minientrada Chris Robinson & Brotherhood. Paz, amor y rock&roll. GR76


Cuando el espíritu de Jerry García revoloteó sobre la Razzmatazz. 11.03.2016

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He dejado pasar el tiempo, pero  aún así me cuesta expresar con palabras nuestra experiencia vivida ante Chris Robinson & Brotherhood en la Razzmatazz de Barcelona. Sería causa del viaje en avión desde Galicia, de esos rayos de sol que acariciaban nuestra blanquecina piel después de meses de invierno, de esos paseos por la ciudad condal obrera y turística, entre callejuelas y rastros en busca de vinilos a buen precio muchos de ellos aromatizados con hierba recién cosechada, o simplemente el hecho de que por fin podríamos degustar en directo de una de nuestras bandas fetiche, algo que años atrás creíamos imposible.

Aunque también supongo que es normal que no queramos asimilar lo vivido, porque en cuanto lo hagamos querrá decir que ya hemos despertado de ese sueño del cual a pesar de la infinidad de pellizcos que nos auto infligimos jamás desearíamos regresar. Pero aunque me cueste, intentaré resumir con palabras lo que CRB nos ofrecieron en una sala Razzmatazz con aprox. 600 almas.

Nada más llegar a la entrada de la Razzmatazz uno podía sentir como su cuerpo poco a poco iba siendo invadido por esa energía positiva que irradian este tipo de conciertos. La gran mayoría de los que estaban allí a nuestro alrededor ya eran felices solamente con el hecho de vivir estos instantes pre-concierto, pero evidentemente estábamos impacientes por subir esa elevada escalinata negra y cruzar la puerta de ese oscuro recinto que terminaría siendo iluminado por la magia creativa de la que ha día de hoy podríamos definir como: Herederos del espíritu Grateful Dead.

Ya en primera fila y cerveza en mano, observo las aterciopeladas y coloridas banderas colgadas al fondo del escenario. Me sitúo frente al órgano de Adam y comienzo a vivir la primera historia surrealista de la noche. Conversaciones de fotógrafos y sus acompañantes que no sabían quién tocaba esa noche. Todo se vuelve más absurdo cuando sale la banda  y más de uno se queja de que estos no son los Black Crowes. Pues claro que no son los B.C., ni siquiera se parecen, pero malo será que no os guste, le replico yo (increíble que en el 2016 aún existan individuos que vayan a un concierto sin saber lo que van a ver).

“Taking Care Of Business” comienza a sonar y mis pies no pueden evitar contagiarse del ritmo marcado por esta maravillosa canción, así que comienzan a deslizarse suavemente de lado a lado deseosos de comenzar a dar saltos sin sentido, simplemente siguiendo el compás. Lo mismo me pasaría con “Some Day Past The Sunset”, uno de los temas que más recuerdan  a esos  The Black Crowes que algún despistado creía que tocaban esa noche. Tema donde Mark “Muddy” Dutton (el cual ha abandonado las filas de la banda al llegar a USA) tiene todo el protagonismo, marcando el camino a seguir con su bajo desde inicio a fin de la canción, donde por cierto comienzan a brillar las manos prodigiosas de Neal Casal, en este caso con un slide guitar al alcance de muy pocos.

Una vez más CRB dividirían su show en dos partes. Si lo pienso fríamente, desde el punto de vista del que desconoce sus canciones y no se sienten atraídos por ellos, podría decir que en  la primera sección  el exceso de canciones más relajadas y   cargadas de instrumentalización, enfrió un poco el ambiente. Es cierto que con la inicial “Taking…” nos hicieron bailar e incluso esbozar alguna que otra feliz sonrisa,  pero con “Jump The Turnstile”, “Road County Jambo”, “Hard Day Gonna Fall”… nos sumergieron en un abismo de matices psicodélicos difíciles de asumir por aquellos oídos que nunca se han sentido atraídos por el universo de jam bands como Phish, Widespread Panic, Allman Brothers, Gov’t Mule….

Para finalizar el primer round nos volvieron a demostrar que ellos están aquí para divertirse y hacer la música que les apetece sin más. Incluso el propio Chris cansado de la expectación que levanta su simple presencia, deja que sea Neal Casal quien coja todo el protagonismo de la banda en directo. Es en estos precisos instantes cuando Casal nos deja a todos con cara de no creernos lo que estamos viendo ante nuestros ojos. Este hombre sencillo, que sin hacer grandes aspavientos nos va atrapando con la sutil técnica que posee para sacar de su guitarra y sin mayor esfuerzo algo tan increíble como esas dos maravillas llamadas  “Roll Old Jeremiah” “Can You Hear Me”. Dos canciones que además entrelazan entre sí en la jam más larga de la noche y que terminará con un merecido sonoro aplauso, al tiempo que Chris y el resto de los chicos se miran entre sí entre sonrisas cómplices. Unas palmas que por cierto seguirían retumbando en la sala medio llena, acompañando los primeros acordes de su famosa “Rosalee”, canción preludio de un merecido descanso de un  concierto que hasta ese instante podríamos decir que había dejado un sabor agridulce entre gran parte de los presentes.

Vuelta al escenario, Chris saluda haciendo el símbolo de la paz y  sin más suena “Shake Rattle & Roll”. El segundo asalto comienza con un derechazo en toda regla, una magistral canción que por fin despierta de su letargo a gran parte de un público ligeramente adormilado. Las primeras filas sienten la fuerza del tema más soul de la noche y se sumergen en un baile pausado que de repente se acelera en cuanto Neal Casal alarga el solo de guitarra ante la mirada atónita del resto de la banda. Otra lección de improvisación.

“Ain’t It Hard But Fair”, “Beggar’s Moon” nos devolverán al mundo de las jams, donde viviremos uno de los momentos del concierto con esta última, cuando todos juntos cantan el estribillo  “Shine a light” y lo alargan en un armonioso coro que nos incita a seguirlos a las voces, mientras cerramos los ojos y seguimos soñando.

Nuestras pulsaciones estaban por debajo de 60, estábamos en una nueva fase del conciertothe-chris-robertson-brotherhood donde la música parece relajarnos más de lo habitual en un concierto de rock, y de  repente se hace el silencio. Adam toma un trago de su “limonada”, mira hacia el público mientras el incienso arde abundantemente creando una espesa nube a su alrededor, se gira hacia uno de sus órganos, vuelve a sonreír al resto de los componentes y … No damos crédito… ¿es esto “West LA Fadeaway”…?  Si no podíamos dejar de pensar en Jerry García y sus Grateful Dead desde que comenzó el concierto, ahora más que nunca su espíritu se ve revivido frente a nuestros ojos, e incluso nos ponemos en la piel de un  Dead Head. Esta noche está siendo mágica, pero son cosas como ésta las que consiguen que todavía termine siendo más especiales si cabe. Cinco músicos rindiendo homenaje a su banda mesiánica, a esa en la que se inspiran día tras día para escribir cada una de sus canciones y sobre todo para volver a disfrutar de lo que más les gusta en esta vida: la música en directo. Son músicos que no tienen la obligación de complacer a la crítica musical y mucho menos al lobby de la industria del disco, ellos hacen lo que quieren principalmente para complacerse a sí mismos y eso se aprecia en cada instante de este concierto.

“Vibration & Light Suite” y de repente Adam comienza de nuevo a dar rienda suelta a la improvisación, añadiendo una buena dosis de efectos en su múltiples teclados. Esos que por momentos aporrea cual loco recién salido de un prolongado internamiento. Entre  fuertes sacudidas de cabeza a través de sus cabellos por momentos se vislumbra una mirada cómplice enfocada hacia unas primeras filas colmadas de individuos que no pueden dejar de mover sus cuerpos y sacudir sus melenas mientras “I Ain’t Hiding” atraviesa nuestros cuerpos. Esos cuerpos que no tardarían en dar buena cuenta de otro de los temas de la noche con el que darían fin a la segunda parte del setlist. “Shore Power” hace revivir hasta el más remolón de los presentes. ¿Quien es capaz de permanecer impasible ante semejante ritmo frenético? Nosotros lo teníamos claro, si la noche terminaba así no estaba nada nada mal… era el momento del desmadre y la fiesta, del baile y los gritos, del desahogo interno, diciendo adiós a los problemas cotidianos, porque es momento de disfrutar y os puedo asegurar que el público de la Razzmatazz no perdería la oportunidad de hacerlo.

“Shore Power” parecía ser el final de fiesta ya que la banda se escondió rápidamente entre bambalinas. Claro que nos habría encantado disfrutar en directo de canciones como “Appaloosa”, “Poor Elijah”… pero el tiempo está limitado y la sala antes o después tiene que engalanarse para la party discotequera que viene a continuación.

Pero de repente el público  que por momentos parecía estar ausente nos sorprende con un aplauso masivo. La banda aparece nuevamente, se colocan cada uno en su correspondiente puesto y nos deleitan con una indescriptible “Big River”.  Otro viaje alucinógeno por medio de una larga jam que dura aproximadamente 15 minutos.

No podemos desmentir aquellos que describen a Chris como un cuerpo impasible armado con su guitarra en el centro del escenario (os recomiendo ver vídeos de  Jerry García). Pero es que a estas alturas él no tiene la necesidad de andar descalzo y dando saltos como en sus cuervos negros, además a su derecha se encuentra su inseparable compañero Neal Casal sobre cuyas manos recae toda la responsabilidad de la banda.  Chris se preocupa de acompañar con su guitarra y cantar como si de un predicador se tratara, y es indiscutible que su peculiar voz atrapa incluso al más reacio a escuchar sus salmos, dejando claro que no precisa esforzarse en absoluto para seguir siendo quien es. Además en la actualidad se encuentra perfectamente respaldado por unos músicos que cubren con creces aquellos posibles altibajos (para mi inexistentes) que bastantes los asistentes siguen achacando al finalizar el bolo. Probablemente los que escucho rumorear sean esos mismos que en un principio no sabían que venían a ver, o creían que se encontrarían un revival de los Black Crowes. Craso error amigos, ya que CRB son otro mundo aparte,  una gran banda que  solamente entenderás y apreciarás si has mamado a los Grateful Dead u otras jam bands similares cual leche materna.

Tras el término del concierto mi mente estaba continuamente ligando escenas de esta noche con la película “Sunshine Daydream“. Aún sabiendo que muchos criticarán mis palabras e incluso las tildarán de exageradas. Yo sigo convencido de que lo vivido junto a CRB ha sido sencillamente impresionante, un verdadero viaje en el tiempo donde gracias a su música recalamos en infinidad de parajes hippies, donde cada uno es libre de sentir y vivir la música como le plazca, sin tener que preocuparse de lo que pensarán los demás.

Así que no  podría cerrar esta crónica sin decir antes: PEACE,LOVE, ROCK&ROLL… AND REMEMBER, THE MUSIC NEVER STOPS. (Galys)

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