minientrada La eucaristía de Brother Hawk. GR76


Kutxa Beltza (Kafe Antzokia), Bilbao, 19 de octubre de 2016

_mg_4464Nuestro transcurrir por santuarios varios donde se celebran ceremonias oficiadas por clérigos o juglares tenía una convocatoria deseada tiempo atrás, un lustro quizás. Aunque se podría perpetuar en el espacio-tiempo, al igual que sus primeras misceláneas publicadas en reflexivos ensayos (“Love Songs” o “Affairs Of Plain Living”), parte de ellas reunidas en su reciente tesis doctoral, la sanadora “Big Medicine” que versa sobre la vida, el sufrimiento, el amor o el misterio. El ser humano y sus sentimientos, su búsqueda, su añoranza, su camino. Admito nuestra debilidad por estos prelados de nuevo cuño. Admito que sus proclamas de salmos y mixturas nos tiene prisioneros en cautividad. Admito que somos pecadores, somos mortales y estamos sujetos a varios patrones para continuar en esta sufridora empresa en la que estamos hacinados, sin embargo nadie nos puede arrebatar el derecho a soñar, viajar, llorar o aspirar, la paz y el ánimo de la poesía o el desahogo emocional que nos proporciona el rock n’ roll.

Pongámonos en situación. Proveniente de las lejanas tierras presbiterianas de Georgia, esta congregación tiene a bien eva_mg_4693ngelizar a los fieles con cánticos redentores, místicas proclamas o mensajes espirituales, amparan dictámenes de expertos como el viejo Young, el señor Mascis o el doctor James e interiorizan en el comportamiento humano para trasladar enfáticas teorías que justifiquen la lucha individual por hallar la felicidad, arrinconar el odio o abrazar la libertad. Todo ello envuelto en melodías y armonías homéricas que brotan del corazón y alimentan el espíritu con progresivas instrumentaciones, con impetuosos lances de elegancia y pasión, con modales sureños y manuales norteños. Por lo tanto nuestro pensamiento se centraba en Kutxa Beltza, el apartado superior de Kafe Antzokia, un lugar apropiado para sentir la comunión entre oficiantes y feligreses, idóneo para celebrar la eucaristía de Brother Hawk.

Como antes hemos dicho somos débiles, somos almas penitentes, somos reincidentes y siempre que las circunstancias nos lo permiten buscamos el refugio en reuniones que fortalecen y generan la energía potencial suficiente para continuar el camino. Así que nos presentamos puntuales a la cita esperando ver caras conocidas (que las hubo), pero en cuanto vimos aparecer las sombras de los caballeros, todo lo demás pasó a un segundo plano. Experimentamos una tercera fase efervescente, magnética… Por muchos epítetos que utilicemos difícilmente lograremos definir la magnitud de una velada como la vivida. “¡Buenas noches, Bilbao, we’re Brother Hawk and this is “Have Love, Will Travel”…!” _mg_4660Rostros asombrados, máquinas fotográficas que no dejan de disparar (bueno, una licencia, porque no agradaba demasiado la luz utilizada), testas y extremidades al viento, gritos de delirio y la sensación de suspensión molecular conveniente como para saber que no era erróneo tu presentimiento. Desde ese preciso instante volamos, viajamos, sentimos el poder de los caracoleos de un Hammond catalizador, el ritmo explosivo de una contumaz batería, la cadencia perfecta del imprescindible bajo, una arrolladora Les Paul y voces que gemían, que insuflaban alegría o se clavaban en el corazón cuando imploraban “Half Empty”. Nick, Allan, James y J.B. van añadiendo más tensión logrando abismales ambientes, cálidos momentos donde la musicalidad se entrega henchida a la solemnidad y los acordes de “Big Medicine” se adueñan del local cuando las lágrimas aparecen. Toca recordar, visitar seres queridos. Toca sentir la llamada del corazón, abstraerse y estremecerse con una guitarra determinante. Toca sentir el ardor en una plegaria donde el amigo Brinsendine deja constancia de una gran capacidad compositiva e interpretativa arropada por los quebrados y sinuosos teclados del señor Johns, que vuelve a someter al personal en el desarrollo psicotrópico de “No Room To Rust”, un quimérico cóctel de sensaciones y vibraciones, un vendaval ante el que parecíamos sucumbir. Con el público exhausto y envuelto en sudor nos ofrecen más rogativas llenas de sensibilidad (“Ghosts”), entusiasmo y fragilidad donde te gustaría parar las agujas del reloj y rasgar esa agotada Les Paul… Rematan con “Scarlett”, un chute de nostálgica hermosura, la epístola final, la conclusión. Impactante. Habíamos hallado nuestro paraíso particular, habíamos ascendido las cumbres del subconsciente y tocado las estrellas de un luminoso firmamento con la yema de los dedos, pero un obsequio nos aguardaba. Un axioma, un evangelio: “Cortez The Killer”. La expiación.

Rafa Robledo

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