Javier Vargas: “El blues puede sanar un corazón herido” | GR76


Javier Vargas es uno de los músicos españoles de mayor reconocimiento internacional, y no es cuestión de querencia por el blues u opinión personal. Son números, son datos. Es simple objetividad, porque hablamos de un hombre curtido en mil batallas como así reflejan sus numerosas giras internacionales o el hecho de haber grabado con multitud de extraordinarios músicos en otros tantos estudios del planeta, haber tenido la oportunidad de colaborar con otros tantos de indiscutible valor, los galardones obtenidos y las nominaciones alcanzadas, sus veintisiete discos publicados en más de treinta años en el mundo del rock and roll… Un trabajador nato, un tipo inconformista (en el buen sentido) que sigue los pasos de muchos de sus héroes y su propio camino con su inseparable guitarra, con su criterio, sus canciones y su célebre blues latino. Un tío accesible al que hemos de agradecer que dedicara unos minutos de su tiempo a charlar con nosotros. En una palabra, un bluesman.

Gracias por atendernos, Javier. ¿De dónde sale la inspiración o la motivación para seguir escribiendo canciones, grabando discos, viajando por las cuatro esquinas o actuando sin parar desde hace más de treinta años?
Un placer hablar con vosotros. La inspiración es algo que surge y hay que capturarla. Yo soy de la vieja escuela y empecé a interesarme por la música a finales de los sesenta siendo los setenta mi década. Todo eso resuena todavía en mi cabeza, y mi actitud y mi pasión siguen intactas. Soy un hombre de blues y también rock old school, un warrior que ama la música pero reconozco que son tiempos duros para sobrevivir como músico. La industria nos ha olvidado aunque nuestros seguidores no. Por ellos seguimos en la carretera y también porque todavía tengo mucho más que contar. Me quedan varios ases en la manga en forma de riffs.

Y con una vida tan ajetreada, ¿tienes residencia fija?
Vivo entre las islas y la ciudad, pero el mundo es mi casa.

En tu biografía encontramos multitud de colaboraciones que habrán supuesto un gran incentivo y todas ellas tendrán su vital importancia para ti, pero, ¿destacarías alguna?
Ya perdí la cuenta de la cantidad de músicos con los que colaboré. Entre mis favoritos, Prince y Carlos Santana, aunque todos, desde Double Trouble a Miguel Ríos o Manolo Tena me han dejado huella. Soy un afortunado. Nunca tuve miedo a arriesgarme en la vida y no me lo pensé dos veces al hacer la maleta e irme con mi guitarra a la otra punta del planeta. De esa manera conocí muchos músicos, algunos legendarios.

¿Alguna que te habría gustado realizar? ¿Existen otras que te harían especial ilusión si se diera la ocasión?
Me gusta tocar con músicos que me inspiren y potencien mi forma de tocar. El trabajo en equipo es importante y cuanto mejor sean los músicos junto a quienes que tocas, más sacarás de ti.

Sin duda uno de tus grandes logros reside en el blues latino surgido en el disco de mismo nombre. ¿Esperabas la repercusión del disco y en cierta manera del posterior sello que se te adjudica?
No esperaba el éxito que tuve, pero conseguí algo especial. Incluso tocándolo en directo, hay muchos vídeos donde veo la pasión que puse a ese sonido. A partir de ahí cambió mi vida, empezó mi propia carrera y blues latino fue mi marca con la que proyecté mi música muy lejos

¿Qué significa el blues para Javier Vargas?
El blues es una manera de sacar tus diablos fuera, buscar la luz en tu oscuridad y dar tu corazón. En cada nota siempre habrá otro corazón que te escuche porque el blues puede sanar un corazón herido.

Particularmente asociamos tu música y tu figura rápidamente a la Stratocaster. ¿Tienes algún modelo fetiche?
Soy muy de Stratocaster o Telecaster. Ahora toco una Telecaster Thinline que me regaló José, un luthier malagueño de Zepol Guitars, que suena increíble, aunque sigo siendo fiel a mis Stratocasters.

Mientras la sociedad se encontraba confundida y aprisionada en aquella encrucijada de infausto recuerdo, publicaste “Del Sur” con el que surgiría otra de tus múltiples colaboraciones, aunque poco o nada tuviera que ver con la música…
El 2020 y todo eso que ocurrió nunca lo voy a olvidar. Fue lamentable para la música y editar “Del Sur” fue mi catarsis para escapar de todo eso y crear mi propio mundo. Ese año y el siguiente viajé a Suiza donde hice otro proyecto junto a la cantante inglesa Jessy Howe: “Vikings Of Blues”. Pero todo fue un desastre, no cuajó, los diablos andaban sueltos, empezaron las restricciones en todo el planeta, no había sitio a dónde escapar, solo se hablaba de vacunas y mascarillas… Soy negacionista. Estoy en contra de tanta manipulación y a veces pensé que el mundo se había ido al carajo, que la verdad estaba oculta detrás de una gran mentira y lo peor es que todo sigue igual. Solo se habla de guerras, bombas, drones, cohetes supersónicos y la música que se escucha a veces no tiene nada que ver con la música porque es un zumbido molesto. Por eso todos debemos seguir trabajando. De alguna manera somos la auténtica resistencia y creo que como yo hay muchos más.

Precisamente del sur proceden muchas de tus influencias, sin embargo el norte también está presente en varios discos. ¿Una dicotomía artística o necesidad creativa?
Yo vengo del sur y perdí el norte. Soy como un perro en la lluvia. Perdí el olfato pero me guío por mi instinto y siempre que el norte me llama es como la mezcla de la tecnología y los sentimientos. Yo soy más del corazón. Lo auténtico me atrae, esté en el sur o el norte.

Por cierto, ¿hay alguna frontera (no musical) en tu proceder?
La última frontera es el sueño eterno. Vivo dos mundos, el real y el de los sueños. Esa es la frontera que te hace ver diferentes dimensiones y para mí una de ellas es la guitarra, la música de las esferas. Sueño con música y a veces esa música la he grabado. Por ejemplo, “Blues Latino” me apareció sonando en un sueño y a partir de ahí todo cambió cuando las fronteras se fueron desvaneciendo. La música es algo etéreo, no necesita pasaporte, vuela por sí misma.

Por supuesto no podemos olvidar el flamenco. Aunque hay varios ejemplos en forma de canciones, ¿podría ser “Flamenco Blues Experience” el máximo representante de ello?
No soy un músico de flamenco aunque admiro a los flamencos. Colaboré con muchos de ellos y siempre admiré a Paco de Lucía. ¡Qué grande era! Una luz que iluminó el camino.

Aunque en ese sentido, tu discografía está llena de guiños o combinaciones como “Madrid-Memphis”, “Texas Tango”, “Chill Latin Blues” o “Gipsy Boogie”, lo que viene a decir que el arte, la música, el rock and roll es transversal y el tiempo… ¿Qué es el tiempo para ti?
El tiempo es lo más valioso que tenemos. Cuando a Steve Jobs, fundador de Apple, en su lecho de muerte le quedaban pocos minutos de vida para abandonar este mundo, no pudo comprar con sus billones un segundo más de su tiempo.

Hace dos años vuelves a trabajar en “Back In Memphis” con los legendarios Double Trouble (Chris Layton y Tommy Shannon) y otros y el año pasado tomas otras direcciones, aunque con el blues como referencia, en “Stoner Night”. ¿Cuáles son las grandes diferencias entre ambos?
Esos álbums fueron parte de mi forma de revelarme a lo que pasó en el 2020 y demás años. Fue mi forma de celebrar la vida y la música por todo lo alto y demostrarme a mí mismo que esto todavía no había acabado todavía. Tenía mucho que contar.

Cantantes, sellos discográficos, productores, estudios de grabación, diferentes músicos y ¿siempre la misma intención?
Entiendo la música como la pintura, como un lienzo y diferentes colores. Percibo la música con diferentes colores. Mi finalidad es buscar emocionar y trato de rodearme de los mejores aunque también me adapto a los medios que tengo a mano. Puedo crear en mi estudio en casa. El álbum “Del Sur” allí nació, en mi casa de Ibiza. Lo grabé con mi bajista Luis Mayo tocando en primeras tomas con una guitarra acústica y mi perro Buddy escuchando. ¡Era nuestro público en ese momento! La verdad es que a veces estoy rodeado de ángeles y otras veces de demonios.

Y ahora estás en plena gira promocional de “Blues Magic Live” que, como su nombre indica, es un álbum en directo. ¿Qué nos podemos encontrar en el disco? ¿Y qué encontrará, por ejemplo, la gente que acuda a tu concierto del viernes 26 de abril en la Sala Rocket de Bilbao?
Encontrarán actitud, feeling y músicos dándolo todo en el escenario.

De nuevo, muchas gracias por tu cortesía, Javier.
Un placer.

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