Bringas: “Aprendices” | GR76


Han pasado cinco años desde que la banda Bringas editara “Siempre Nunca”, hasta hace unos días su último trabajo que con la reciente publicación de “Aprendices”, remonta hasta ocupar la penúltima posición. Transcurrirá un tiempo y las experiencias, las reflexiones, los contextos, los sentimientos, las contrariedades o las esperanzas que Gorka Bringas, alma mater del consorcio que adopta su propio nombre vaya recogiendo en su agenda personal, formarán parte de otro estudio sonorizado sobre la condición humana que no dudamos esté ideando desde hoy. A grandes rasgos, y desde que emprendiera el camino en 2012 con el ilustrativo “Buenas Intenciones” donde mostraba la intención o finalidad de sus escritos, esa ha sido su postura gramatical. En cuanto a su perfil musical, rock and roll de la vieja escuela expuesto con vitalidad y frescas estratagemas que afianzan su perseverancia y continuidad en este peculiar hábitat de duendes y sirenas.

O aprendices, que al fin y al cabo debería ser nuestro empeño en común, ya que el aprendizaje ha de ser continuo y es el nombramiento del quinto manuscrito de la formación bizkaina. Por cierto, el disco arranca (acompasado) con la canción de mismo nombre y probablemente haya quien piense o defienda que le recuerda a fulanito o que tiene parecidas hechuras a las esgrimidas por menganita, pero las fuentes son imprescindibles en cualquier disciplina artística, así que borraremos de un plumazo (que cogemos prestado de la letra) aleatorias semejanzas, si bien estas prácticas pueden ser lucrativas para los intereses, en este caso, de Bringas. Sin embargo, no caeremos en la tentación de nombrar a alguien que no sea centro de este relato. Es decir, tan solo nos ocuparemos del guitarrista pluriempleado Pit Idoyaga, del diestro bajista Borja González, el organista todoterreno Isra Redondo o el nuevo chico en la oficina, el baterista Miguel Labanda que junto al ya mencionado Gorka Bringas componen esta coalición con casi tres años de respiro autoimpuesto, pues sus integrantes comparten agendas con otras formaciones y han de administrar sus gestiones.

En cuanto a los paralelismos, deberíamos hacer los deberes sin meternos en camisas de once varas, porque “Sobran las Palabras”, que es otra de las canciones incluidas en el álbum utilizada, junto a “Deberías saberlo”, como singles compartidos con anterioridad. Elocuentes epígrafes. Sintomáticos, suficientemente descriptivos, con metodologías divergentes pero parejas en sus respectivas construcciones melódicas y un común denominador en el aspecto filológico. De ambos lanzamientos hablamos en su momento siendo, ahora, el turno de un cedé que se explica con dulces melodías y rotundas alegorías, con guitarras inspiradoras, cautivadores armonios y envolventes ritmos. Con incandescentes títulos como “El Sol” cuyo contenido musical es tan cálido como el astro rey, o susceptibles mensajes en una botella que quizás algún día, o en algún momento y gracias a “La Corriente”, lleguen a buen puerto. Por otra parte, no deja de ser el embarcadero donde Bringas debería fondear o amarrar su velero, pues después de arriesgar tantos años con su apuesta personal o bajo otras identidades, debería alcanzar la ansiada estabilidad. No deja de ser el gran objetivo del ser humano. No deja de ser un acicate para continuar en la brecha. 

Durante este meditado o forzoso impasse la banda habrá experimentado, al igual que el resto de los mortales, treguas y abismos, calmas y tensiones, ambiguas decisiones, atinadas resoluciones, inesperadas conversiones o amargas despedidas que son, en definitiva, el sustrato del que se alimenta “Aprendices”. No obstante, y a pesar de los pesares, no han considerado el abandono porque el rock and roll corre por sus venas. Es su medio, el espacio donde dan rienda suelta a su imaginación, comparten sus nostalgias y donde exponen sus inquietudes en las dos formas o formatos que acepta el rock and roll: música o notas, versos o letra. A modo de ejemplo, apreciamos rotundidad, inspiración y mayor relevancia o contribución por parte de las piezas de ébano y marfil del señor Redondo en el apartado musical, aunque las guitarras de Pit y Gorka sigan asumiendo un papel principal, mientras el bloque verbal es, como ya hemos dicho, revelador y profundamente analítico. Prueba palpable de esa capacidad poética, la podemos encontrar en el rush final mediante “Por Ti” y “Ya no hay Nada”, un par de canciones absolutamente arrebatadoras que no dudamos obtendrán grandes elogios en sus actuaciones en directo, porque recogen claves y trascendencias ya tratadas de este álbum que necesita atención y que, por nuestra parte, podemos recomendar con total seguridad: “Aprendices”. 

Deja un comentario