minientrada Robert Jon & The Wreck: “Take Me Higher”. GR76


Robert Jon Burrison es un gran tipo en todos los sentidos; un hombre competente de físico imponente que en poco más de un lustro ha demostrado su gran aptitud tanto en grabaciones como en las audiciones con sus compañeros de The Wreck. A golpe de riñón, con la energía necesaria y la plena confianza en su brillante caleidoscopio sonoro, pues su manual de comportamiento no sólo contempla las latitudes sureñas. Hay capas, aproximaciones, esferas, sustancia, y una apreciable variedad de movimientos que curiosamente vienen produciendo cierta disparidad de criterios. Por un lado, el sempiterno y frívolo tachón sobre una redundante y obsoleta fórmula, y en el opuesto, la pueril mácula sobre su probable acercamiento a la tela de araña de un mainstream remarcado siempre con manifiesta suficiencia, eso sí. Podríamos rellenar muchos renglones al respecto, pero estamos aquí para ofrecer opiniones que sumen, nunca que resten y menos que dividan. Al menos ese es nuestro objetivo, y seguirá siendo nuestro cometido, sin embargo hay afirmaciones que dejan entrever una apatía que no compartimos. No se trata de estribillos pegadizos o zarandajas similares, pues una canción está creada para ser cantada y necesita ser cantada, lo cual lleva inexorablemente a su rédito y conocimiento. Que tire la piedra quien ofrezca su sudor por cuatro palmadas en la espalda, o quien no desfallezca ante la fragilidad de una bella composición como “Coming Home”, una de esas epopeyas que une corazones, genera emociones y obliga a echar el freno, retroceder y pedir perdón. Los tipos grandes se miden, aparte de su evidente fisonomía, por su talla y la magnitud de sus actos, que en este caso son las bondades aglutinadas en “Take Me Higher”, el resultado de duros años de trabajo y natural proceso de evolución de una banda de rock’n’roll.

Una evolución que en determinados sectores parecen asociar a una servidumbre imaginaria, pero qué quieren que les diga. Es su trabajo. Es su apuesta. Es su condición, y es rock’n’roll, un robusto árbol de profundas raíces y ramas frondosas como “Cannonball”, colaborativa instrumental de largo recorrido frecuentada en épocas pretéritas, donde demuestran que confían plenamente en su discurso y oficio a pesar de las diatribas que suscitaron los abandonos de Kris y Dave, ya que gran número de seguidores sentimos la baja de ambos dos, para qué vamos a negarlo. Sus sustitutos, Henry a la guitarra y Warren con el bajo justifican su ingreso con su nivel de implicación, su conexión con Steve y Andrew y Robert Jon, y porque los tíos son unos currelas. El guitarrista contribuye con un amplio catálogo de recursos, y el bajista, marcando el shuffle necesario en beneficio del conjunto y remando para desembocar en la inmensidad de un océano que de alguna manera representa el porvenir de Robert Jon & The Wreck. Eso es lo que nos gustaría. Eso es los que deberían obtener con excelentes canciones como la titular, en la que el maremágnum instrumental pone las pilas como las contagiosas armonías de “Makes Me Wanna Yell” arquetipo de dinamismo y cooperación tejana, o como “Red, White, And Blood”, la fundamental reprimenda del álbum. Ocho canciones que individual y colectivamente establecen su facundo catálogo de referencias, donde certifican su valía asociando ritmos funkeros con psicodélicas emisiones en “Something To Remember Me By”, e impulsan al oyente a afrontar las incómodas odiseas con la misma determinación que ellos esgrimen en “Going Down”, poderosa e insinuante cadencia cuajada de armonías y sablazos en la médula espinal a modo de agudos solos manejados con explosividad y por medio de la efectiva guitarra de Henry. Vamos, que el sujeto se marca dos solos de escándalo. Breves, pero intensos. El disco es breve e intenso. El disco es elástico e inflexible. El disco lo grabaron en los estudios Sonic Groove en California bajo la producción de Jeff Frickman y dura poco más de media hora, no obstante te atrapa en el sensual vórtice imaginado por un hombre de ruda apariencia y considerable tamaño que descubre sus sentimientos a través de canciones, a través de soul, mensajes y mucho rock’n’roll.

Rafa Robledo

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