minientrada La convocatoria masiva de un binomio infalible: The Wizards y The Renegados. GR76


Viernes 27 de diciembre de 2019 en la sala Mendigo de Barakaldo

La fresca temperatura del exterior contrastaba con el calor alcanzado en el concierto que The Renegados y The Wizards brindaron en sala Mendigo de Barakaldo en las postrimerías del año pasado. Como era previsible, o al menos como creíamos que sucedería, la sala registró una masiva afluencia, lo cual demuestra que ambas formaciones tienen un buen séquito de seguidores, e indudablemente un considerable pedigrí. Dos bandas de concepción diferente y pundonor semejante, trayectorias dispares entre sí y excelente porvenir. Si bien los brujos llevan un lustro siendo compañeros de aventuras, los renegados tienen bastantes por delante para vivir tras apenas un par de años de alianza. Si los brujos tienen en su haber tres notables elepés más una primera demo, los renegados, cual brujos idearon una pócima donde sorprendían a propios y extraños por el lenguaje utilizado, aunque su modus operandi seguía teniendo el rasgo inconfundible de cualquiera de los cuatro. Si los brujos este año tienen pensado dejar aparcada durante un tiempo la furgoneta, pues están a la espera de meterse de nuevo en el estudio para grabar su nuevo disco, los renegados tienen previsto realizar un buen rodaje al furgón al menos en estos primeros meses. Si los brujos se comportan cual renegados en determinados momentos, los renegados operan como brujos del rock ‘n’ roll.

Bajo una intensa niebla artificial que por fortuna no aparecería en el resto de la noche, arrancaron los cuatro forajidos de nuevo cuño, si bien por separado cada uno de ellos tiene un largo historial de fechorías perpetradas. Siempre en sentido metafórico, por supuesto, no se interprete mal. La encargada de recibir los ánimos de la concurrencia es “Vámonos (Let’s Get On)”, en la que se distingue la querencia por los ecos setenteros y los galones de sus integrantes. Miguel, cantante y guitarrista, es un tipo polivalente y Hal, su cómplice a las seis cuerdas, un hábil y generoso ayudante. Pintxo, el cadencioso ritmo y Charlie, el metrónomo de una compañía confiada en sus posibilidades, puesto que sus canciones tienen suficiente sustancia y su actitud denota complicidad. Las huestes se empleaban a fondo y el tumulto era apreciable pese a que no estaba todo el pescao vendido, ya que faltaba un nimio porcentaje de gente (como más tarde se pudo apreciar) para convertir aquello en una auténtica sauna de vapor. Aun así, el sudor general se apodera del ambiente y la segunda ráfaga (“Duro y Humilde”) es la prueba irrefutable de que estos tíos vienen dispuestos a aportar ideas olvidando la teoría plana y pueril que asevera ciertas máximas bastante absurdas. Estos tíos solo quieren tocar rock ‘n’ roll sin mirar atrás como bien dice una de sus composiciones que ha evolucionado desde su génesis como “Running Out Of Time” hasta “Corriendo fuera de tiempo”, y seguirán reafirmando con otras como la barbitúrica y psicodélica “La luz (Strong Light)” o la adrenalítica “Escúpelo”, donde el doble bombo dirige sin contemplaciones un slide tan preciso como salvaje. Llevan un número considerable de actuaciones en la mochila, y dominan la simetría del directo y el lenguaje corporal. Comunican, y eso se notó en una intervención variopinta donde convencieron con su brillante maremágnum de fórmulas (“Mis malas formas”) adoptando diversas personalidades como Ted Nugent (“Just What The Doctor Ordered”) o el sensacional Alex Harvey (“Midnight Moses”), obteniendo el unánime aplauso de un público entregado a los jodidos Renegados.

Cambio de backline, cambio de aguas e ingesta obligada de los nutrientes y bebidas energéticas necesarias para absorber las enseñanzas de The Wizards, quinteto que ha podido recorrer parte de la vieja Europa gracias a sus célebres akelarres y sus imponentes opúsculos sobre la luz, la providencia, la gloria o la energía. Buena fe del fervor fue el entusiasmo de la audiencia desde el inicio, el vaho natural generado y la imagen de un comprimida abadía que en ocasiones parecía falta de oxígeno. Desde el centro de la estancia el presbítero de la congregación comienza el ritual con la protocolaria salutación proclamando su ralea, y la réplica de los fieles no se demora demasiado. Las dominantes guitarras irrumpen en consonancia al griterío (¿o era al revés?) y “Apocalyptic Weapons” no consigue aplacar las ansias y euforias de una concurrencia entregada a los salmos de maese Mason (un híbrido entre su tocayo Astbury y el señor de las tinieblas), los dogmas de Phil y Jorge y las ortodoxias de Eneko y Dave. Unos claman al cielo, otros persisten en el headbanging, otros se escandalizan y hay quienes impasibles permanecen como si exorcizados estuvieran frente al todopoderoso Lucifer. Siguiendo la espiral sabbathica de su último postulado, aclaran que nuestro “Destiny” es una interrogante que intenta evitar las arenas movedizas de un “Circle Of Time” que provino después de la interpelación de “Avidya”, sortilegio concebido un par de años atrás bajo el influjo de una luna llena y que fuera recibido con inusitada devoción por gran parte de los penitentes. Movimientos subterráneos, tántricas convulsiones, o preguntas existenciales con una epopeya que es como el vino, gana con el tiempo y adquiere más cuerpo; es obsesiva, litigante y benigna. Es “Who Are You, Mr. Gurdfield”. Innumerables gestos de poder por parte del nuncio Mason que, producto de la condensada y acalorada liturgia debió despojarse de parte de sus hábitos en el tramo final recibiendo a pecho descubierto la comunión junto a todos los presentes. Convulsionamos con los preceptos de “Conjure”, con la jerarquía de las guitarras y su ritmo decidido y alcanzamos la tercera fase con la plegaria coral de “Stardust”. Resuena y tiembla el Mendigo. Se confirma la autoridad de una banda que ha creído en su propio esfuerzo y sacrificio, porque los tíos se lo están currando, de eso no hay duda. Trabajan la composición, ensayan en el local, viajan constantemente y disfrutan con este círculo vicioso de transmisión buscando siempre la musa, encontrando la inspiración no sólo en el heavy metal, sino en la concordia, el tormento y el retiro espiritual. Nos retiramos a posiciones menos comprometedoras. Distinguimos el ánimo, reconocemos códigos y acabamos una vez más sometidos por estos hechiceros del rock. Terminamos bendecidos por The Wizards una vez más.