minientrada Alt3r Fest, necesaria plataforma llamando a la tierra… ¿Hay alguien ahí? GR76


Bilborock, Bilbao, 20 de mayo de 2017

En la información previa compartida por nuestra parte dimos una serie de pistas sobre el festival, su nacimiento, su existencia, su significado y porqué veíamos oportuno que el público respondiera afirmativamente. No vamos a ocultar la ingente variedad y cantidad de propuestas que nos rodean en cuanto a funciones, conciertos o festivales ni vamos ahora a lanzar sermones de autenticidad, proclamar soflamas reivindicativas, ni mucho menos pretendemos cerrar los ojos ante esta realidad. Cada uno es muy libre de hacer con su ocio y el dinero del que pueda disponer lo que le venga en gana, faltaría más, lo cual no es óbice para que consideremos cuatro cuestiones. Quizás para algunos Alt3r Fest sea un festival de tantos. Tal vez para otros pocos sea un procedimiento más para explotar una fórmula, que dicho sea de paso ni es mágica, ni en todos los casos se utiliza con los mismos elementos, con los mismos medios ni por supuesto obtiene los mismos dividendos. Puede que el modelo no resultara demasiado atractivo para algunos ojos o puede que comencemos la temporada y la gente tenga que calcular milimétricamente sus elecciones. Demasiados interrogantes, demasiadas incógnitas y bastantes misterios sin resolver. Por otra parte la cuestión económica tampoco creemos que pudiera representar un gran problema, ya que hablamos de un precio asequible a muchos bolsillos, y el día en cuestión pudimos comprobar que había gente a patadas en todos los puntos calientes del botxo. Precisamente lo que echamos en falta en Bilborock.

Ahora, quienes se presentaron en Bilborock demostraron ganas y premiaron el esfuerzo de Grand Matter, Hoax Attack, Inoiz y Pomeray, encargados de inaugurar este proyecto en una sala acorde para la ocasión, cómoda, con buena acústica y técnicamente dotada. Una antigua iglesia transformada en santuario, un nuevo templo en el que varias de las formaciones locales han dado sus primeros pasos y quizás hayan depositado algunas de sus esperanzas. La primera actuación corresponde a Grand Matter, quienes se presentan con una grata sorpresa. Puntualicemos. Segunda sorpresa de la jornada, puesto que la organización tuvo una consideración digna de destacar, un detalle merecedor de un punto y aparte. Entras a un aséptico Bilborock a ritmo de Radio Moscow y de repente… Los logos de quienes nos hicimos eco del festival iluminaban el escenario.¿Más razones para querer a esta gente? Hinchados y entusiasmados nos dirigimos sin mayor problema a las primeras filas y saltan al escenario Jorge, Hal y Dani acompañados por el nuevo componente del cuarteto, Sergio, extraordinario fichaje que aporta frescura, experiencia y les vendrá de perlas por su dominio del bajo y su solvencia sobre el escenario. ¿O es al revés? No importa. “Clockwork Monkeys” y “Sweet Sound” suenan atronadores, demostrando que sus miradas apuntan a más rincones que a subterráneos garitos de Seattle, consiguiendo encender a la parroquia cuando fugazmente aparece la figura de Chris Cornell. Era evidente. Es un axioma. Un espejo no sólo por el timbre de voz de Jorge o las escaramuzas de los chicos. Algo más que un referente. El ímpetu utilizado lleva al vocalista a romper una cuerda, y Asier de Pomeray le presta una de las suyas. ¡Sería por instrumentos! Nos sumergimos en el profundo “Bizarrock”, suenan wah wahs, slides, percute la batería, envuelve el groove de las cuatro cuerdas y finalizan con uno de sus testimonios más conocidos: “No News Today”. Presentando credenciales, tanteando el terreno.

Pasamos lista y tras la G está la H de Hoax AttAck. De las cuatro bandas participantes era nuestro agujero negro particular, pues hasta ese día no habíamos tenido la oportunidad de verlos u oírlos. Podemos asegurar que el misterio cósmico (o discográfico, según cómo se mire) quedó resuelto con una concluyente sugerencia musical. Entre el público algunas camisetas de la formación, unos cuantos seguidores, bastantes aplausos, muchos coros a alguna de sus misivas (“Trampa mortal”, “Vuelve a volar”, “Recordaré”…) y suficientes muestras de aprobación para unos chicos que visitaban por primera vez la sala con su rollo edulcorado-metálico, e imaginamos que podría no ser la última. Prueba superada.

Tras engañar al estómago con unos pintxos por los alrededores raudos volvimos a Bilborock porque nos entretuvimos con cortesías y parlamentos con camaradas y porque los chicos de Inoiz estaban sobre el escenario. Como sucediera en nuestro ingreso inicial, desde la entrada hasta las primeras filas el camino es sencillo y fluido y comprobamos, una vez visto el setlist que llevan pocos minutos sobre el tablao. Con un imperante rojo fuego los tíos no dejaron de apretar el acelerador con rabia (“Guíame” o “Mentiras”), y no cejaron un minuto intentando implicar a los presentes con consistencia y tesón. Patrones similares a sus predecesores con más férreo tratamiento, claro ejemplo de banda para elevar puños, menear cabezas y agitar caderas. Tras unos buenos minutos bajo cadencia válida para eliminar toxinas o algunos kilos de más se despidieron gritando “Despierta”. Anotación: Si alguien del público hubiera necesitado tal advertencia, que se lo haga mirar. Voluntad, intensidad, empeño y canciones, que al final es lo que cuenta.

Cerrando por todo lo alto, unos jóvenes veteranos que siempre consiguen ponernos los pelos de punta con su lustroso muestrario de postulados nutridos de rock como concepto litúrgico, socorridas epístolas y oníricas apariciones. Aprovechando la coyuntura y aun siendo unos incrédulos en materia religiosa, es cuestión de mimetizarse en el entorno, que dicho sea de paso es algo que los chicos de Pomeray llevan por bandera desde tiempos raros. Desde tiempos de sueños en los que pateaban calles y locales bajo Las Visiones de Cody, germen del que fueron floreciendo y marchitando diferentes proyectos hasta llegar a esta última denominación. Para qué negarlo. Nos gusta su talante, nos gusta su condición. Nos gusta su percepción del movimiento underground, nos gusta su concepción del espacio, nos atrae su intuición armónica y nos seduce su pragmatismo y oscuridad. Nos fascinan sus mensajes encriptados y aquellos que son más directos como “Supernova”, la espoleta para calibrar la colaboración de los asistentes, mientras “Zu eta ni” representa la respuesta efectiva y la sentencia de los incrédulos (si los hubiera), “Delirios de un marciano Neoliberal”. Estaba sucediendo. Volvíamos a pillar el billete de la nave interestelar tripulada por Asier, Gontzal, Mendi y Lander junto a una afluencia enajenada por su vorágine de distorsiones, pasiones y luxaciones cervicales. Nos aproximamos al final del trayecto y para ello guardan un ídem de infarto con las mordientes guitarras de “Perro”, la futurible epopeya “Bilbao XXIII” y el finito de la creación, el ardiente slide de “Big Bang”, la persiana de Alt3r Fest, un pequeño y modesto festival. Un certamen original.

Rafa Robledo

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