Los Retros: “En un Lugar del Norte” | GR76


Cuando decidimos hablar sobre un disco es porque nos apetece (pocas cuentas tenemos por rendir) y porque nos ha transmitido buenas sensaciones, las suficientes como para escribir un par de renglones. También cuentan las afinidades, las sugerencias o el factor sorpresa, circunstancias que han sucedido con esta presentación de Los Retros, una banda establecida, como el título del volumen especifica, “En un Lugar del Norte”. Una nueva banda, un nuevo proyecto y un iniciático disco publicado el pasado año por una gente que no es nada nueva en este circo. Gente experimentada y gente acostumbrada a bregar en garitos, a recorrer kilómetros en una furgoneta repleta de cables, amplis y demás cachivaches con el foco en esa plaza a conquistar a la que se dirigen bajo tal apelativo algunas veces, bajo chocantes siglas otras o como figurantes en demás. Por otra parte, algo común ya sea en Bilbao, Girona, Granada o León. Nada nuevo bajo el sol y por desgracia, muy habitual. Además, cuando surge la posibilidad de hablar sobre conjuntos que se manejan en este circuito underground de baja repercusión en grandes estancias, de cabeza y sin flotadores. Aclaración: Ni mucho menos es un reproche a cómo está dividido el pastel, no van por ahí los tiros, y a buen entendedor, pocas palabras basta. Cerramos paréntesis.

Muchas operaciones y militancias llevan a cuestas los integrantes de Los Retros, y podríamos aburrir al personal con el listado de identidades acumuladas por el guitarrista, armonicista y cantante Daniel Merino (impulsor del invento), el guitarrista Ander Aparicio, el bajista Urko García Lete (aunque Lander Moya fuera su encargado en la grabación), el teclista Iñigo Ortiz de Zárate y el baterista Danel Marín, pero la relación de nombres sería extensa y con toda probabilidad dejaríamos alguno sin mencionar. Mejor será que nos ocupemos de las canciones, que es el quid de la cuestión. Por decena se cuentan en este elepé, precisamente las que figuran en él, lo cual viene a decir que todas tienen bastante chicha. Están concebidas con criterio y producidas con fundamento y talento, labor que recae en otro colega de correrías como Josu Aguinaga, quien contribuye incluso con la guitarra acústica. En el apartado lingüístico captamos unos cuantos recados tratados con sarcasmo mientras el aspecto musical es muy gratificante, pues las melodías acopian una colección de secretos y recuerdos de generaciones anteriores y múltiples referencias dispuestas con pragmatismo.

En realidad es un preciso arquetipo de métodos y caracteres tutelados por el blues (“Anoche hablé con Jesús”), liquidados con el capital congénito del rock and roll (“Nuestro Secreto”) y administrados con retórica y conocimiento a partes iguales (“El Árbol caído”). Manifiestan su devoción por los efluvios espirituales y las acústicas de la costa californiana, si bien el tronco de “Un Alma Libre” puede presumir de raíces neoyorkinas también, cual péndulo de Newton sincronizan unas guitarras (“Mundo Cruel”) que ponen y disponen artimañas australes, e igualmente muestran “Su Lado Oscuro” que tan oscuro no es. Más bien diáfano y ladino, poco proclive a las interpretaciones. Saleroso y sugerente como “En un Lugar del Norte”, la canción que abre el telón y cede su nombre al cedé, profundamente apasionado y agradecido al rock and roll que homenajean sin sonrojos ni problemas en “La Huída”, somático y juguetón en “Dr. Rock & Roll” a la vez que romántico entregando cartas de amor (o desamor) a quienes estén necesitados de una chimenea, un consuelo o un reparo. “Silencio y Oscuridad” es ese auxilio, esa mano amiga. Una ventolera en forma de despedida que debería originar un fuerte tembleque en tu aparato locomotor por sus súplicas y moderada cadencia, por el resbaladizo slide o por un absorbente wah-wah, por el ceremonial hammond o por su indudable carga emocional. Sí, somos unos sentimentales que reciben simples ondas magnéticas, simples cesiones e indicios intuyendo carriles de ida y vuelta. Simples trayectos de ánimos y ensueños. Simplemente, Los Retros.

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