Chus González (Copernicus Dreams): “Hemos vivido cosas realmente difíciles, pero siempre hemos encontrado la forma de avanzar” | GR76


El quinteto cántabro Copernicus Dreams publicaba recientemente su tercer larga duración después de otra larga espera, pues las malditos acontecimientos han sido los que han sido y todos estamos deseando salir del pozo, cosa que parece ser estamos logrando (crucemos los dedos) después de controversias, disputas, negligencias y fatigas. Para paliar este agotamiento mental (ese va a ser y está siendo otro tremendo efecto colateral) podríamos empezar escuchando “Goals & Illusions”, un disco fabricado minuciosamente en Gaua Estudio de Mungia cuya leyenda ya es por sí sola un rayo de esperanza. El fino tratamiento musical y las sensaciones también, y como ya dijimos en su momento, podría funcionar como una terapia personal en momentos de bajón. Algo que, por supuesto seguimos manteniendo y corroboramos después de mantener una breve charla con Chus, el ideólogo de este equipo de navegación. O de travesía interestelar, visto su alias, las hechuras de sus canciones y la ilustración de un elepé que sucede a los “Sunrise” (2015) y The Honeymoon (2017) que de alguna manera marcaron el modelo a seguir tanto en el proceso de elaboración (no faltan a su cita con Gaua desde el comienzo) como en su equilibrado concepto armónico en el que tienen cabida tantos artistas, géneros y generaciones como estrellas en el cielo hay.

Gracias por atendernos, Chus. Nueva formación, nuevo disco y ¿nuevos retos?
“Gracias a vosotros por cuidarnos tan bien, Rafa. Aquí estamos de nuevo estrenando nuestro nuevo trabajo “Goals & Illusions”, como bien dices con algunos nuevos tripulantes en la nave y por encima de todo con muchas ganas de poder disfrutar del viaje.”

Tanto el nombre de la banda como los títulos de vuestros discos guardan semejanzas en sus enunciados y bajo nuestro punto de vista el entorno, o sea, Castro-Urdiales tiene su importancia en este sentido. ¿Podemos estar en lo cierto?
“No sabría que deciros, yo me siento muy orgulloso de mi ciudad. Creo que los castreños vivimos todo con mucha pasión. Recuerdo que en su día Kepa Arbizu (escritor y colaborador de publicaciones como El Giradiscos, Ruta 66 o Mondo Sonoro) me habló del carácter fronterizo de nuestra ciudad a la hora de componer. Ahora en la nave de los Copernicus también vuelan tripulantes de La Cavada, Santander o Laredo. Al final todos sumamos y eso es lo importante. Somos una banda del universo.” (risas)

La historia de Copernicus Dreams empieza en un impasse, un momento de preguntas en tu anterior banda, Gramophone Man, banda un tanto diferente a Copernicus Dreams
“Los Gramophone Man eran una banda de hard rock, con muchas influencias que iban desde la psicodelia hasta el rock progresivo. Grabamos cuatro discos de una calidad tremenda y juntos nos lanzamos en plena juventud a la carretera en busca de aventuras. Se podría decir que fue otra universidad. Cuando por diferentes motivos llegó la hora de apagar el gramófono fue realmente duro para mí. Sentía que algo me faltaba y ese fue el principio de Copernicus, aunque en ese momento yo no lo sabía. Ahora, con el paso del tiempo, cuando me preguntan por los Gramophone siempre sonrío puesto que estoy seguro de que tarde o temprano volveremos a encenderlo y será brutal. Pero ahora Copernicus es mi prioridad.”

Podríamos decir que vuestro debut era sintomático en varios aspectos, pero fundamentalmente en su planteamiento ideológico, ya que había una serie de circunstancias personales que motivan la creación de Copernicus Dreams y, ¿se podría decir que fue una especie de escapatoria?
“El primer motivo fue la necesidad de seguir tocando, eso me llevó a preparar cosas en casa sin ninguna pretensión. El segundo motivo fue Luis Ruiz, un viejo compañero de facultad que un buen día reaparece en mi vida para ponerla patas arriba. Luis padecía leucemia, algo que me impresionó mucho. Escribí para él “Shock The Monkey To Live” (“Sunrise”) y a partir de ahí el grupo de convirtió en nuestra mejor herramienta para hacer frente a las adversidades.”

Desde entonces, ¿vuestra trayectoria ha seguido un proceso natural o ha habido algún punto de inflexión por medio?
“Yo creo que un poco de ambos, ha sido un proceso natural en el que hemos trabajado mucho y hemos vivido cosas realmente difíciles. Pero siempre hemos encontrado la forma de avanzar. Cuando falleció Luis el grupo fue la mejor medicina. Y sin duda un punto de inflexión fue conocer a Joserra Rodrigo. Se acercó a la presentación de “Sunrise” en Power Records de Bilbao y al momento ya estábamos en el cartel del Ultimo Vals de Frías, fue el primero que vio algo en nosotros. A partir del Vals muchísima gente fantástica nos conoció. Joserra is the answer!! Y por eso “Rocking The Rock” habla de él y de la fantástica gente que conocimos en Frías.”

Las influencias… los sentidos… los referentes… Si te gusta la música, sea del palo que sea, y comienzas con cualquier instrumento, el motivo es claro y evidentemente una o varias canciones te impulsarán a ello. Luego ya llegará el perfeccionamiento, ya sea académico o autodidacta, la exploración etc., y el paso del tiempo hará su función, pero el origen permanece. ¿Recuerdas ese inicio? ¿Ha variado tu percepción una vez has profundizado en el rock’n’roll?
“Yo desde pequeño sentía cosas muy especiales con la música, hasta que un buen día debajo de la cama de mis padres encontré una vieja guitarra española. Ahí empezó todo, de una forma autodidacta fui adentrándome en algo maravilloso que a día de hoy me sigue llenando. En la música he vivido de todo, cosas buenas y malas. En la época de Gramophone Man nos pasaron aventuras para escribir un libro, desde cancelaciones en el local del bolo, pagos en billetes falsos, furgonetas rotas en mitad de la autopista en Murcia y tener que pedir dinero a nuestros padres para poder volver a casa, vivir a base de bocatas de chorizo, gente sin escrúpulos que no cumplió sus promesas y un largo etc. Y por otro lado tantas cosas buenas como esos bolos que siempre recordarás, el día de la TVE en Radio3, El Vals, el Mundaka, cada reseña, las grabaciones, los días de ensayo, cada persona que se ha cruzado en nuestro camino y ha mostrado cariño hacia nuestra música. El rock es como la vida tiene sus dos caras. Si pudiese volver en el tiempo no cambiaría nada. ¡Dejaría que me volviesen a timar!” (risas)

Ya hemos hablado de los primeros pasos, de las primeras experiencias, del futuro, del entorno… Bueno, casi, porque del bucólico rincón a orillas del mar pasamos a las pacíficas y verdes praderas de Mungia, otro espacio significativo para la labor creativa de Copernicus Dreams, un laboratorio como Gaua. ¿Qué nos podrías decir de todo ello? ¿Qué papel juega en todo esto no solo el espacio, sino las personas?
“Gaua es nuestra familia, ellos también apostaron por nosotros cuando nadie nos conocía. Las nuevas instalaciones son lo mejor que te puedes encontrar para grabar un disco. Naturaleza, madera, material técnico de primera y un material humano que no se paga con dinero. Jon Asier Zubelzu es alguien muy importante para toda la banda y en especial para mí. En las mezclas sudamos la gota gorda y en todo momento fue con una sonrisa porque lo importante era el disco. Recordamos los días de grabación como algo mágico, duro porque fueron muchas horas de trabajo, pero la convivencia de la banda durante diez días fue maravillosa y eso se nota en el disco.”

Y para afrontar el futuro, nada mejor que buenos compañeros de viaje y el reciente “Goals & Illusions”. Desde fuera, creemos que el disco tiene grandes posibilidades. ¿Está teniendo aceptación?
“¡Muchas gracias! Estamos convencidos de que es nuestro mejor trabajo y no es porque sea el último. Vendimos los 100 vinilos en 6 días. Tanto la prensa como las personas que lo han escuchado nos han mostrado un grado de satisfacción muy alto y eso anima. Especialmente en una época en la que no hemos podido tocar.”

La tripulación, ¡que se nos han olvidado las presentaciones…!
“¡Sí, claro! (risas) Repiten en la nave Pablo Gil a las teclas y Maki Soto al bajo y voces y desde finales del 2018 contamos José Ochoa a la batería, percusión y voces y Carlos Moreno a la guitarra.”

En su día hablamos de “Goals & Illusions”, fundamentalmente un disco de canciones, y unas canciones que cambian de fisonomía en función del día o en función de los rompecabezas personales. Por ejemplo, “Old Days”, “Rocking The Rock” o “You And Me” para uno cambian constantemente de significado, aunque para su autor tenga su propio e intransferible sentido. ¿Qué importancia tienen las letras? ¿De dónde salen las historias de Copernicus Dreams?
“Tú los has dicho, es un disco de canciones, sin fuegos de artificio. ¡Las letras hablan principalmente de mí y de mis sentimientos ante situaciones de la vida! Lo bueno es que aunque para mí puedan tener un significado en su origen, una vez en el disco ya no son mías y cada uno puede interpretarlas como le llenen. Al final las letras son importantes, estamos contando algo a través de la música y en mi caso todas las letras giran en torno a experiencias personales.”

Bueno, sin olvidarnos de “This Old Guitar” o los viajes “Serendipity Trip” y “Tonight The Stars”… ¿Estás satisfecho del resultado final? Además, vuelves a asumir la labor de producción…
“Sí, estamos muy contentos con el resultado. En cuanto a la producción todas las canciones surgieron en mi casa, fueron grabadas en mi home estudio y luego trasladadas a la banda. Así que llegamos a Gaua con todo muy claro. Lo cual no quita que luego haya sido fundamental una vez más la labor técnica de Asier a los mandos, que es el que realmente ha puesto todo en su sitio. Trabajamos muy a gusto juntos. Es un disco que ha sido muy complejo de mezclar porque esconde muchísimos detalles.”

Y también editáis en formato vinilo. ¿Otro sueño a sumar?
“Sí, la verdad que un sueño cumplido. Para cualquier melómano que su trabajo se edite en vinilo es algo tremendo. El nuestro suena brutal y encima cuenta con el diseño del artista cántabro Maichak Tamanaco (autor de las fotografías en blanco y negro que acompañan esta entrevista) que lo hace más grande. Ha sido un privilegio poder contar con él.”

En este escenario de incidencias, aforos, olas, protocolos, perímetros, porcentajes… Si ya era complicado compaginar trabajos y familias con la vida en furgoneta… ¿En qué porcentaje se ha visto afectado Copernicus Dreams?
“Pues la verdad que la pandemia nos dejó sin lo más importante, ensayar y tocar en directo. Fuimos al estudio sin haber estado juntos, pero cada uno teniendo muy claro su aportación. Hace un par de meses hemos retomado los ensayos y la verdad que está siendo todo un reto poner la maquinaria de nuevo marcha. Queremos hacer un directo que haga justicia al disco. Y pronto llegarán las primeras fechas.”

¿Estamos en un “Vicious Circle” o por el contrario será simplemente “Matter Of Time”?
“Pues el último año sí que ha sido un círculo vicioso para la humanidad, pero como todo en esta vida, ¡esperemos que sea cuestión de tiempo! ¡Poco tiempo más!”

Por cierto, la orquestación y la lírica de “Heartless Trouble”… ¿Estaban planteados de antemano los arreglos o surgió en el estudio?
““Heartless Trouble” es una de mis favoritas; la canción surgió de una forma distinta, más rollo sureño, pero a mí no me acababa de convencer, así que le di la vuelta por completo y llegó la versión del disco. Los arreglos de cuerda en la demo inicial los hice con un mellotrón, pero tenía claro que serían violines, así que me puse a buscar alguien que tocase el violín, afortunadamente llegué a Clara Junguitu y fue una gozada trabajar con ella. Espero que nos pueda acompañar en alguna presentación. Y luego se sumó a las teclas Jesús Ortiz de Zarate de Nacha Pop que se marcó un piano antológico al estilo “Layla”. Todo un privilegio contar con Clara y Jesús.”

Nos dejamos algunos títulos y algunas cuestiones, pero creemos no haber olvidado las personas, no olvidamos los orígenes, no olvidamos los vínculos, incluso los karmas que son parte de la historia de Copernicus Dreams. ¿Para cuándo la vuelta a los escenarios?
“Pues se están cociendo cosas muy interesantes, así que posiblemente pronto podamos anunciar las primeras fechas. Desde el último bolo en diciembre del 2019 ha llovido bastante. Será casi como volver a debutar.” (risas)

Estamos deseando esa vuelta y otras muchas vueltas por supuesto, muchas citas que tuvimos que pausar. ¿Cómo esperas esa vuelta, no solo en el aspecto musical, sino general?
“Yo creo que estaremos algo nerviosos. Al final es necesario el rodaje, pero con ganas, ilusión y buenas canciones ¡poco que perder! Además la gente necesita ya la música en directo, puede ser algo muy especial. ¡Ganas de probarlo!”

Gracias por atendernos, amigo, nos veremos en el camino.
“¡Gracias a vosotros por cuidarnos tan bien!”

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