minientrada Las robustas raíces de Levi Parham rozan las nubes con Them Tulsa Boys. GR76


Martes 26 de marzo de 2019 en Kutxa Beltza, Bilbao

Con la única diferencia de los dígitos de la fecha y por supuesto los del año, el resto de la jornada transcurrió por semejantes derroteros a la anterior visita de Levi Parham al botxo. Último martes de marzo, día primaveral, apacible, luminoso y azul, propicio al paseo por la oxigenada ribera de la ría o cualquiera de las zonas verdes de la villa, adecuado para compartir unos minutos de charloteo o poteo con amigos, estar simplemente a la intemperie zanganeando o acudir a Kutxa Beltza al reencuentro del caballero. Entre tantas atractivas alternativas podría parecer una decisión complicada; nada más lejos de la (nuestra) realidad. Con antelación ya estaba tomada, y tras bastantes semanas alejados de estos saraos, retomamos el hábito con un fabuloso cicerone acompañado en esta ocasión por Dustin Pittsley y Jesse Aycock a las guitarras (alternando este último la lap steel), Aaron Boehler al bajo y Dylan Aycock a la batería, quinteto que en gran medida centraba nuestra conversación en el trayecto cuando de repente, a escasos metros de Kafe Antzokia… Exclamaciones de asombro, abrazos de bienvenida y sonrisas de felicidad por el inesperado y agradable encuentro con una amiga que cruzó la cornisa cantábrica para comprobar in situ, ya que no pudo asistir días antes al concierto coruñés, la energía que este hombre es capaz de generar en directo. Nada podía salir mal. Nada ni nadie podía deslucir el bautizo de la risueña gallega en el recuncho superior del Antzoki. Nadie podría quebrantar nuestras ánimas ni nuestros ánimos, así que en breves minutos nos plantamos en la sala donde departimos los habituales minutos previos entre cervezas, risas y pintxos, otra de las buenas costumbres de un lugar que poco a poco iba subiendo de temperatura y acogiendo más seguidores hasta lograr un más que decoroso aspecto.

56140421_2418179638272626_6459673195921276928_oEntre dimes y diretes el sonido ambiente desaparece, y el estruendo de la asistencia hace las veces de respetuosa salutación a unos chicos que ordenadamente se sitúan en sus posiciones haciendo lo propio con “Boxmeer Blues (Too Far From Home)”, eficaz punto de partida que revela la buena disposición de las guitarras, un enérgico Levi, una banda enchufada y un público entregado desde los albores de la actuación. Premisas que por otra parte, y salvo alguna liviana impugnación al respecto, no abandonarían en la centena de minutos de deleite para el personal, pues los rostros satisfechos, los continuos movimientos, los aplausos, los intervalos de respetuoso silencio (o exigido, porque algún acertado ssshhhhhhh lo requirió), la afinidad entre oficiantes y asistentes, los coros, los sudores y las euforias fueron tónica habitual de una soberbio recital cuyo segundo round sería “Heavy Weight”. Ahora, ¿versión “An Okie Opera” o “It’s All Good”? Versión Bilbao con un auditorio taconeando efusivamente el entarimado del recinto al ritmo del director Aycock, trepidando con la lap steel de su hermano y vibrando con las argucias del señor Pittsley en una Strato capital que por momentos parecía detener el tiempo. Hay magia en la alianza de este conjunto. Hay ganas, hay compromiso y en los semblantes de cada uno de ellos se aprecia bienestar. Se percibe la conexión con la concurrencia y eso se traslada al desarrollo de las canciones, el gran patrimonio que ha podido obtener este tío en su singladura. Canciones asentadas en la fértil ruta americana. Canciones que nacen de su querencia por clásicos escuchados en la colección de vinilos de sus progenitores y que de alguna manera marcan su desarrollo como autor. Canciones que en la intimidad acompañan y reconfortan, pero en las distancias cortas obtienen vida propia traspasando el umbral, convirtiendo la eventual melancolía en un torrente de escalofríos y algarabías gracias a la labor de guitarras homéricas, sensuales armonías y ritmos instigadores. Canciones como la inmaculada “Borderline”. Audaz, emotiva, cadenciosa, nostálgica y vertebradora. Un constante torbellino de sensaciones. De buenas sensaciones. Vamos, que contiene los elementos necesarios para que tu mente se evada y se afiancen los motivos por los que amas el rock. Cerrada ovación. Pero esos sobresaltos ya habían hecho acto de presencia con el progresivo blues “Badass Bob”, donde previamente pregunta con cierta socarronería si hay algún paisano de Oklahoma entre la audiencia (habría resultado curioso que lo hubiera, ¿no?), y más tarde concurren con los ecos camperos de “Don’t Care None”. Sucedió con el vicioso swing “Held In High Regard”, con cómplices rhythm&blues como “Steal Me”, con genuinos rockanroles como “Central Time” y estalló en una inusitada tanda de bises con “My Finest Hour”, otra de esas bellas historias proclives al gemido y la reflexión. Noqueó con “Kiss Me In The Morning”, en la que echamos en falta el saxo vacilón del disco, sustituido por las variaciones no menos vacilonas del señor Boehler y atinó con una apertura y cierre de este tramo final de obligada consideración. Tras la pausa el mocetón de Oklahoma se presenta a solas  guitarra en mano, y aunque dijera que no recordaba si la había interpretado dos años antes, nosotros lo podemos atestiguar. Sí, Levi, ese día levitamos con la purga “All The Ways I Feel For You”, y ese día disfrutamos con la trascendencia de “These American Blues”, la sentencia de una intensa velada de rock and roll. ¿Quién dijo que los martes son aburridos?

Rafa Robledo

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