La presentación de “Etxean”, una conquista más para James Room | GR76


Miércoles 16 de marzo de 2022 en el Colegio de Abogados, Bilbao

Nos habría gustado escribir sobre la presentación de “Etxean” con mayor presteza, pero son demasiados frentes para pocos brazos y menos cabezas. Como dice el refranero nunca es tarde si la dicha es buena, y en este caso, tanto James Room como sus compañeros más la sesión ofrecida en Colegio de Abogados anteayer tienen demasiados atractivos como para ser abordada a la ligera. Acudimos con ganas, por supuesto. Con muchas ganas. Como siempre. Si vas por inercia, desganado, por compromiso o como ahora se dice por postureo, sin sed ni apetito, no empleas la actitud correcta. Puedes terminar boquiabierto y retribuido, pero bajo nuestro punto de vista es más importante creer, y nosotros creemos en el caballero y otros muchos que luchan por su obra, ya sean de Bilbao, Gijón, Edimburgo, Malmö o Palm Sprigns. Así que no debíamos perder una nueva oportunidad que antes de comenzar ya pudimos comprobar que sería otra primera vez más.

Pudimos charlar con el señor Gabo Brown, bajista y contrabajista de la formación en los prolegómenos de la audición. La sorpresa fue mayúscula cuando nos vimos en la antesala poco después de haber concluido la prueba de sonido, no lo vamos a negar, y de primera mano supimos la causa de su ausencia; tenía una lesión que le imposibilitaba actuar, así que, sin el soporte de las cuatro cuerdas. En formato trío habíamos visto al pelirrojo, en cuarteto, con vientos, en compañía de otro camarada o con el apoyo circunstancial de otro bajista, pero, exceptuando las ocasiones en las que había actuado en solitario nunca sin él. No obstante, estos tíos conocen el riesgo, tienen recursos, conocen el ¿por qué no? y saben que tienen un muy buen material por defender, y el miércoles lo defendieron con uñas y dientes, contra viento y marea. Con honestidad. Con entrega. Con picardía. Con sensualidad. Con actitud. Con valor. Con categoría, swing, soul, rhythm and blues, ritmos cajún, sonidos fronterizos y con unas portentosas gargantas como son las de James e Iñigo, el baterista, socio de fechorías y fraternal confidente más Asier, el hábil guitarrista que se sumaba a los coros y asombraba a la concurrencia con su finura y diablura a las seis cuerdas.

El ejercicio comenzaría con la salutación en solitario de James interpretando el tradicional “Agur Jaunak” que adapta por dos veces en el reciente epé, recibiría el ingreso de Iñigo en su tercio final y posteriormente sería la perfecta despedida. De hecho, “Agur Jaunak” es una ceremoniosa despedida y se convertía en otra novedad, pues podríamos decir que esa era la frecuente asignación para “Bulletman”, un categórico blues que le viene escoltando desde sus comienzos y se comporta como una conmemoración, un hechizo, un regocijo. El litúrgico final que tantas veces hemos celebrado. Y como no hay dos sin tres, podemos contar la revisión a capella del clásico “Aquellas pequeñas cosas” de Serrat desde el centro del salón de actos de los juristas bizkainos como la triple corona, otro novedoso intervalo en nuestra particular travesía junto a este agitador de masas. Ya sea una amplia plaza como el Bilbao Arena, donde actuaría recientemente en un acto del Fair Saturday, o un espacio más reducido en el que distingue perfectamente los ojos de los espectadores o las medias caras por eso de los bozales de celulosa que aún debemos portar, el tío es un caníbal.

Un auténtico animal de escenario. Un vehemente showman que seduce tanto con sus privilegiadas cuerdas vocales como con su teatralidad. Sus compañeros no le van a la zaga, conste. El multinstrumentista Iñigo es otra de esas prestigiosas voces de la escena local (entre otras filiaciones, vocalista de los enérgicos Quaoar) con un registro de vibratos, graves y agudos capaces de fragmentar un témpano de hielo que, desde la retaguardia y con extraordinaria pericia, dirige con batutas de madera este experimento, adornando los silencios con sus cristalinas modulaciones, redobles de tambor y sutileza con platillos, mientras Asier recurre a todo tipo de suertes con una guitarra que esgrime con rotundidad y refinamiento a partes iguales. Sus elaborados solos noquearon, y aunque “Sometimes” hayamos asistido a las maniobras de este chamán, ninguna de ellas se podría catalogar como una “Deception”. En cualquiera podremos garantizar que “We Are Back”, haya o no “Rats Aboard”, nos ciegue el resplandor de “Cheshire Moon”, advirtamos “Before This” repetidas convulsiones, golpeemos el aire con la emoción intrínseca de “My Baby’s Gone”, volemos junto a imprescindibles entre las nubes de algodón entonando “Egin Hegan” o tengamos que corroborar una vez más que “El Extranjero” de Bunbury es una gran canción que cala por la fortaleza del afligido mensaje, por su imborrable actualidad, por su moción, por su conmoción. Otra conquista más para James Room.

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