minientrada Drivin N Cryin: “Live The Love Beautiful”. GR76


 

cs736562-01a-bigHay bandas, estrellas y bandas estrella de rockandroll veneradas por una inmensa minoría y queridas por una pequeña mayoría de simpatizantes acostumbrados a realizar escisiones entre géneros, subgéneros y generaciones que a su vez dividimos en distintas categorías que podrían ocasionar grandes quebraderos de cabeza. Al final, el denominador común sobresale más que cualquier otro concepto, y el rockandroll se convierte en el principal exponente de todas estas fracciones que enmascaran de alguna manera la trascendencia y el crédito del viejo, fértil, indómito y nostálgico rockandroll. En todo este intrincado repertorio de paralelismos, conjeturas y silogismos, nuestros protagonistas: Drivin N Cryin, una de esas formaciones que utilizan el universal lenguaje del rockandroll con suerte dispar al destello de su cuerpo celeste, una banda que está de enhorabuena y de nuevo en la carretera tras un largo período sin apenas noticias sobre su paradero, al margen de unos guiños en forma de EP de por medio. Al igual que sucediera con su antecesor, la banda de Atlanta regresa tras una década con nuevo material de nombre “Live The Love Beautiful”, explícito título que debería contener una serie de canciones que mantuvieran la idiosincrasia esgrimida en treinta años de lucha, y el álbum que de alguna manera les devuelve a la palestra a los escenarios europeos e hispánicos, pues cuatro serán las oportunidades para comprobar cómo se las gastan Kevin Kinney and co. Suponemos que más de un viaje por tierra, mar o aire estará previsto para acudir a cualquiera de sus funciones en tierras catalanas (donde actuaron ayer en una caldeada sala, sin billetes y con muy buenas impresiones entre los presentes), valencianas, madrileñas y gallegas, y nos gustaría pensar que este acercamiento sea un maravilloso punto de partida, porque la banda lo merece y su historia lo demanda.

La escucha se inicia con “Free Ain’t Free”, una recitada y esclarecedora bienvenida entre la ilusión y la pesadilla del sueño americano que marcará el devenir de un disco característico en la escritura de Kinney y en el tratamiento musical de los georgianos, aunque en esta ocasión los ímpetus quedan un tanto guarnecidos por los sosiegos. No obstante se palpa la rabia, y quizás la figura de Aaron Lee Tasjan (quien fuera con anterioridad integrante del cuarteto) en labores de producción tenga su influencia o tal vez no, ¿quién sabe? Lo cierto es que el trabajo, aun salvaguardando la jerarquía de la banda podría confundir a algunos incondicionales aun atrayendo a nuevos seguidores. No diremos nunca que se queda a medio camino, porque desconocemos el propósito artístico y porque seguramente sea una injusta y superficial afirmación. Sin embargo, podemos afirmar que es un disco más sereno, más actual, un disco menos visceral y más cabal, con muchas composiciones creadas para llamar la atención y advertir a la sociedad, con diferentes pautas y solemnes estructuras como “Step By Step”, con la que espiritualmente puedes viajar por las tierras del sur gracias al capital hammond, el slide y sus sensuales armonías, apreciar aproximaciones a la costa británica gracias a “Someday” o “Over And Over”, sentir el vigor callejero de “Spies” con la codiciosa guitarra del estonio Laur Joamets, ceder ante desequilibrantes arengas como la propia “Live The Love Beautiful” o apelar a la ternura con el alegato “Ian Mclagan”, donde colabora un viejo colega como el señor Dan Baird. Aquí la mandolina y la armónica recuerdan al inglés, sí, pero el rubio de Florida también sigue presente en la memoria, permanece en los ecos, las formas y los recovecos de un disco que debe ser observado con temple, escuchado con tesón y disfrutado en las distancias cortas, donde las canciones crecen y el rockandroll establece su absoluta potestad. El carácter de “What’s Wrong With Being Happy” generará nuevas perspectivas y posiblemente “Sometimes I Wish I Didn’t Care” motivará el colapso general debido a su inevitable poder de abstracción. Hay figurantes, aventuras provisionales y consejeros ilustres. En este último punto está Drivin N Cryin, está el rockandroll.

Rafa Robledo

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