Bringas y Malatestta, vindicando el rockandnroll en Bilbao | GR76


Viernes 24 de septiembre de 2021 en Santana 27, Bilbao

El viernes era un día propicio, mejor dicho, una noche propicia para el rock’n’roll al menos en Bilbao y alrededores, donde había una variada oferta y mal se tenía que dar para no asistir a alguna de esas asambleas. Por ejemplo, en el escenario central de la Sala Santana 27 o sea, en la popular Fever, se juntaban varios amigos distribuidos en dos bandas que comparten, aparte de una notable comicidad, apego por el rockandroll: Malatestta y Bringas. En este orden se presentaron a partir de las 21:00 horas dos conjuntos que llevan tatuado el nombre o el apelativo de su creador, lo cual no significa que los protagonismos tan solo recaigan en ellos. Todos reman, todos aportan y todos importan. Se pudo comprobar en sus respectivos sets y durante las tres horas que duró el chou, en los semblantes de los oficiantes y los asistentes, por supuesto, en diferentes tramos en los que los papeles de actores y actrices principales eran intercambiados, en las euforias desatadas, en los minutos sentimentales y los irónicos instantes, en canciones vehementes, en serenas melodías…

Pese a la proximidad, aun no habíamos tenido la oportunidad de testar a Malatestta, al menos en esta nueva faceta y en vivo y en directo, porque su debut ya estaba bien estudiado de antemano. Sin miedo a equivocarnos aseguraríamos que no lo interpretaron al completo añadiendo algún título más, lo cual habla de la avidez creativa de este romántico (Mario) de fornida apariencia y buena desenvoltura en las distancias cortas, no en vano es un tipo habituado en labores de retaguardia en estas lides. Con escasos meses que lleva en circulación ese estreno, y teniendo en cuenta la coyuntura actual, la banda ha podido realizar algunos conciertos siguiendo el explícito enunciado del disco en cuestión: “Persiguiendo Sueños”. El viernes era el turno para uno de esos sueños, y tras un apertura cautelosa con “El Cielo está en Llamas”, los nervios se evaporaron en cuanto aparecieron los rascacielos de “New York”. Los sueños se plantean, se persiguen y se gestionan, y en este caso lo gestionaron con la soltura que proporciona la confianza, cantando con un público entregado “Mi Color Favorito”, pisando el acelerador en una “Leyenda” favorecida por la resplandeciente iluminación o cerrando el círculo con “Se caen los Carteles”, otra canción que obtuvo gran respuesta por parte de la asistencia porque sí, era la última, y las últimas reciben esa realzada gentileza, pero en su interpretación el mercurio rozó altas temperaturas. Recomendábamos el disco, y ahora podemos añadir el directo.

Tras la correspondiente sustitución de útiles y herramientas al ritmo de John Hiatt mientras había quien apuraba un cigarrillo en el exterior o mientras había quien se abastecía de combustible que templara el sofoco, aparecería sobre el escenario Bringas, formación de mayor kilometraje que los anteriores y de quien teníamos fresca en la memoria la presentación de “Siempre Nunca”, así que solo nos quedaba por corroborar su buen estado. Y lo corroboramos. Lo podemos afirmar sin demasiados titubeos. Han crecido como formación, que no madurado, porque los cinco son hombres talluditos con suficientes arrestos y conocimiento como para ningunearles por algún revés ocasional. Con el paso de los años han ido integrando ideas, conceptos, y tejidos que sientan como un guante a su oferta musical. En este aspecto, la entrada de Israel Redondo con las teclas ha armonizado y ensanchado en cierta manera las fórmulas de Bringas, como quedara demostrado en la sentimental “De Repente” que encendiera la traca final y de lujo quedó en su totalidad. En la afligida voz, en las penetrantes guitarras o en un ritmo atenuado similar al esgrimido en “2020”, otra de esas que hay que atender y que, pese a su título, poco habla de la odisea que hemos atravesado, aunque hable de odiseas comunes en los humanos que Gorka Bringas suele tratar en crónicas convertidas en canciones que, como la veterana “Acostumbrado” en la que Pit Idoiaga brillara no solo por la Les Paul dorada que decidiera utilizar esa noche, sino por su propio lucimiento, describen perfectamente nuestras conductas e insomnios. Pero hubo más que reposados entreactos, of course, simultaneando souleras composturas (“Fuiste Tú”) con glamurosas recreaciones (“Otra vez”) o intercambiando gotas de sudor (“Acércate”) con pasionales manifiestos (“Puede Cambiar”) que acreditan su dimensión. La actividad de “Me Cansé” (curioso antagonismo) procedió cual vertiginoso estruendo que en cualquier otra circunstancia habría originado el tumulto general, pero la gente mantuvo la compostura, si bien el griterío fue para marcar en la escala de Ritcher, y en “Me gustas tú” la combativa pareja Joseba BastidaBorja González espoleó al auditorio a corear, “La Chica de las Series” turbó con su naturaleza sensual, “Olvídame esta Noche” segregó adrenalina y el intrínseco ímpetu de “Fiera” puso el colofón, pasada la medianoche, a una noche de rockandroll de km.0. Una noche de 10.

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