Nueva demostración de carácter de Luke Winslow-King y James Room en un entregado Kafe Antzokia | GR76


Sábado 30 de octubre de 2021 en Kafe Antzokia, Bilbao

Cuando anunciaron una nueva visita de Luke Winslow-King dimos un bote de alegría, pues es uno de esos tipos que guardamos en estima. Por uno u otro motivo sus shows nos traen buenos recuerdos y sus canciones nos ponen las pilas. Además, esta comparecencia se convertía en la primera actuación internacional que disfrutaríamos después de esta amarga travesía que las bandas locales o más próximas se han ocupado por dulcificar, así que fascinante se presentaba la oportunidad. Si a ello sumamos que el convite sería debidamente presentado por James Room, y que como ya sucediera meses atrás, vendría junto a su inseparable Roberto Luti, poco más que añadir. En aquella ocasión tres eran las fechas confirmadas y ahora, la cantidad subía a ocho, finalizando la excursión en Bilbao y teniendo parada y fonda en Vigo, donde serían los encargados de inaugurar una nueva temporada del ciclo Mais Que Blues organizado por los amigos de la Asociación Cultural River Bucks. Nueva temporada, nuevos bríos y mismos objetivos. Para empezar, una atractiva terna con el propio Luke Winslow-King, los franceses The Buttshackers (que subieron el pasado viernes al escenario de la Rouge, sede habitual del ciclo), y ofreciendo el único concierto en Galicia el próximo sábado 20 de noviembre, una leyenda como Watermelon Slim.

Volviendo al foco del escrito, prometedora velada nos esperaba. Velada de blues. Velada de duetos. Velada de parejas. Velada de encuentros, ánimos y embrujos como otras tantas brindadas por James Room en cualquiera de sus formatos, ya fuera en terceto, en solitario, en quinteto, con sus compañeros Weird Antiqua o flanqueado por un cuarteto de cuerda de la Sinfónica a la que pertenece su compadre Gabo Brown, un acreditado contrabajista que exprime minutos en las dos vertientes y que en esta ocasión sería el único acompañante del pelirrojo. Por cierto, entre la concurrencia se hallaba alguna representación de esa orquesta, como amigos que en breve perderían la soltería y a quienes dedicaron una de las tres adaptaciones de la noche: “Chocolate Jesus” de Tom Waits, asentada y siempre bien recibida en sus audiciones. Las otras dos fueron “El Extranjero” de Bunbury, otra que seguramente se va a mantener en sus guiones durante mucho tiempo porque sin duda es una extraordinaria canción en todos los sentidos que bordan y abordan con suma cortesía, y la sorpresa, al menos para servidor, “Redemption Song” de Bob Marley, encargada de dar por finalizada su intervención sin cables, sin pastillas, sin amplificadores y a capela, a pleno pulmón.

El escalofrío fue general, era momento para soltar lastre y actuar cual orfeón acompañando con “Won’t you help to sing / these songs of freedom? / ‘cause all I ever have /redemption songs / redemption songs”, un estribillo muchas veces reproducido, escuchado y coreado en la intimidad hogareña (sobre todo estos últimos meses) que sonó a gloria en un apreciado recinto tantas veces añorado durante este embrollo. ¡Ah! No vayan a creer ustedes que esto acaba así, ni mucho menos, porque comenzaron el ejercicio con “Rats Aboard” y “Before This”, dos de las últimas puyas incluidas en el epé “2021” publicado, obviamente, este año, propiciando los primeros cumplidos por parte del respetable. Hubo más, por supuesto. Hubo canciones con espíritu. Hubo blues, ese que comprime el corazón y evade la mente como por ejemplo “We Are Back”, otro explícito título del recién estrenado volumen que obtuvo la aquiescencia del absorto auditorio. Hubo tiempo también para repasar su propio material con la inmaculada “Deception”, con el juguetón ritmo de Louisiana “Cheshire Moon” o con la aclamada “Bulletman”, esa que suele sellar sus funciones con la gente exaltada dando palmas e intentando llegar a los agudos del caballero (algo improbable), pero ese honor recaería en la ya mencionada “Redemption Song”. Otro gran recital.

Cambio rápido de escenografía, pues no había demasiados elementos que propiciaran esa tarea. A lo sumo un par de verificaciones, un par de variaciones de monitores o el pie de micrófono. Mientras, movimientos para aprovisionarse de refrigerios, apurar algún cigarrillo en el exterior, vaciar la vejiga, y rápidamente todos a sus puestos, que el reclamo es de órdago, o al menos bajo nuestro parecer. No en vano, las veces que Luke Winslow-King ha actuado en este entorno, sea en Kutxa Beltza, el apartado superior de Kafe Antzokia o en su espacio central, ha demostrado su categoría ante audiencias considerables, la última de ellas precisamente con el mismo anfitrión: el bilbaíno James Room. Si habíamos sudado y disfrutado de lo indo con el binomio local, Luke Winslow-King y Roberto Luti no se quedaron atrás demostrando conocer el significado del blues, sus encrucijadas, sus venturas y sus secretos. Desde la apertura por medio de “Chicken Dinner”, el de Michigan exhibió su donaire y carisma mientras el italiano ofreció una lección magistral del uso de las seis cuerdas y sus diferentes técnicas como el fingerpicking, el tapping o el slide. Maravilloso. Tiene alma. Tiene sentimiento. Acaricia la guitarra, volvió a sentar cátedra y certificó eso que algunos ya sabíamos con anterioridad.

Ambos se complementan perfectamente, y una cómplice mirada es suficiente para conseguir el alborozo del público presentando futuras perlas como “Honeycomb”, otras más recientes como “Leghorn Women” u otras más veteranas como “You & Me”. A pesar del tratamiento semiacústico, el eléctrico comienzo enganchó evidenciando que si las canciones son buenas y los intérpretes corresponden con ímpetu, el resultado no puede ser otro que la satisfacción general. Podríamos asegurar que tanto ellos dos como todos nosotros disfrutamos, si bien el semblante del bueno de Luke siempre indica agrado, mismo efecto que nos causó el frenético slide de “Tell Me You Love”, el contagioso ritmo y las maracas de “Watch Me Change”, la pizpireta pandereta de “Everlasting Arms” o la agradable bocanada de aire que supuso “Lotus Blossom”. Tampoco deberíamos olvidar el arrebatador compás de “Thought I Heard You”, la intrínseca psicodelia de “I’m Glad Trouble Don’t Last Always” o dos homenajes como la sentimental “The Leaves Turn Brown”, dedicada a su padre fallecido, o “Lissa’s Song”, esta en memoria de Lissa Driscoll, una amiga/música de New Orleans fallecida hace cuatro años y de quien están realizando un documental. Envalentonó al personal de tal manera la espídica “Swing That Thing”, elegida para finiquitar la sesión, que entre la jarana y el entusiasmo, se despidieron con “Loaded” o algo similar que si me permiten, desconocíamos y por más que hayamos buceado en las profundidades del océano digital, no hemos hallado pista alguna sobre su origen. Quizá sea nueva. Una de esas catalogadas como rarezas, o una versión. La cuestión es que fue un sentido adiós, un memorable show.

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