El amigo Ibai García llevaba tiempo rumiando la posibilidad de publicar material propio o al menos bajo su entera responsabilidad, ya que en su anterior desempeño en Lomoken Hoboken el trabajo de composición era compartido con su compadre Manuel Monge. Triste final para la banda, por cierto. Duro golpe recibido. En su día rendimos nuestro particular homenaje al entrañable Oso, más tarde sus compañeros y amigos harían lo propio en la localidad burgalesa Castrillo de Murcia, de donde procedía su familia, y su recuerdo permanecerá, a buen seguro, en el circuito rockero. En Barakaldo o en Santurtzi, en Torreperogil, Cincinatti o las riberas del río Hudson, no en vano Hoboken está bañada por sus aguas. Pero, apropiándonos del recurso de un intelectual, hemos venido a hablar de Ibai, un tío grande, un gran tipo que ha cumplido un sueño, un objetivo, una ilusión (califíquelo usted como quiera), cruzada o aspiración que no era más que conducir su proyecto personal y estampar su nombre en un disco de rock. Pues conseguido. En primer lugar, contacta con viejos camaradas como Charlie Santiago, Fernando Solla y Aritza Castro para llevar a cabo la empresa, meten el morro en unas cuantas plazas, tabernas o clubes de Bizkaia y tras una tensa espera, su estreno discográfico es una realidad. De momento, a través de las plataformas digitales, sin embargo próximamente estará disponible en los comercios del ramo e imaginamos que para su presentación en directo todavía habrá que atar varios flecos, ya que tanto Ibai como sus compañeros deben hacer juegos de malabares con sus respectivas agendas, pues compatibilizan varias formaciones.
Las primeras noticias recibidas sobre la nueva apuesta del guitarrista hablaban de un experimento apellidado Blues Project, pero al final se ha decantado por utilizar simplemente su nombre. Preciso y taxativo. Este soy yo, esta es mi aventura, mi riesgo, porque toda nueva aventura entraña riesgo, mi rumbo, mi pilotaje y mi tripulación, y esta, mi primera entrega, “Chasing The Blues”. Concreto e inequívoco como el punto anterior. Blues, que no deja de ser el germen de todo este universal barullo llamado Rock n’ Roll. Y deberíamos decir antes de nada que en cierta manera, aun conociendo el talante de los chicos, nos ha sorprendido el álbum puesto que en su desarrollo encontramos una refinada utilización de peculios o procederes pese a que su principal inclinación sea el enigmático y fructífero Blues. Queda demostrado en la obertura, en una “Don’t Leave Me Alone Tonight” donde la calidad y calidez vocal de Charlie estremece y seduce tanto como la elegancia de una canción que se muestra equilibrada siendo, a su vez, una llave perfecta para abrir una caja de Pandora que, al contrario de la mitológica, contiene historias románticas como “A One And Only Soul” donde la guitarra de Ibai conseguirá arrancar más de una lagrimilla, o estupendas epopeyas como “I Still Care” que inconscientemente nos sitúa en atmosféricas dimensiones o en resplandecientes espacios donde los sentidos y los estímulos convergen e inspiran al igual que en la cosmopolita “Patxosky”, estructura polivalente e ingeniosa que exhibe variadas formas y fondos.
Sin duda alguna el álbum refleja no solo las inquietudes musicales del mozo, sino también su estado de ánimo, una inquebrantable fuerza de voluntad y por supuesto, una confianza ciega en sí mismo. Como bien dice, “Never Coming Down”. O “Don’t Wanna Lose Control”, dos de las diez canciones que componen el elepé. La primera es administrada bajo parámetros souleros gracias a su mensaje fortalecedor, a la valiosa disposición de elementos y sus precisos ajustes más el siempre eminente aporte de los vientos, mientras la segunda es una persuasiva secuencia dispuesta y rematada con movimientos sensuales, con aires funkys, con un wah-wah vicioso y un coro central que en directo debe ser un escándalo. O debería. Eso nos gustaría que sucediera, porque los chicos se han currado un disco ambicioso en el buen sentido; un disco plural en cuanto a conductas y productivo debido a sus múltiples inercias; un trabajo escrupuloso en el que han contado con la participación de bastantes colegas que no han vacilado a la hora de arrimar el hombro tanto en materia musical, técnica o ilustrativa, lo cual incrementa el valor de un producto que contiene carismáticas medidas texanas como “Sweet Lies”, fabriles simetrías instrumentales como “Striking A Match” o enfáticas consonancias británicas como “I’m Crazy ‘bout You”. Un debut que debería obtener buenos réditos, y en este caso no nos referimos al tiránico índice de ventas que origina peloteras y debates que evitaremos ya que entran demasiadas variables o incógnitas en esta ecuación. Simplemente nos referimos al más provechoso boca a boca que favorece el trabajo de escrutinio aumentando el interés por una banda, por un disco o por un concierto, a las sugerencias, a las recomendaciones o acaso parcialidades, vaya usted a saber. Ahora, imparcialmente, seguiremos nuestro camino persiguiendo sueños, “Chasing The Blues”.
