Saturna: “Light And Shadow” | GR76


Las referencias de los últimos tres años sobre Saturna han girado en torno a la figura de James Vieco, pues en este intervalo el compositor principal, guitarrista y cantante del conjunto barcelonés se ha volcado en su reto en solitario y en otras venturas paralelas. Puede que esta circunstancia haya sido la causa que les haya impedido entrar a un estudio de grabación, si bien sus compañeros se han mantenido bastante ocupados también. El bajista Rodrigo Tirado ha trabajado codo con codo y hasta los solsticios con él, el baterista Enric Verdaguer, aparte de su labor como ingeniero de sonido, con Monte Vista Drive y el guitarrista sueco Max Eriksson, comprometido con la banda amiga The Mothercrow. Cuatro individuos curtidos en mil batallas y cuatro músicos con las ideas bastante claras aunque deban de multiplicar sus quehaceres para obtener óptimos resultados que, visto lo visto o, mejor dicho, tras escuchar con suma atención “Light And Shadow”, recogerán sin ningún género de dudas. Había ganas de nuevo material de los catalanes, no lo vamos a negar, y la espera ha sido productiva porque su interior está compuesto de trece canciones cuajadas de vitalidad, elegancia y gran variedad de abecés que suscitan curiosidad y son, en definitiva, razones más que suficientes para su audición.

Conocen perfectamente el lenguaje del rock n’ roll, de ello se lucra el larga duración y, por supuesto, la hinchada quedará atrapada en su viciosa espiral de poderosas guitarras (“No Questions”), paradisíacas acústicas (“Drifting”) y psicodélicas reminiscencias (“Absence”) que regularmente asociamos a una determinada corriente musical cuando, en realidad, la pluralidad de planteamientos prevalece sobre juicios concretos. Esa fusión de ideas o conceptos ha sido una de las patentes peculiaridades de Saturna desde que dieran sus primeros pasos, y “Light And Shadow” no iba a renunciar un ápice en su incansable búsqueda del equilibrio artístico o confort personal. Cada disco editado ha supuesto algo más que un número más a añadir, y la evolución tanto en su sonido como en sus composiciones ha sido constante. En esta ocasión han inspeccionado con ingenio gérmenes y estelas desarrollando con genio su potencial como queda demostrado en, por ejemplo, una “Falling Apart” que, aun siendo una excelente revisión de los setenta en la que, probablemente, podamos imaginar o insinuar varias semejanzas, avanza y apunta sin remisión hacia un futuro que nos gustaría fuera magnánimo con los chicos.

Este álbum que valoramos como una especie de ejercicio de liberación, pues su encabezamiento ya es sintomático, contiene varios detalles para que lo consideremos como tal. El primero, el encabezamiento. Elocuente. Sintomático. Personalmente, las expectativas eran grandes y por fortuna se han materializado, ya que a lo largo del trabajo publicado por Spinda Records y Ripple Music en colaboración con Discos Macarras, transitan con total libertad por el tiempo y el espacio mediante “So Long” o “Self Told Lies”, otros dos ejemplos de intensidad bien entendida y bien ejecutada, porque aglutinan muchas de sus indiscutibles influencias explotando las guitarras y las punzantes modulaciones, así como un escalofriante groove que irremediablemente provocará convulsiones. Diametralmente opuestos concurren, ya que se trata de concisos fragmentos acústicos, “About You”, “Opus One” y “A Strange Mix Of Humans”, contando con las colaboraciones de Mariano Rupil con la guitarra acústica en los dos últimos casos y la profunda voz de John Mann en la tercera. Pausa, sosiego, introspección. Vuelta a empezar.

La apertura por medio de “Unheard” es progresiva y taxativa, una decidida apelación que remueve el pasado e induce a continuar atendiendo el álbum sin pestañear un segundo, puesto que sus casi cinco minutos de duración vienen a demostrar la polivalencia y personalidad de un cuarteto que, aun comprendiendo que existen los contrastes, no entiende de fronteras. Una representación de esas impresiones es “Light And Shadow” no solo por su designación como título central o por la diferencia cromática de su enunciado, sino por los destellos que manan de su positiva frecuencia. Por cierto, habíamos hablado de un par de colaboraciones, pero habíamos olvidado a Lucas Herrera que acompaña con Rhodes y Hammond en “Drifting” y “Falling Apart” respectivamente, lo cual favorece a que perduren en la psique, pues ambas condensan la dimensión de la banda. Y esa dimensión o volumen no sería descifrable sin el impresionante legado de universales estrellas que catequizan y llegan a dominar el subconsciente hasta el punto de concebir melodías subterráneas como “Words Of Doom”, o una desinhibida “Up For The Ride” donde la eficacia de las guitarras es tan trascendental como el indispensable rigor métrico, el fortalecedor mensaje y la siempre gratificante asistencia de duendes y esencias que habitan en la oscuridad o la claridad.

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