Unas velas, unas flores y un réquiem en honor al señor Glen Hansard | GR76


Está claro que, si recurrimos al manual de eufemismos a la hora de mencionar la muerte, por algo será. Obviamente, es un trago amargo que siempre nos pillará con la guardia bajada y no deja de ser, paradójicamente, la única certeza que tenemos sobre la vida. Pues cuando recibimos una llamada telefónica que no habríamos querido que sucediera estábamos con la guardia bajada. “Esta madrugada ha fallecido Glen Hansard en un accidente de tráfico en las calles de Dublín”. Shock. Sin palabras. Gran dolor, porque es un irlandés al que admitimos hace bastantes años como un colega más porque, además, sentimos cierta atracción por la gente irlandesa, por la música irlandesa, por su rica historia literaria, por el Úlster y todo aquello que rodea a Irlanda.

Probablemente su papel de Outspan Foster en la famosa película The Commitments de Alan Parker fuera su trampolín, aunque siguió apostando por su carrera musical junto a la banda The Frames con quienes tiene grabada una buena colección de discos, aunque supimos de él con anterioridad y por casualidad gracias a otro compatriota suyo con quien más tarde trabaría una gran amistad: Bono. Sí, el cantante de U2 que gozaba de nuestra simpatía que no ha decaído aún, si bien es cierto que en estos momentos se encuentra un tanto inactiva.      

Glen Hansard era, y es, un tipo respetado y un músico apreciado como quedara demostrado en las horas posteriores al fatal accidente, así como en la numerosa y sentida celebración de sus exequias donde estuvo la flor y nata de la música irlandesa y amigos venidos de lugares más distantes como Eddie Vedder con quien compartió escenario en varias ocasiones. La emblemática Catedral de San Patricio abrió sus puertas para el oficio y se quedaría pequeña para albergar a una multitud que acudió en señal de respeto, conmoción y admiración porque al señor Hansard le perseguía la fama de ser un tipo austero, franco, asequible y de buena sintonía. Aparte de sus canciones, esa calidad humana es la que fundamentalmente nos llamaría la atención de un dublinés que, más tarde, conquistaba un Óscar gracias a la canción “Falling Slowly” compuesta junto a Markéta Irglová para la película “Once”. A escala artística, uno de sus grandes logros.

Pero su réquiem reflejó el tipo de persona que era, y aunque contara con innumerables momentos de gran emotividad, probablemente, muy probablemente, el homenaje ofrecido por su hermano Gary acompañado por Frank Killeen a la guitarra interpretando “I Can See God”, fuera el instante más sobrecogedor. Debió de ser un trago difícil. Debió ser un compromiso para Gary, pero el vínculo con su hermano exigía un tributo que será recordado como una profunda muestra de amor. Un escalofrío que recorre la médula espinal y un torbellino de sentimientos entrecortados, un estruendo de emoción. Veinticuatro horas después de esta actuación, la canción ha cobrado una relevancia impresionante, así como un número similar de visitas en Youtube… Y las que seguirán, porque es absolutamente delicioso y una muestra de amistad, respeto y cariño no solo fraternal. La canción fue escrita por Paul Hansard, tío de ambos, quien les enseñaría a tocar la guitarra y, por lo tanto, artífice de su pasión por la música. Su letra, profunda y la introducción e interpretación, absolutamente conmovedoras. ¡Eterno agradecimiento, señor Hansard!

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