Vitoria-Gasteiz volverá a ser el epicentro del rock en el vigésimo aniversario de Azkena Rock Festival | GR76


Será extraño y a la vez familiar. Será un deseado reencuentro y habrá sorprendentes descubrimientos, cómo no. Será una ceremonia, otra más. El vigésimo aniversario, que se dice rápido y pronto, pero ese logro es consecuencia del trabajo, sin duda; de la lealtad también; del extraordinario número de artistas que han actuado en el festival, por supuesto, y de la aglomeración de fieles seguidores que, venidos de diversos puntos de la geografía, han luchado en la explanada de Mendizabala con el sofocante calor vespertino, con las frescas temperaturas nocturnas, los vientos racheados o las impertinentes lluvias. Rotundamente, sí. Veinte ediciones. ¿Quién lo iba a decir a principios de siglo cuando unos soñadores comenzaron esta aventura en la antigua (actual Jimmy Jazz) sala Azkena de Vitoria? ¿Quién lo iba a decir tras el desbarajuste planetario padecido estos dos últimos años? Pues volveremos. Al fin montaremos el campamento. 

Los bonos están a buen recaudo desde hace tres años, así que, al igual otras muchas personas que los adquirieran antes de la hecatombe, nunca perdimos la fe. Y esa fe, ese espíritu, ese nerviosismo, nos conducirá de nuevo a la capital alavesa, al jodido, amado y esperado Azkena Rock Festival. Nos juntaremos de nuevo con gente de toda clase y toda condición con quienes nos une la pasión por el rock, “the power of guitars” que cierto día utilizara como eslogan la empresa organizadora, Last Tour, si bien su lema más popular sea el “burning since 2002” que ilustra la famosa llama de su logo. Alternaremos de nuevo puntos de vigilancia y botaremos otra vez frente al God, Respect o Love, y de cuando en cuando asomaremos el morro por el Trashville. Abrimos paréntesis. Son los nombres de los escenarios al aire libre y el reservado techado. Cerramos paréntesis. Nos acercaremos a la Plaza de la Virgen Blanca a la hora del aperitivo para cumplir con otro de los atractivos del festival: los conciertos abiertos para el público en general, para asiduos, paseantes, curiosos, madrugadores, rezagados, adultos, infantes…

Han sido veinte años de altos y bajos, rumores e intervalos, cambios de fechas, protestas, cumplidos y obstáculos, sin embargo el festival sigue vivo. Ha sobrevivido tras el amargo standby, y para celebrar su cumpleaños o para recompensar al paciente personal, la organización vuelve a ofertar tres días como hiciera en pasadas ediciones. Jueves 16, viernes 17 y sábado 18 de junio con variada oferta de estilos, perfiles, tendencias y escenas, leyendas, referentes o promesas. Sus nombres son importantes, que alguien pensará, pero al Azkena se va, no hay mayor discusión. Bueno, en este aspecto siempre comprenderemos los problemas derivados de distancias, obligaciones, labores o bolsillos, pero un importante sector prepara la aventura a ciegas, porque el Azkena es una fuerte adicción, una experiencia que deberías experimentar (valga la redundancia) al menos una vez. Una comunidad fascinante, un lugar cómodo al que la gente acude con entusiasmo. Un lugar alejado de los titánicos guarismos (otro de sus grandes alicientes) que suelen sentar sentencia en certámenes repartidos por acá y acullá. Un lugar que mima el compañerismo y vibra con la complicidad. Un lugar que han visitado, entre otros, gente del calibre de Naiara, Aitor, Esperanza, Ángel, Estrella, Amparo, Ainhoa, Haritz… y te espera con los brazos abiertos. ¡Que no te lo cuenten! 

Uno de los grandes reclamos

Sin olvidar a

Darán mucho que hablar

El sudor está asegurado con

Las lágrimas, aseguradas con

O las emociones con

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