Pletóricos, como siempre, Robert Jon & The Wreck | GR76


Jueves 23 de abril de 2026 en Kafe Antzokia, Bilbao

Como dice el acervo popular, que sabio es, no hay dos sin tres o a la tercera, la vencida. Y eso es, precisamente, lo ocurrido el pasado jueves 23 de abril en el primer concierto peninsular de la gira europea de los californianos Robert Jon & The Wreck. Tercera ocasión que pisaban el Kafe Antzokia, aunque las dos anteriores actuaron en el coto superior, el familiarmente conocido como Antxiki. Pues ese a la tercera, la vencida, viene a significar que llenaron el recinto, que colgaron el cartel de aforo completo. Sin billetes, no cabía un alfiler, sold out. Con mucha antelación a la apertura de puertas se podía intuir que había ganas, incluso nervios por pillar una privilegiada posición, ya que la hilera de gente era considerable, y una vez liberado el acceso, la marabunta ocupó en minutos la superficie de la antigua sala de cine San Vicente. Excelente imagen; en consonancia con el recital que pudimos presenciar, observar, saborear, escuchar y disfrutar, aunque íbamos sobre aviso porque se trata de una banda a la que venimos siguiendo la pista desde su primera incursión por aquí y que, por ende, hemos catado con anterioridad en diferentes plazas y circunstancias.

Puntuales se presentaban a ritmo de la clásica “The Devil Is Your Only Friend”, extraordinario punto de partida que recibiría unanimidad de palmas, vítores y brazos en alto presagiando que la noche iba a ser corta. Nos explicamos. No en cuanto al transcurso del show, porque algunos setlist se habían colado por los dominios del espacio cibernético sospechando así una duración que podría obligar a parte de la audiencia a salir cual Cenicienta antes del final, porque el transporte público del botxo adolece aún de un horario extenso en el curso de la semana laboral. Asimismo, pudimos charlar con parte de la comitiva con anterioridad dejando entrever secretos que desvelaríamos a continuación. Aludíamos que podría hacerse corta porque estos tíos tienen la virtud de introducirte en su espiral de southern rock aderezada eso sí, de pinceladas psicodélicas, con hechizos bluesys, con prodigiosos desarrollos o abundantes destellos country y demás señuelos que destacan, por ejemplo, en la segunda de la noche que también sigue en disco a la anterior: “Blame It On The Whiskey”. Sublime y arrolladora. Fantástica. Si entre la asistencia se encontraba alguien que desconociera la destreza de HenryJames con la guitarra, sus vertiginosos solos y su maestría con el slide… Pudo comprobar cómo se las gasta el señor.      

Sus compañeros no le van a la zaga y tras los diferentes cambios de formación, podríamos decir que el capitán de la nave, el imponente Robert Jon Burrison (de fuerza vocal semejante a su complexión) en el micrófono principal y la guitarra y su lugarteniente, el baterista Andrew Espantman, más el simpático Warren Murrel a las cuatro cuerdas y el eficiente Jake Abernathie manejando el órgano, viven un momento espectacular, si bien los integrantes del conjunto siempre se han caracterizado por su buena sintonía y constante circulación. Su media anual de conciertos ofrecidos es enorme, y en cuanto a material editado, tres cuartos de lo mismo, así que el prestigio de sus representaciones es más que merecido. Tal vez su próxima aparición por aquí se encuadre en auditorios de mayor capacidad, pues, y aunque pregonen con orgullo “Back To The Beginning Again”, no cabe duda que los tíos avanzan con temple y tienen total confianza en sus discos y canciones. Como muestra, la inédita “Arroyo” que formará parte de su siguiente trabajo, indudablemente desconocíamos y tuvimos la fortuna de confirmar su valor. Por descontado, al nivel del resto que completaban un repertorio en el que repasaron buena parte de sus publicaciones sin buscar el aplauso gratuito.

Sin duda, hicieron gala de un soberbio fondo de armario. El blues vacilón “Rescue Train” aglutinó encomios que alcanzaron elevadas cotas en el duelo instrumental de guitarra-órgano y la sencillamente hermosa, solícita y estremecedora “Oh Miss Carolina” traspasaría la barrera arquitectónica del Antzokia y seguramente se escucharía por los alrededores, sucediendo algo similar a continuación con la reputada “Cold Night”. En las antípodas de la sauna en la que permanecíamos y casi desfallecimos ante la compostura de “Better Of Me”, la celeridad de “Sittin’ Pretty” o los recónditos desfiladeros que “Keep Myself Clean” permite imaginar mientras las guitarras se sincronizaban y el resto de la compañía apretaba. Sudores fríos, calor en el ambiente y la extraña sensación de frenar el reloj violentaba e insistía cuando presentaron “Bring Me Back Home Again”, un título que en años asumirá el mismo rol de imperecederas como “I Shall Be Released”, “Can’t You See”, “Fortunate Son”, “Wild Hoeses”, “Whole Lotta Love” y tantas otras. Escalofriante slide. Modulaciones celestiales. Mortales inmortales, recuerdos especiales y lágrimas disimuladas, llantos del corazón. Pero no se preocupe usted porque no finalizaremos melancólicos, ya que la conclusión giró en torno al agradecimiento, a la exaltación, a la comunión de asistentes y oficiantes, a la fortaleza del rock n’ roll. Pletórica “Raged”. Apoteósica. Pletóricos, como siempre, Robert Jon & The Wreck.

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