El camarote de los hermanos Marx versión Milanamúsica Records | GR76


Sábado 13 de noviembre de 2021 en Crazy Horse, Bilbao

La fiesta que anoche organizaba el sello Milanamúsica Records en Crazy Horse de Bilbao junto a la agencia Undercover Producciones se convirtió en una alborozada, pingüe y productiva reunión familiar, ya que por el garito circuló, aparte de los protagonistas e invitados que de antemano ya sumaban un número interesante, gente de The Renegados, gente de Los Brazos, gente de The Riff Truckers, gente de Montañosa, gente de Mary Rockings, gente de The Northagirres… Gente dispar y gente afín entre escribanos, cronistas, poetas, analistas, foteros, foreros, practicantes, debutantes y veteranos. Gente de varios orígenes como Ibiza, Barcelona, Zaragoza, Gipuzkoa, Araba, Cantabria o Burgos en armonía con la cuadrilla local. Gente con un nexo común: el rock’n’roll, ese sentimiento barra inclinación barra deseo barra necesidad que necesitamos, valga la redundancia, para alimentar el alma y que tanto hemos extrañado en esta época mohína y ruin.

A cuentagotas hemos probado sus bondades y aprovechado su función terapéutica, sin estrecheces y con la sensación generalizada de insipidez, pero se ha podido, ¿no? Y una vez desaparecidos los grilletes, programaciones a tutiplén, saraos a cascoporro, conciertos de toda índole y tinglaos para soltar lastre. Akelarres para oficiar sortilegios y danzar alrededor de corrillos humanos. Como anoche. Un no parar. Plena actividad. Derroche total. Comenzó Sertucha, uno de los impulsores de la nueva escudería junto a sus compañeros de Milana y el osado Alexander Garrote, él solito con la acústica, una armónica y su atril (que no llevaba) de canciones entre las propias (“Cuando suba el río”) editadas a principio de año en este sello verde esperanza nacido, eso sí, en una época gris, otras prestadas y musicadas a partir del poemario “Horizonte” del bilbaíno Kepa Arbizu (“Amanece”) que estarán en circulación a principios de año y un par de adaptaciones (“Down By The River”, del viejo Young) en las que contó con la ayuda de Toni de los Empty Bottles más Sandro, Gabe y Francis de los Uncle Sal a quienes birló casi en primicia una canción (“Shotgun Girl”) del disco que publicarán este mismo lunes.

Era el turno de Óscar Avendaño y Reposado con el sorprendente aporte del señor Hendrik Röver, que si la noche anterior había endulzado el paladar de los asistentes en el concierto ofrecido con Los DelTonos, pues… Si bien eran cuatro, los nombrados más Andrés Cunha al bajo y Mauro Comesaña en la batería, una dupla de extraordinaria calidad la formada por los gallegos y el cántabro. Comenzando con el ritmo trotón “Pudridero”, siguiendo con el vacilón “Jacksonville” o engatusando al personal con “Los Chicos”, el resultado no puede ser otro que el frenesí y la revolución de una revolucionada audiencia que se abasteció de la energía generada desde un escenario que no se puede considerar como tal, pero desempeña la función y hasta cambia de fisonomía o se convierte en el camarote de los hermanos Marx dado el trasiego y la acogida de individuos. Diecisiete, si no nos salen mal las cuentas, aunque hemos de admitir que no llegamos al final del trayecto y los minutos finales no los podemos atestiguar. Tuvimos que partir. El cansancio hacía mella, y tras la adaptación de “Beer Drinkers & Hell Raisers” de ZZ Top a cargo de los Schizophrenic Spacers debimos marchar.

Pero no va a quedar todo aquí, no vayan a pensar ustedes que lo dejamos ya, porque hasta esa partida sufrimos las altas temperaturas producidas por el vertiginoso duelo a doce cuerdas de “El Camino” (Avendaño vs Röver), mantuvimos los cinco sentidos (o seis o siete) cuando The Kleejoss Band cogieron el testigo de los anteriores y posteriormente vibramos con la esquizofrenia escénica de Sergio Martos con unos Spacers que pusieron broche de oro y contaron también con la momentánea contribución del atareado Hendrik Röver. En cuanto a los amigos mañicos… Nada malo podemos decir de ellos, tanto en el aspecto musical como en el trato personal. En este último, la nota es bastante oronda, y al tratarse de esa característica, queda en la intimidad. El objeto de esta narración es la primera, y tras un tiempo (en un par de semanas se cumplirán dos años) sin visitar el botxo, pues qué quieren que les diga.

Si arrancas la función con “Invisible”, una de las grandes joyas contenidas en “Maleza” que se cuentan por docena (las joyas y las canciones), cambias minutos por momentos (“Poco Tiempo”), sin complicaciones te unes sin al hipnótico y eficaz coro de “Revólver” mientras el amigo Andrés demuestra su pericia con el slide (fino, muy fino, preciso y elegante maniobró durante el set), te aplicas en el seguimiento del imprescindible compás impuesto por Nacho en la susodicha, te atragantas de emoción y sientes cómo un escalofrío recorre la médula espinal en cuanto Kleiser insta a recapacitar en “Malvenidos” y en ese instante echas un vistazo a tu izquierda, la que no es izquierda y tu interior, te obsesionas por las medidas embestidas de Jossico en “Farewell Lone Wolf”, otra de esas que crecen en el tête a tête, comprimen las entrañas, invocan a los seres espirituales personales (de cada uno) obligando a never forget y son un reclamo perfecto para gravitar coreando sin remilgos y al unísono el contagioso “Nah nah nah…” Tienen algo especial. No por más veces que lo hayamos escrito, comentado o simplemente pensado vamos a tener razón (ni queremos), pero estos chicos tienen la varita mágica. Saben utilizar el lenguaje (sea el idioma que sea) y se han ganado nuestra estima. Inolvidable intervención.

Cerraban la velada los barceloneses Schizophrenic Spacers a quienes, como ya hemos adelantado, no pudimos corresponder como habríamos deseado, porque tras unas horas en el mismo metro cuadrado y que ya no somos precisamente lozanos… Bueno, abandonamos por minutos el ‘área reservada’ para atenuar el apetito retrocediendo unos metros, puesto que en el Crazy Horse también se come. Bastante bien, por cierto. Se come, se bebe, se baila, se canta, se disfruta y en ocasiones se adivina. Tal vez ese sea su talón de Aquiles. La escasez de luz. Pero oiga, mientras la luz (o la electricidad) venga por medio de “Sexual Blackmail”, la presentación entre aplausos y muestras de euforia de los Spacers, bienvenida sea. Y más si es seguida a toda velocidad por “Viladenada”, la sátira que abre “Gloria”, su última aportación y la cover “Keep On Knocking” (Death) que componía el epé pandémico “Just For Fun… Again”, pues nada que objetar. Sergio Martos (vocalista), Alberto Belmonte (guitarrista), Manuel Fernández (bajista) y Jesús Tejada (baterista) salieron a pecho descubierto demostrando que, al igual que el resto de partenaires, se entregan en cuerpo y alma en directo siendo su vocalista el auténtico agitador de masas azuzando con los brazos, bramando sin micro, compartiendo el mismo con los activos Alberto y Manuel o pidiendo sin cesar el empuje del respetable con andanadas como “Premonición” o la “Dealin’ With Idiots”. Todos rayaron a un alto nivel. Todos alabaron la labor iniciada por la discográfica, dejando muy buenas sensaciones y acabando todos contentos. Unos llegando al final mientras otros dirigimos los pasos a casa al ritmo de ‘Beer drinkers, hell raisers, yeah / baby, don’t you wanna come with me?’. Con Milanamúsica Records habrá que seguir.

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