Montañosa: “…” | GR76


Mientras realizábamos el recuento de mensajes recibidos con múltiples sugerencias para el habitual inventario de este aciago, confuso, jodido, opaco y hasta saturado 2021 en el firmamento musical, uno de ellos nos advertía sobre una nueva referencia que debíamos atender. Los cántabros Montañosa publicarían nuevo material. Ok, dedicaríamos entonces unos minutos a los chicos y escucharíamos el disco llegado el instante, porque si los dos anteriores obtuvieron una buena tasación por nuestra parte, habría que comprobar si continuaban en esa buena línea. Continúan, si me lo permiten. Esbozan alegría, mantienen fresca su orgánica armonía y aportan flamantes energías a su particular ungüento de expresiones y cadencias autodenominado como rock pantanoso. Rock sudoroso, añadiríamos. Rock intrépido, rock expelido con actitud, rock underground y vehemente rock que se cuela en la espina dorsal emitiendo pulsiones eléctricas al resto del organismo que inconscientemente nos lleva a latitudes americanas concentradas en deltas, ciénagas, cañones o desiertos. Rock con mojo, rock con voodoo y rock de corazón.

Lamentablemente uno no llega a todo, uno tiene sus propias limitaciones y a uno le gustaría escribir sobre bastantes discos y otros tantos autores, pero hasta que nadie ponga remedio los días seguirán teniendo veinticuatro horas, esas horas deben ser fraccionadas convenientemente entre deberes, evasiones y voluntades y de cuando en cuando las ideas flaquean, no nos vamos a engañar. A fin de cuentas este ejercicio descriptivo de conjeturas y emociones gravita en órbitas paralelas y en no pocas ocasiones la sensación de reiteración aparece, pues el barullo mental imposibilita un ecuánime desarrollo. Sin embargo debíamos hacer un pequeño esfuerzo con nuestros vecinos montañeses porque los chicos lo merecen, el disco es una desarrollada exposición de sus principios y porque nos apetece. Hasta el día de hoy nunca habíamos escrito sobre alguno de sus anteriores discos, craso error que intentaremos enmendar con este nuevo trabajo caracterizado, como en sus predecesores, por la omisión de un titular concreto, lo cual incrementa las posibles permutas nominales para la afición.

Algunos lo llamarán el tercero, otras el azul, quien simplemente lo nombre “Mar”, o quien se ciña al logo que rubrica la foto principal. Para todos los gustos, oiga, como los sambenitos que acarrean a sus espaldas (no seremos nosotros quienes afirmen o discutan tales clichés) y despachamos a diestro y siniestro con excesiva facilidad. Como dicen en “El Nota”, la canción que finiquita este cede, es música, es la típica historia de contar una historia… Es rock’n’roll. Provocador, lírico, pomposo, dogmático, combativo o libertino. Necesitado en ocasiones de variopinta compañía y en otras (como en esta canción final) apoyado tan solo en la resonancia de una guitarra que escolta un pícaro predicado.  Y el rock’n’roll se alimenta de rock’n’roll, siendo un hervidero de proyectos y naturalezas de variada nomenclatura, que en este caso las hay, por supuesto. Las semejanzas queremos decir. Los atavismos y las querencias que rápidamente podrían remitir a la otra orilla del Atlántico con un sinfín de formaciones de ambos extremos y numerosos rincones, así que dada su cuantía nos ahorraremos el trabajo de las paridades. Hoy nos quedamos en casa y mencionaremos a los bizkainos The Riff Truckers o los jienenses Guadalupe Plata por trazar un par de afinidades, aunque docenas de ellas habrá y tampoco se trata de poner sobre el tapete cartas por doquier.

Y hoy intentaremos seguir al pie de la letra el acervo popular: a la tercera va la vencida, no porque sea su tercera tentativa o porque creamos en un despegue artístico, un puñetazo en la mesa o similar, sino más bien por cuestión personal, ya que como hemos apuntado, hasta ahora no nos habíamos estrenado con Montañosa. A ver si las musas nos acompañan. Por ejemplo a ellos les acompañaron dos en “Salmo”, una delicada y romántica serenata de difícil renuncia, ya que las angelicales voces de Celia y Ana Movellán noquean revelándose como el complemento perfecto a la áspera dicción de La Jota, alias del cantante José Fernández, un tipo curtido en circuitos metaleros que frasea cual rapero calzado con botas de cowboy. En cierta manera esa es la plural fisonomía de la banda, y esas condiciones resaltan en su proceder y en el sonido general de un disco que vivaz y dispuesto arranca con “Hay un Lugar”, ritmo de alta graduación y estimulante proporción que inmediatamente muda de piel en la campera “Miss Cucu”, donde las punzantes doce cuerdas de Marcos Quevedo invitan a taconear con vehemencia un terreno que fluido se convierte en ese “Mar” encabritado que baña las costas cantábricas. Sin embargo, balsámico revierte cuando los soplidos de Nacho Tapia anuncian la partida hacia el infinito y una fragancia salina inunda el ambiente. El compás impuesto Toño Villa y Jorge Pandal permite que percibamos la variabilidad del entorno marítimo. Las olas, las corrientes, los vientos, los acantilados, los vaivenes… En contraste, los enigmas de un enigmático blues plagado de espectros, transiciones y señales de meritoria ejecución: “Santo Patrón”. Probablemente el señor Hendrik Röver, responsable de la grabación en los GuitarTown Recordings, tenga su vital importancia en resultado final y en el sonido de la banda, ya que se ha convertido en un complemento idóneo, pero sin duda el gran artífice de todo este entramado es el rock pantanoso de Montañosa.

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