La onda expansiva de Garbayo junto a Lee Perk se sintió en Crazy Horse | GR76


Sábado 26 de febrero de 2022 en Crazy Horse, Bilbao

¡Menudo sainete se montó el sábado noche en el Crazy Horse! ¡Menudo desfase! La gente acudió, como vaticinábamos días antes, a la llamada de Garbayo y Lee Perk petando un local que resultaría pequeño para una afluencia deseosa de soltar amarras y hambrienta de rock and roll. Vamos a coger agujetas, por cierto, porque las agencias, las promotoras, las bandas, las salas y todas las partes vinculadas a este entramado parece ser que ya comienzan a ver el cielo despejado después del lúgubre cataclismo de las perversas oleadas. Demasiado tiempo acarreando esa pesada mochila, demasiado tiempo con el monotema manejando los hilos, demasiado tiempo recitando poesías sobre la pesadumbre, el agobio, el apocalipsis… Demasiado tiempo “Esperando el Fin del Mundo”, una de las canciones almacenadas en el último trabajo de Garbayo que por fin íbamos a disfrutar en directo, pues recordamos que la función se debió aplazar por los motivos ya conocidos, contando con la presencia de Lee Perk en esta segunda convocatoria que variaba en horario respecto a la original. La primera se programaba como sesión matinal, y esta se preparaba como velada.

Además, para esa primera cita dominical teníamos la intención de pillar los tickets cuando estuvieran en circulación, por lo tanto las opciones de declinar esta nueva oportunidad, sabbathica ella, eran más bien escasas a no ser que nos cruzáramos un gato negro (sin el negro es otra de las canciones de Garbayo que azuzó), pasáramos por debajo de una escalera o nos sucediera algún imprevisto, cosa que no ocurrió. Y como la temperatura acompañaba, unas birras, unos pintxos, un paseíto por la poblada ribera de la ría, y a cruzar un puente hacia la otra orilla con el tiempo necesario para saludar a camaradas y parlotear sobre física cuántica, avatares de la vida o metafísicos teoremas antes de entrar a la sauna. Bonita fauna se presentó, entre frecuentes disfraces y otros atuendos propios de las fechas en un día de intercambio de mascarillas de celulosa por antifaces, ya que Don Carnal regresaba tras el reciente impasse. Otra alegría a añadir que se podía percibir en los semblantes de seguidores, curiosos, cuadrillas y colegas que acabarían arremolinados frente al apartado del Crazy disfrazado de escenario en ocasiones del pelo.

Los disfraces son un termómetro de jovialidad, un síntoma de socarronería y ganas de diversión; en definitiva, la máxima de una velada inaugurada por Lee Perk (disfraz de Alfredo Niharra) con su acústica de doce cuerdas y una armónica incrustada en el soporte que él sigue manteniendo no termina en dominar. Su intervención, amena, interesante y bastante variada que teníamos fresca en la memoria, puesto que la semana anterior pudimos catar un directo de mismas coordenadas, diferenciado en esta ocasión con el respaldo de Ricardo Ibáñez Vallbona (Los Bonzos, Santiago Delgado & The Runaway Lovers) a la batería en el tramo final, si mal no recuerdo, que todo podría ser, con “Christmas Alone”, una de las canciones que forman parte de “Tumbleweed”, álbum del año pasado en el que el caballero recopilaba canciones propias que ya habían sido publicadas como demos y de nuevo cuño otras. El tío se mostró cercano y retribuido, suelto y ocurrente demostrando que tiene tablas y un buen fondo de armario, no en vano en su curriculum figuran bandas como Tulsa, The Fakeband u otras que en cierta manera se ven reflejadas en pócimas como “Not Yet Enough”, “Carrie Fisher” o “Bird And Giraffe”, algunas de las que cayeron el sábado noche. Obviaremos cotejos o contrastes con fulano o mengano, porque, aparte de no ser nuestro estilo, seguimos defendiendo que esos análisis podrían ser inadecuados y hasta perniciosos para los propios interesados. Maestros, muchos. Escuelas, tantas o más. It’s only rock n’ roll, que entonan los Stones. The answer is blowin’ in the wind, que afirma el señor Zimmerman. Rockin’ in the free world que sentencia el viejo Young.

Ya habíamos observado un Roland esquinado que (imaginábamos) estaría dispuesto para que el bueno de Alfredo Niharra asistiera en algún momento a Garbayo, pero ese momento operó de principio a fin salvo cuando el travieso Ignacio Garbayo le cediera la Teleca cogiendo el micrófono en “Iron Man” (Menear el Cuerpo)” y “Muévete” con las que concluiría el recital. El histerismo del personal, que ya venía bastante caliente, espoleó a unos muchachos que entre loas, sofocos y cumplidos enchufaron de nuevo los instrumentos recordando el pasado con pelotazos como “Busca Entre la Basura” y “Nitroglicerina” de “Sonido Forestal”, su primer elepé y “Balada de un Enterrador”, himno de los añorados Zodiacs que terció psicotrópico, corrosivo, lascivo y muy vitoreado por quienes aún tenían combustible en la reserva, porque si algo caracteriza las audiciones de los susodichos es el vertiginoso ritmo que imprimen desde el segundo uno. Ni baladas (el único ejemplo, esa última y tan solo en su título) ni historias. A cañón desde “Soy un Cerdo”, que aun poseyendo cierta moderación en su compostura, abruma introduciendo las cualidades de cada uno de ellos. Excelente prólogo. Una borrachera de recreaciones vocales como ocurriría a continuación en “Huye del Monstruo”, si bien aquí la implicación del público comenzó a aflorar mientras los chicos marcaban la pauta. El encantador de serpientes Ignacio Garbayo con el micro, el prolífico Pit Idoyaga con sus briosas sacudidas guitarreras, el enérgico Lander Moya optimizando los tiempos con las cuatro cuerdas y Javi Estrugo, el elegante baterista que imponía el ritmo, sobreponía el shuffle y ponía unos categóricos coros como al resto de la plantilla, involucrando a la peña que meneaba al unísono los brazos en “Delincuentes Románticos”, tarareaba efusivamente el “uhhh… ahhh” central de “Mejillas”, vibraba con las gotas (y notas) de pasión de “Me aburre la Lluvia”, agitaba el cuerpo con la intensidad de “Carretera del Norte”, bulliciosa exclamaba “Chica Normal” o se entregaba al sugerente rock n’ roll de “Te Dejaré Atrás”. Un concierto para recordar, encomiar, aconsejar, celebrar y tantos otros términos que se mueven por mismos derroteros. Una soberana lección de picardía, energía, agallas, raw power y rock n’ roll. Soberbio Garbayo.

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