Doce años después de su estreno discográfico, los Kleejoss vuelven a la carga con nuevo material. Mejor dicho, “Un Apocalipsis Después” vuelven a abrir su particular caja de Pandora que contiene optimismo y esperanzas en lugar de incertidumbres, si bien es cierto que esta vorágine del rock n’ roll colecciona una serie de contradicciones, frustraciones y desengaños a los que no son extraños. Ellos son maños, y como tal anteponen las veces que se han levantado incluso revelado a las encrucijadas que la vida haya colocado en su camino. Sobre ello versa la canción titular. Sobre las etapas que vamos quemando o las pequeñas metas que deseamos alcanzar, o al menos es una conclusión quizá personal. Puede que subjetiva o incorrecta, pero precisamente el olfato y el alto componente reflexivo de las mismas, es una de las grandes bondades de las canciones de los cariñosamente tratados por sus incondicionales como klijos. Desde sus inicios, ya fuera en un idioma o en otro, sus escritos mantienen un buen equilibrio ente versos y notas, y seguramente esa circunstancia haya motivado que las recomendaciones acerca de los Kleejoss se multipliquen y, por ende, que ellos continúen en esta entelequia real.
El lanzamiento de este noveno disco (octavo en estudio) supone otra vuelta de tuerca en el historial de la banda. Una nueva etapa, que se suele decir, si bien es cierto que la biografía de los amigos está poblada de metamorfosis y nuevas tentativas. Nunca cambio de rumbo. Como bien dice “Alma”, otra de las diez recetas de un álbum que sigue la estela de los predecesores, ni se plantea esa posibilidad, lo cual ni mucho menos viene a significar que en su interior no podamos hollar nuevos territorios o hallar recónditas cumbres donde podamos “Respirar” en libertad. Por cierto, marca registrada de la casa. Una seña de identidad tanto en sus perceptibles sinergias como en sus determinantes energías, o en la encomienda de epílogo explotada con acierto e ingenio desde sus primeras andanadas. Aunque su desarrollo, graduación o mensaje puedan parecer inequívocos, el aporte de un sorprendente y estremecedor órgano robustece al ahora terceto que, por otra parte, era una formación conocida desde que grabaran una actuación con motivo de su décimo aniversario y, posteriormente, publicaran a modo de agradecimiento hacia la gente que los ha acompañado en esta larga odisea.
Ese disco, “Live X”, era un puente y puede ser una maravillosa introducción para aquellas personas amantes del rock n’ roll que no estén demasiado familiarizadas con el universo Kleejoss, porque es un más que adecuado punto de encuentro. En el directo se sienten cómodos, explotan sus virtudes y despliegan su complicidad. En las fechas más inmediatas darán cancha a su incontable arsenal pedagógico, así como “Toda la Verdad”, un estrépito que no faltará en sus funciones y nos atreveríamos en señalar que, como sucede en el reciente decálogo, puede convertirse en la bienvenida de las representaciones puesto que su contenido es atractivo incluso adictivo. Además, un excitante preludio enaltecido también por ese misterioso órgano antes señalado que pasa por ser una de las innovaciones, aparte del consabido triángulo mágico integrado por guitarra, bajo y batería. No obstante, resistiendo a los cambios permanece al frente de la sociedad el tándem Kleiser–Jossico que, evidentemente, es la raíz, la pareja fundadora del invento y pocas aclaraciones necesita al respecto. El otro vértice es Nacho Prol, un tipo polivalente que se ha ganado el cariño de la gente no solo por su aptitud musical, sino por su cercanía y simpatía.
No cabe duda que los tíos viven el día a día con intensidad y todo ese trabajo analítico se ve reflejado en títulos como “Bloody Mary” que, dependiendo de mentes o imaginaciones, podría conllevar diversas interpretaciones, pero tiene un único sentido. La deberías escuchar y, si fuera necesario, despejar incógnitas intentándolo de nuevo. Comprenderías porqué hablamos de esperanza en el discurso de Kleejoss, entenderías varios enigmas y posiblemente captarías la ambigüedad (bien entendida) de la escritura de un Luis que maneja perfectamente las parábolas y las rimas que, debido a la situación, ha doblegado su función con la guitarra. Su socio, o sea, el baterista Jossico, continúa encargándose de la labor ilustrativa de artículos y discos; en este caso, el diseño parte de una imagen tomada por el fotógrafo y amigo Joan F. Ribas realizada en una de sus guaridas talismán: Eivissa. Hay más cobijos donde se sienten como en casa, pero lo más probable es que dejáramos alguno en el tintero, que es precisamente algo que no hacen ellos si se trata de poner el dedo en la llaga. Un buen ejemplo podría ser “Vacío y Eco” con ese aire picarón, una armónica sancionadora y un rock n’ roll que azuza e instiga a mover el esqueleto orientando las operaciones, incluso las divisiones, hacia algún truhan que nos gustaría olvidar, pero no podemos porque son multitud. De ahí las resonancias. De ahí las censuras. De ahí las cavidades.
El capítulo de novedades va más allá del alias o la alineación, puesto la edición del álbum corre a cargo de Erizo Music y realizaron la grabación en los Estudios La Ermita propiedad de Cristian Barros, quien se encarga también de la producción del disco junto a los protagonistas que, paradójicamente, han adquirido mayor musculatura pese a haber perdido unidades. No quiere decir que anteriormente no estuvieran conjuntados o el cuadrado cojeara por alguno de sus vértices. No van los tiros por ahí. Son decisiones que has de tomar. Cuestión de empeño y confianza que no están dispuestos a dejar “Para Mañana”, donde se perciben esas evoluciones que venimos subrayando, aunque su determinación siga intacta y sus intenciones, en búsqueda de nuevas oportunidades como cantan en la fortalecedora y desahogada “Nunca vi el Pacífico” de abundantes relieves y precisos encargos, o mediante “Mi Paraíso”, elocuente composición que transmite buen rollo con sus salerosas armonías, su contagiosa cadencia y estimulantes razones para no tirar la toalla. Fieles a un principio, conservan su voluntad y las expectativas olvidando heridas por cicatrizar que, por otra parte, son inherentes a este camino atiborrado de “Puñados de Tierra”, sinuosa escala del doce de exquisito tratamiento y máxima vigilancia, pues el valor de su tempo es semejante al de su acento. Tal como dicen, han vuelto a empezar y ahora les toca contar “Toda la Verdad”, a cantar “Un Apocalipsis Después”.

