Green Desert Water: “Black Harvest” | GR76


Ahora que hemos cogido carrerilla y tomado el impulso necesario por retomar parte de los quehaceres que dejamos aplazados semanas atrás, y que, por supuesto, tenemos un rato libre, volvemos a la carga con otro excelente disco de la cosecha ibérica del veintiuno. Asturiana en este caso. Ovetense para ser más exactos. Green Desert Water su apelativo y “Black Harvest”, el trabajo que presentarían en noviembre bajo el apadrinamiento de la disquera yankee Small Stone Records, hecho que les convertiría en la primera banda del país que ingresaba en tan prestigiosa firma identificada con los sonidos compactos, las altas temperaturas, los fluidos espirituosos, el blues psicodélico, la progresiva densidad… Aun así su vinculación contractual databa del nacimiento del trío astur tres años antes con “Solar Plexus”, axiomático manual de intenciones que les proporcionara el beneplácito del público en general y palabras de aquiescencia por parte de los medios especializados, ya que enseñaban sus garras y mostraban sus mañas sin rubor. Gracias a esa positiva (vaya, igual no es el momento adecuado para recurrir al término, aunque si lo escribiéramos en negrita y con mayúscula inicial, la cosa cambiaría) respuesta, tuvieron la oportunidad de abrir mercado actuando en mecas como Palm Springs o compartiendo escenario con gente del calibre de Radio Moscow, Red Fang o Nebula entre tantos otros.

Tenían que confirmar su personalidad. Debían corresponder a las expectativas creadas entregando nuevo material. Debían certificar que no son flor de un día ofreciendo continuidad a ese asombroso debut y al vínculo logrado con las gentes de ambos lados del Atlántico en estos tres años emprendidos con una osadía bien administrada y un laurel posiblemente obtenido con justicia, pero… Se instauró el modo pause en todo el planeta cuando se encontraban saboreando las mieles de su rico panal de vibraciones y convulsiones que remiten a cualquiera de las bandas anteriormente citadas o a tantas otras de perfil similar. Bandas pertenecientes a un inmenso caudal de preceptos y melodías cuajado de afluentes que discurren por determinada corriente o reciben tal denominación, ya sea desértica, cósmica, recóndita o conspicua, y acostumbradas a manejarse entre aguas movedizas. Podría ser una metáfora o no. Válido todo tipo de interpretaciones, y como ilustración “Shelter Of Guru”, un desfase tridimensional que supera los ocho minutos de duración y una canción absolutamente excitante en todos sus recovecos y presencias, pues los ya conocidos Juan Arias García y Kike Sanchís (bajista y guitarrista-vocalista respectivamente) más el nuevo socio de las baquetas, Dani Bárcena, añaden múltiples variantes a una canción que demuestra su capacidad de inventiva acentuando su polivalencia. Y el resto del elepé no le va a la zaga, puesto que los muchachos entregan un disco camaleónico, un disco maduro, un disco pulido, un disco de plurales vértices y códigos específicos.

Cuentan con la inestimable participación de Kent Stump, guitarrista de los tejanos Wo Fat en la canción que da título al elepé, lo cual es un interesante dato para la afición, además de otra recompensa para Green Desert Water, más los refuerzos corales de Álvaro Bárcena. Entre las siete canciones grabadas en el Ovni Estudio de Bonielles (Asturias) hay poco espacio para los entreactos sentimentales, aunque en este aspecto podríamos resaltar la introducción medio arábiga, medio psicodélica, medio sugestiva de “Sacred Tree” o algunos instantes del evolutivo cierre “Soul Blind”. Vayamos por partes, que son el prólogo y el epílogo, por cierto. La primera emprende este onírico viaje musical hacia un lugar anónimo, pues se pueden percibir (o esa es nuestra sensación) nuevas líneas en su proceder si bien su fuerza motriz y sus fundamentos continúan intactos, mientras la segunda es una tela de araña tejida con elegancia, con rebeldía, con ingenio y precisa dosis de genio. Genio en la nostálgica guitarra que caníbal revierte, genio en los frenéticos minutos de manifiestos cabeceos y orgánica evasión, e ingenio en su equilibrada vertebración, que, como ya hemos apuntado anteriormente, es inherente al álbum. La voz de Sanchís adquiere notables valores y distintas tonalidades (“Dead Sacred Tree”) al igual que su vigorosa guitarra (“The Whale”), el bajo de Arias interviene decidido al mando de las operaciones (“Too Many Wizards”) y Bárcena demuestra una estupenda sintonía y magnífica asociación con sus dos compañeros, lo cual juega en beneficio del trío, en beneficio del rock and roll, y en beneficio de un disco con grandes composiciones, elaborados arreglos y regios cimientos. “Black Harvest”, de Green Desert Water.

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