Probablemente sea muy difícil determinar con absoluta certeza el momento exacto, los motivos o quiénes originaron los diferentes movimientos musicales que han surgido generación tras generación. En poco más de un siglo, ya que el padrino de todo esto, el blues, se diera a conocer en las postrimerías del XIX, ha habido todo tipo de conductas, recetas o profetas. Por ejemplo, el punk. Teorías sobre su nacimiento, para todos los gustos. Hay quien defiende que ecos provenientes de Detroit pudieron escucharse en rincones de Londres pasando antes por New York o que la sombría Birmingham ansiaba el sol de California. Pues de la Gran Manzana procedían, concretamente del barrio de Queens, Joey, Johnny, Dee Dee y Tommy, es decir, los Ramones que tal día como hoy, pero de 1976, lanzaban su ópera prima. Poca repercusión tuvo en un principio esa presentación titulada con su propio nombre, pero más tarde sería considerada como una de las más influyentes del siglo pasado.
De todas maneras, el éxito masivo nunca los acompañaría salvando, por supuesto, a sus incondicionales. Comenzaron como terceto fogueándose en el ambiente underground neoyorkino, siendo el espigado Joey su baterista, Johnny y Dee Dee guitarrista y bajista respectivamente, mientras Tommy se encargaba del papeleo hasta que lograron actuar en la mítica sala CGBG en 1974. Allí arrancó el formato conocido, y ese día supondría un espaldarazo para una banda que no disponía de material grabado (propio sí) y tenía fama de ser caótica en sus shows. Meses más tarde conseguirían grabar una demo de quinde canciones que posteriormente dividieron en su dos primeros álbumes, “Ramones (1976) y “Leave Home” (1977). Las sesiones de grabación de su debut, que es la excusa de estas líneas, terminaron en dos semanas que se les hicieron eternas, puesto que estaban acostumbrados a tocar de un tirón todos juntos tras la famosa introducción de Dee Dee que hoy en día es otra de sus marcas registradas: “One, two, three, for”.
Cuentan las malas (o buenas) lenguas que buscaban una consigna que les identificara y diferenciara del resto de bandas tipo “Awopbopaloobop alopbamboom!” de Little Richard, que Joey necesitaba un respiro o que simplemente debían comenzar las canciones a todo pulmón. La encontraron, vaya si la encontraron. Volviendo al disco, era y es pura adrenalina; no se trataba de un larga duración aunque contenga catorce canciones, porque ese cálculo y Ramones son términos antagónicos. El desmbolso, 6.400 dólares que visto con la perspectiva del tiempo es un gasto irrisorio, pero deberíamos trasladarnos a la realidad de entonces. Para su ilustración, una imagen fiel al espíritu rebelde y punk del cuarteto, una imagen que se ha convertido icónica (contamos ya con tres). La fotografía en blanco y negro fue realizada por Roberta Bailey cerca del CBGB, los cuatro aparecen con su clásica actitud y su no menos sempiterna indumentaria que a lo largo de los años ha sido utilizada por infinidad de personas, y poca gente habrá que no la haya visto en camisetas, posters y demás artículos de merchandising o incluso en su propósito principal: el primer disco de Ramones.
Si icónica es su imagen, qué podemos decir de un interior que comienza a todo volumen y velocidad con “Blitzkrieg Bop” y termina con la combativa “Today Your Love, Tomorrow The World”, canción que conllevaría diferencias con la discográfica Sire Records porque su título original era “I’m A Nazy Baby” que sustituyeron por el que figura y a la hora de entonar el verso, por un “I’m A Nazy Schatze” que solo aparece en el disco, ya que en directo la cantaban como había sido escrita. No había motivo para llevarse las manos a la cabeza, porque era una simple invención sobre un chaval de un pequeño pueblo teutón y además Joey provenía de una familia judía. El resto del álbum, canciones concisas, rabiosas e intensas inspiradas en las calles neoyorkinas (“53rd & 3rd”) o en películas de serie B (“I Don’t Wanna Go Down To The Basement” o “Chain Saw”); cartas románticas (“Listen To My Heart” o “I Wanna Be Your Boyfriend”), otras más comprometidas (“Loudmouth”) o mensajes sarcásticos como “Now I Wanna Sniff Some Glue” que les reportaría muchas dificultades cuando en 1976 viajaron a Gran Bretaña, pues en Escocia murieron bastantes jóvenes, supuestamente, por esnifar pegamento. Ramalazos veinteañeros (“Havana Affair), la versión de un éxito de Chris Montez (“Let’s Dance”), revisiones de primeras composiciones (“I Don’t Wanna Walk Around With You”) y punk (“Judy Is A Punk”) que encendía a la gente que acudía a sus shows con la sana intención de disfrutar a base de rock n’ roll, que era la razón fundamental para escribir y dedicarles “Blitzkrieg Bop”. Pretendían emular a los Beatles (su nombre guarda una estrecha relación con The Fab Four), y consiguieron estampar su sello personal: RAMONES.


