Sábado 23 de mayo de 2026 en Sala Santana 27, Bilbao
Desde el día que apareció la notica, allá por diciembre del año pasado, teníamos bastante claro que en cuanto la agencia bilbaína Noise On Tour pusiera los tickets a la venta, pillaríamos un par de ellos. La ocasión lo merecía, aunque tuviéramos fresca en la memoria la actuación de Earthless el pasado agosto junto a colegas venidos desde Catalunya. Esta vez no pudieron acercarse, pero vía telefónica pudimos charlar acerca de su paso por Barna un par de días antes, así que acudimos a la sala Santana 27 con los colmillos afilados, porque además, dejaron entrever que The Sword se encontraba en plena forma. Perfecto para unos nervios ya de por sí neuróticos. Perfecto para la ansiedad, si bien debemos reconocer que estuvimos al corriente de la gira europea conjunta que concluía, precisamente, en Bilbao. La mayoría de publicaciones leídas hablaban de funciones aplastantes, de efusivas energías, de psicodélicas transiciones, dominantes emociones y público entregado.
A la hora fijada nos presentamos en el lugar que se encontraba en esos instantes cuasi desértico, pero en forma de goteo va llegando la marabunta y tras la pertinente espera, el terceto californiano Earthless subió puntual al escenario de la sala bilbaína. Como si se un resorte se tratara, quienes en esos momentos se encontraban a la expectativa en las barras del local o de charleta esperando que comenzara el show, rápidamente ocuparon las primeras filas. Era su último concierto europeo que comparten con sus compinches de Austin, y la verdad, no daban la sensación de cansancio, sino todo lo contrario. La guitarra de Isaiah Mitchell, pletórica y sobrenatural, las cuatro cuerdas de Mike Eginton, contundentes, y los cimbales y tambores de Mario Rubalcaba, un auténtico vendaval.
Puro éxtasis. Pura psicodelia. Completaron el tiempo asignado, setenta minutos aproximadamente, con tan solo cinco canciones aparte de la habitual “Intro” que se podría entender como un número más del repertorio, ya que es, como hemos dicho, una acostumbrada presentación, así que se puede usted imaginar por dónde va su rollo. Infinitos desarrollos, mastodónticas progresiones y delirante fuzz rock en su máxima expresión. Inmensos. Escalofriantes. Expeditivos. Fantásticos. Mientras el cielo del botxo mostraba las diferentes tonalidades (imaginamos) de un resplandeciente anochecer, nos encontrábamos en trance percibiendo esotéricas gamas o tintes al tiempo que escuchábamos “Uluru Rock”, interiorizábamos los sonidos del Mojave por medio de “Violence Of The Red Sea” o a través del colofón “Cherry Red” en el que el amigo Isaiah demostró tener unas cuerdas vocales a la altura de las de la guitarra. Por cierto, sorprendente y enloquecedora la adaptación “The Ides Of March” de la doncella. Retumbaron los aplausos y ellos, satisfechos y agradecidos. Ovación.
Cuando estamos frente a Earthless perdemos la noción del tiempo porque tienen un don chamánico y duende inspirador, aunque debíamos recobrar la consciencia porque, en cuestión de minutos, asistiríamos a otro ritual de similares proporciones: The Sword, quienes recobraban su indómito espíritu después de un ligero impasse. El pretexto (sin connotación peyorativa) para este retorno es el vigésimo aniversario de “Age Of Winters”, lo cual significaba que sería el foco de su actuación, algo que nos hacía especial ilusión porque, aparte de ser un extraordinario estreno que les puso en el mapa, contiene varias canciones de incuestionable valor. Canciones como la instrumental “Celestial Crown” o la titánica “Winter’s Wolves” que, evidentemente, originaron el momentáneo barullo entre un personal un tanto desubicado porque posiblemente el comienzo no fuera tan rotundo como habríamos deseado. Quizás la elección de “Empty Temples” como introducción o su templada ejecución tuviera parte de culpa.
Se podía intuir cierta perplejidad porque algo no terminaba de cuajar, ya fuera debido a un sonido un tanto enmarañado o por la ausencia de canciones del disco a homenajear, pero a partir del poderoso, fulminante y glorificado binomio “Celestial Crown” y “Barael’s Blade” que interpretaron de un tirón, experimentamos un giro de 180º que no abandonamos hasta “Iron Swan”, el solicitado bis final. La euforia que unas cuantas personas de las filas de vanguardia exteriorizaron anteriormente con “Mist & Shadow” se instauró en la sala y los texanos desplegaron su arsenal, su metal y potencial. Inmenso Santiago ‘Jimmy’ Vela III dirigiendo la compañía desde la retaguardia con las batutas de madera (“Maiden, Mother & Crone”), el bajista Bryan Richie marcando los tiempos (“Seven Sisters”), el rubiales Kyle Shutt, a pleno pulmón con la guitarra (“Night City”) y al frente, el cantante y guitarrista John D. Cronise que se vació en el micrófono principal, así como en los diálogos a doce cuerdas con el anterior (“How Heavy This Axe”) manteniendo su estática e intensa actitud (“Freya”) en todo momento. Al margen de esos pequeños altibajos aludidos, condujeron al respetable a su órbita de ecos doom, aires desérticos y metálicas metamorfosis que, al fin y al cabo, eran motivo más que suficiente como para no aprovechar la oportunidad de estar frente a The Sword y sus compañeros de gala, Earthless. En la diana.









