Howlin Rain: “The Dharma Wheel” | GR76


Posiblemente hablemos de una de las bandas de mayor complejidad en este intrincado mundo de la industria musical no por sus propios planteamientos, sino porque sus obras no han mantenido la regularidad o la espontaneidad de sus primeros pasos. ¡Ojo! De cara al público en general o a los regentes de este negocio, claro, pues podríamos decir que desde que descubrimos sus canciones, Howlin Rain tiene un rinconcito reservado en los cuarteles de GravelRoad76. Las idas y venidas en el seno de la banda tampoco han prestado gran ayuda a su crecimiento, sin embargo, Ethan Miller sigue ahí, posicionándose como líder espiritual de una congregación que se nutre de relevantes consejeros como Adam MacDougall, quien enfatiza con sus teclados el inconfundible sonido de la formación demostrando que esas psicodélicas inspiraciones casan divinamente con las progresivas guitarras de la costa oeste americana. En ese nirvana centellea la música de los californianos, entre el espacioso vacío, la fundamental autoexigencia, la desvergonzada pujanza y el poder sensorial de décadas anteriores.

Entre los devaneos instrumentales, las melódicas alucinaciones y las plurales creaciones. Y este nuevo disco sigue esos derroteros desde “Prelude”, explícita obertura donde el melancólico violín de Scarlet Rivera presenta una bacanal instrumental, hasta el dilatado epílogo de dieciséis minutos que rotula la carpeta ilustrada, evidentemente, con una ciclópea rueda surcando el horizonte salino, “The Dharma Wheel”. Una rueda que se mueve por impulsos, por latidos, por decisiones, por ecos o un sinfín de vigores que alimentan la consciencia y robustecen el alma, en gran medida los tonos que Howlin Rain ha utilizado en su orgánico arcoíris hasta el día de hoy. La astral alquimia de Circles Around The Sun surge en “Don’t Let The Tears” con los característicos teclados del señor MacDougall, y a continuación percibimos las siluetas del tándem FagenBecker en la epístola “Under The Wheels” en la que el otro tándem, en este caso MillerCervantes, sincroniza sus guitarras obsequiando con uno de esos insignes desarrollos a doce cuerdas que tan buen resultado les ha ofrecido. Las múltiples afinidades se concentran en “Rotoscope”, seductores minutos de hipnosis filarmónica en los que todos los ingredientes cuajan forzando al paroxismo, los encantos de “Annabelle” emergen cual brizna matinal en la pieza romántica del álbum en la que alguna lágrima recorrerá las mejillas y la piel de gallina está más que asegurada, y el auténtico delirio llega con el arreglo final, con el talismán, un escándalo de estructura y un absoluto placer para los sentidos. Estimulantes guitarras, envolventes teclados, el cadencioso y acertado bajo de Jeff McElroy, el contrapunto de los platos y tambores de Justin Smith y el sistémico ritmo de una sinfonía redonda y un círculo vicioso. La rueda, la esfera, el planeta, el cosmos, “The Dharma Wheel”.

Galys: «Para mí no solo estamos ante el mejor disco del 2021, estamos ante una obra esencial que perdurará e irá creciendo con el paso del tiempo, porque terminará siendo un álbum imprescindible (para mí ya lo es) de la historia del rock. Si eres fan de Grateful Dead, Tom Petty, Black Crowes, Allman Brothers, Neil Young, Gov’t Mule… de bandas más actuales como The Sheepdogs o The Steepwater Band y de superdotados de la música como Neal Casal o Marc Ford… este es tu disco y Ethan Miller tu nuevo Mesías.»

DALE AL PLAY Y… ÉCHATE A VOLAR!!!

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