo es sintomático. El prólogo es arrebatador, un ensayo titulado “Empty” de interesantes parámetros y una adecuada introducción pues contiene, dentro de su aparente sencillez, varios ajustes e ingeniosos acoples que dejan de manifiesto la creatividad de Eneko obligando, a su vez, a continuar inspeccionando con interés el resto de un álbum que te devora y deja una fuerte sensación de escalofrío, ya que sus entreactos están vinculados entre sí con gran perspicacia.

Son sostenidos, son lineales y todos ellos guardan relación entre sí ejerciendo funciones de eje de transmisión. Estamos ante un ejercicio persuasivo e inspirador, un refrescante ejercicio cuajado de guitarras orgullosas, bajos circundantes, proporcionadas percusiones y envolventes teclados gestionados en su totalidad por un Eneko que irradia voluntad y absoluto rigor. Pese a ese rhythm and blues que no deja de ser común denominador, son perceptibles diversas influencias que en cierta manera sugestionan e ilustran su recetario musical, pero no seremos nosotros quienes aporten un nombre más que el de Eneko Jangz. La labor de indagación y si fuera menester, comparación, le corresponde a cada cual. Para ello, aconsejamos no perder la oportunidad de escuchar “Pizza Hozza” con los cinco sentidos y la mente abierta, pues cederemos ante la fuerza centrífuga de fantásticas melodías tipo “Everything”, “Right Now” o el single “Mornin Sun” que si desempeña este cometido, por algo será, mediante agradables fragancias como “Loreak” o a través de sinuosas creaciones como “Cuanto Más”, “And It’s True” o el epílogo y sencillo también “All The Time” que permiten distinguir el polivalente carácter expresivo de un treintañero de espíritu combativo. Un treintañero que en el capítulo melancólico articula dos ejemplares como una “Ocean Run” que alcanza altas cotas de emotividad y la sentimental “Lydia” que, iniciada por un piano desgarrador y asistida con refuerzos vocales femeninos, fragmenta, perpetúa y certifica el amor logrando que sus notas y versos se claven en lo más profundo del corazón. Doce canciones para soñar y trazar nuevos caminos imaginado, creado y producido en su totalidad por Eneko Jangz.

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