minientrada Sven Hammond: Contrastes del alma. GR76


Kafe Antzokia, 4 de marzo de 2016

Tal vez la grata novedad que supuso la aparición de Sven Hammond en Azkena Rock haya tenido mucho que ver en su vuelta apenas ocho meses más tarde. Quizás las buenas vibraciones vividas tanto en la campa de Mendizabala como en la abarrotada Virgen Blanca a pesar del sofocante calor hayan supuesto un acicate para volver a apostar por ellos y animarles a cambiar las gafas de sol y las bermudas por bufandas y paraguas, embarcarles en un tour invernal hispánico que durará una semana y volver a disfrutar con su estimulante colección de excelsas odas bailables, ritmos penetrantes y arrebatos de inquietante espiritualidad. _MG_2636Cuando supimos que su gira comenzaría en Bilbao el interés por asistir pesaba más que otra contingencia. Lunes, marzo, y la posibilidad de que la meteorología nos jugara una mala pasada, sin embargo la tempestad que podríamos presenciar y disfrutar en el antiguo cine se antojaba imperiosa. Una vez disipada la disyuntiva nos propusimos acudir, cuando de repente, en un rápido y fugaz destello nos hallábamos en un despejado Kafe Antzokia, presentando una imagen poco alentadora. Una imagen anodina, pero real. Incómoda, pero cada vez más habitual.

Pasemos página y hablemos de sobriedad, de honestidad, de empeño, de unos tíos que si ya nos atraparon en ese pasado reciente con su abanico de sonoridades, esta vez sumaron a todo ello su cordialidad y cercanía. Ya barruntábamos que posiblemente su setlist gravitaría en torno al núcleo “IV”, último planeta descubierto en su sistema, pero nos sorprendieron con resplandecientes satélites como el inaugural “The Usual Suspect”, recuerdos de una trayectoria que tienen muy presente y donde se adivina el cariz de una banda fiel a un background que han sabido administrar con soltura, añadiendo más matices a ese término Soul que incluían en su nombre. _MG_2745.jpgEse proceso se llama “Pain”, donde la guitarra del señor Tim Eijmaal comienza a idear constelaciones que surgen de una Gibson áspera y una pletórica Grestch, polvorientas las dos, ambas capitales, a abrirse camino entre la voz modulada y precisa de Ivan Peroti y la llamativa figura del conjunto. El Hammond. Aglutinador. Sven Figee. Enorme. Dos metros de fornido barbado holandés profundamente enamorado por los sonidos que emergen de las calles de Harlem o se sumergen en los garitos de jazz de New Orleans, los universales susurros del blues o los contoneos producidos por el swing. La magia del hammond sugiere, caso de “Hero” o provoca, caso de “Resonating Heartbeat”, el primer diálogo entre banda y público, la primera sacudida de energía que sin llegar a ser una algarabía, se podría decir que fue la chispa que encendió al personal. No seremos nosotros quienes recuerden a Marvin, Curtis, Nina o Irma, eso se lo dejamos a los sociólogos. Nosotros nos movemos por el sentimiento, por el feedback, por la lisérgica descarga de “Kiss The Ground” o los devaneos de “Moet Jiji Wete” que sirven para aproximarse a su vertiente más instrumental junto con “Pussy”, ocasión perfecta para comprobar la calidad de Glenn Gaddum y Joost Kroon, versatilidad rítmica en el bajo y batería respectivamente. “King” conmueve, te eriza la piel, sientes la libertad que trasmite y envuelve, resultando complicado no llorar con gritos desesperados… y en ese preciso instante… el precipicio. El recuerdo. El encuentro. Suave como el algodón, duro como el ébano, fuerte como el corazón.

Fuimos testigos de un debut peninsular donde sus descarados sopapos de empastado soul, enérgico rhythm & blues, sensuales ritmos y enfurecidos empujes catapultados por un psicotrópico hammond armonizaban una actuación bien estructurada, donde es difícil mantener pétrea la cabeza, prácticamente imposible que los pies no marquen el compás y las caderas hostiguen el perímetro con un “Brother Drunk” elevado a su máxima potencia en las distancias cortas. Santos barones. Algo similar sucedería con el ritmo arrastrado de “Bad News” donde retan, piden clemencia, manifiestan su compromiso y desatan la pasión entre el personal. Sencillo y magnético, efectivo. Lúdico. Pasional. Volátil. “Fly”. Jugueteo con gran capacidad de persuasión de unos tipos incisivos y entregados que volverían en un bis arrollador donde resulta complicado que los sentidos no se fundan con la batería crepuscular de Joost Kroon recordando al señor Hendrix. Firme, progresiva, decidida, audaz… Inmensa. Nos emplazan a una futura ocasión y se despiden con los aires funkys y seductores de “After Smoke” demostrando ser unos tipos normales que ante todo disfrutan con su música y en cada canción empeñan un trocito del alma, ya sea en las más candentes o en las más sensibles, en las más sensitivas o en las más espontáneas, aunque haya quien piense dónde está la diferencia. Kafe Antzokia fue testigo de ese contraste. Si lo quieres conocer….

Rafa Robledo

 

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