MojoThunder: “Hymns From The Electric Church” | GR76


Hace un tiempo, antes de padecer el desbarajuste actual y buceando en la inmensidad del océano binario, tropezamos con una banda de marcada tendencia por los ecos setenteros, las ramificaciones sureñas, los impulsos bailables y las inagotables combinaciones del rock que tendemos a clasificar sin piedad. Por esta vez, los protagonistas se adelantaron. Southern Alternative era su propia definición, y si ellos lo dicen, nada que objetar. Proceden de Kentucky, y tras un EP (“Loose Lips”) y un par de singles editados en 2019, el pasado mes de mayo afrontaron nuevo desafío con “Hymns From The Electric Church”, su deseado estreno en formato LP que apuntalaba las estrategias esgrimidas en las anteriores grabaciones. Hoy por hoy no escasean las bandas que sigan líneas semejantes, que alguien pensará, pero en el otro lado de la balanza encontramos un buen puñado de eventos terrestres y marítimos orientados hacia fórmulas parejas a las que plantea el cuarteto de nuevo cuño MojoThunder, así que no vayamos a rasgarnos las vestiduras a estas alturas. Además, cuando todo este embrollo comience a ser un mero recuerdo, veremos casi con toda seguridad anunciado el asalto de los chicos al viejo continente y seremos testigos de unos cuantos advenimientos y resurgimientos más de artistas que han permanecido en estado de hibernación debido a la escasez de giras, saraos o certámenes de toda índole.     

Eso será más pronto que tarde, pero ahora, a lo que vamos. Nos centraremos en MojoThunder, cuatro vecinos de poblaciones cuasi inmediatas como Lexington y Louisville que conectaron rápidamente entre sí, ya que poco tiempo (unieron fuerzas en 2018) tardaron en firmar sus primeras canciones. En aquellos intentos su potaje musical evidenciaba las intenciones de Bryson Willoughby (guitarrista), Zac Shoopman (baterista), Andrew Brockman (bajista) y Sean Sullivan (cantante, guitarrista y teclista), que, auspiciados en una camaleónica garganta apoyada a su vez en una equilibrada y eficiente sección instrumental, no eran otras que ahondar en las variadas cavidades sonoras que abarca el espectro americano y la expansión de fronteras que en este reciente capítulo, si bien es cierto que hablamos del protocolario debut, repican en cada uno de los entreactos. En este aspecto subrayamos el preludio y el epílogo. Subrayamos “Jack’s Axe” y “A New Dawn”, donde diversas corrientes oceánicas en los giros guitarreros, en su cadencia o en sus hechuras podemos suponer nada más comenzar, mientras el cierre es un rompecabezas de teoremas y naturalezas que de forma instintiva nos guía en el espacio y el tiempo hacia el litoral británico. Esa es una de las grandes virtudes achacables al rock ‘n’ roll: la evasión, el regocijo, la imaginación, el refugio, el compromiso, la reflexión… Y en el medio, un manual de prácticas y deferencias a buena parte de los consejeros que han ido acumulando en su aprendizaje.

Por centenas se cuentan. Centenares de referencias y un enjambre de nociones que comprobamos en la diversidad de sazones incorporadas en el disco y en “Blackbird”, astuto compás que acredita la audacia de unos chicos que se lanzan sin miramientos al vacío con unos sones que, si bien manoseados podrían resultar, eficaces se comportan enlazando con “Rising Sun”, voluble y decisivo ritmo que apiña sugerentes elementos con recursos proclives al desenfreno, algo que ni se contempla a continuación. Nos aproximamos a los desfiladeros del alma. Distinguimos el oasis codiciado en áridos territorios. Alcanzamos las jurisdicciones de “Soul”, lugar donde podemos cicatrizar las heridas mientras se cuelan voces, imágenes, guitarras y secuencias que intervienen cual cataplasma brindando una nueva oportunidad, concediendo el indulto tantas veces demandado por las esforzadas cuerdas vocales del señor Sullivan flanqueadas por las dominantes cuerdas del señor Willoughby. Y en su crisol de destellos blueseros, tornadizas melodías y corales armonías, no podían faltar las incursiones por enfáticas reminiscencias como “Fill Me Up”, instantes groovies como “Babylon” o sombras psicodélicas como “Untitted #69” que precede a la solemne “Bulleit”, conjunto de principios y sugestiones que se incrustan en la mente debido, en gran parte, a su vibrante sección rítmica y unos proporcionados marfiles que crepitan abriendo paso a la vertiginosa resolución de sonidos equidistantes, sonidos pasados y sonidos presentes que deberá escuchar usted, pues el mejor análisis, la mejor sinopsis es la propia. Recuerde, ellos son MojoThunder y su aval, “Hymns From The Electric Church”.

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