Dos cauces y un porte similar, Mississippi y Guadalquivir. Dos estuarios y un mismo fin: blues. Evidentemente, los diabólicos y a su vez celestiales doce compases surgieron al otro lado del Atlántico, pero no es menos cierto que las dos localizaciones se encuentran a ambos márgenes del océano, entre la ensenada gaditana y el delta de Louisiana. Vasos, más bien aguas, comunicantes, retroalimentación: “Blues Medicine”. Determinante ejemplar. Así se llama el ilustrativo formulario que Kid Carlos Band ha emitido recientemente. Una serie de canciones destinadas a cicatrizar heridas o simplemente calmar porque funcionan como antibióticos, antihistamínicos, analgésicos o antidepresivos cuyo suministro se realiza sin prescripción facultativa, sin necesidad de acudir a un dispensario farmacéutico. En su interior, efectivos comprimidos desarrollados en el laboratorio del guitarrista Kid Carlos, alias del sevillano Carlos Moreno que, por ejemplo, experimenta con elementos swing en una novedosa reinterpretación de la legendaria “Spoonful” que contrasta con “Medicine” por sendos compuestos o respectivas propiedades que, naturalmente, son aplicables al resto de grajeas del lote.
Hablamos de un enamorado del blues que ha prestado sus seis cuerdas a un buen número de amigos como Mingo Balaguer, Mike Vernon, Quique Bonal, Lluís Coloma o Lou Marini así como otro número similar de proyectos que indudablemente han tenido su valor y certificado la enjundia de su guitarra. Después de todas estas colaboraciones que sin duda le habrán robado o privado del tiempo necesario para centrarse en su principal objetivo, regresa con él, si bien nunca había insinuado su adiós. Ni tan siquiera había esbozado un hasta luego, porque el cuarteto no ha bajado el pistón ni dejado de ofrecer conciertos o participado en festivales en los que, por cierto, el elogio era común entre las asistencias; incluso fueron los representantes españoles en la edición de 2024 del European Blues Challenge celebrada en Portugal, una circunstancia que no debería ser omitida. Quedaba la espinita de una reválida, así que el susodicho, la cantante Txako Jones, el bajista Raúl ‘Lalu’ Cordón y el baterista Stefano Di Rubo se citaron en el sevillano Sputnik Studio para dar forma al nuevo códice, decálogo o manual integrado por clásicos y originales.
Hablamos de un enamorado del blues que ha prestado su guitarra a un buen número de amigos como Mingo Balaguer, Mike Vernon, Quique Bonal, Lluís Coloma o Lou Marini así como otro número similar de proyectos que indudablemente han tenido su valor y certificado la enjundia de sus seis cuerdas. Después de todas estas colaboraciones que sin duda le habrán robado o privado del tiempo necesario para centrarse en su principal objetivo, regresa con él, si bien nunca había insinuado su adiós. Ni tan siquiera había esbozado un hasta luego, porque el cuarteto no ha bajado el pistón ni dejado de ofrecer conciertos o participado en festivales en los que, por cierto, el elogio era común entre las asistencias; incluso fueron los representantes españoles en la edición de 2024 del European Blues Challenge celebrada en Portugal, una circunstancia que no debe ser omitida. Quedaba la espinita de una reválida, así que el susodicho, la cantante Txako Jones, el bajista Raúl ‘Lalu’ Cordón y el baterista Stefano Di Rubo se citaron en el sevillano Sputnik Studio para dar forma al nuevo códice, decálogo o manual integrado por clásicos y originales.
Obviamente, ese es el pretexto de estas líneas. La recapitulación “Blues Medicine” y la banda que fundara al abrigo de la nomenclatura Blues Band y más tarde simplificaría con la denominación Kid Carlos Band. Su segundo trabajo que recoge el testigo, con permiso del directo “Live At Ruta 66” más otro ensayo personal nominado “Fango”, al demoledor estreno “Cannonball” que, en cierta manera, sentó las bases y presentó sus credenciales. Por otra parte, no deberíamos llevarnos las manos a la cabeza por el hecho de apelar a célebres títulos, puesto que a lo largo de la historia ha habido bandas o artistas que han realizado discos rindiendo homenajes y en no pocas ocasiones han conseguido importantes resultados. Imbatibles son “Come On In My Kitchen” o la tierna “Blue And Lonesome” que con el nítido chorro de voz de Txako Jones confirma el pelaje del conjunto que más tarde, en el emocionante desenlace “Invincible”, se muestra revelador debido a los recursos manejados, al contagioso groove y sus enfáticas líneas corales.
Aunque entre medio haya un relato conocido, el requisito reclamado a cualquier artista, pertenezca a la disciplina que pertenezca, es el carácter, la personalidad, la decisión y por supuesto, su inspiración. En este caso, y reiteramos, todos esos detalles convergen en el blues. No está de más repasar simbólicas composiciones popularizadas por incunables como Robert Johnson, Howlin’ Wolf o Ray Charles aportando, cómo no, diferentes ópticas, y combinarlas con otras de tu puño y letra, pues estos enlaces ennoblecen y son un minucioso ejercicio de temperamento. La bailonga “Goddess For A While” conseguirá su propósito desde el primer redoble de tambor y el arreón introducido por el bajo, es decir, los pies cobrarán vida propia y durante cuatro minutos un tentador (o retador) ritmo funky someterá a una soliviantada audiencia que, por descontado, pasará a la acción exteriorizando en todo momento “I Feel So Good”. Otra prueba para mover el esqueleto. Otra conducta, enfocada en este caso en tendencias country que arrancará innumerables réplicas a su muletilla central. Si entendemos que todas las señales o consignas casan, obtenemos la carambola hallada en “Rivers”, el inicio de nuestras especulaciones y también de un álbum que se entiende como es, como un certero testimonio y una absoluta demostración de equilibrio.

