Por otros tantos años en la trinchera… y que nosotros los veamos, Pomeray | GR76


La historia la hemos narrado, o la hemos intentado narrar tantas veces, que el fantasma de las malditas reiteraciones aparece sin remisión. ¿Demasiado fanáticos? ¿Acaso zalameros? ¿Pragmáticos quizá? Por otra parte, esa historia tiene su miga, probablemente esa miga sea el porqué de su presencia en este galimatías llamado rockandroll y seguramente represente su valía no solo como banda de rock, sino como personas que sienten y padecen como usted o como yo. Gente sencilla que toma unas birras mientras enseña a sus colegas ese nuevo estribillo que le rondaba desde hacía meses y al final, en un ejercicio de empeño, completó. Gente acostumbrada a compartir cartas de amor con extraños e incluso congéneres, gente altruista por naturaleza y analista de convicción. Gente esforzada y soñadora que un día nos robara el corazón con el empaque de su fértil underground y la espontaneidad de un encuentro casual que parecía habitual. Bueno, para ser exactos y fieles a la memoria, hemos de señalar que el acercamiento se demoró unos años, puesto que nuestra propensión al anonimato se llevaba mejor durante aquella época de inexistentes foros digitales. A lo sumo, algún correo electrónico y esporádicos teléfonos móviles. Veinte años, que se dice rápido y pronto y hasta parece ser la letra de una canción, pero vaya si años son.

En veinte años suceden muchas cosas, y una de ellas, la mejor casi con toda seguridad, es que tu círculo cercano tiende a crecer (a no ser que seas anacoreta, claro). Las redes sociales y toda su parafernalia no son más que un complemento que, bien utilizado, ayuda a sumar y en este caso llega a multiplicar, porque gracias a ellas hemos recibido pingües carambolas como Pomeray, que no es sino el apellido de Cody, personaje ideado por Jack Kerouac que acabaría siendo su primera encarnación en las postrimerías y albores de siglo y el epicentro de su creación musical. ¿Que desconoce usted al escritor y a su protagonista? ¿Que le sucede algo parecido con el conjunto musical? Pues tiene en su poder (y ante sus ojos) todo un mundo de conocimiento del que carecíamos veinte años atrás, tiene la posibilidad de remediar el pormenor con la búsqueda en una biblioteca que tal vez en otros veinte años obsoleta devenga. Como íbamos diciendo, aquel experimento que respondía a Las Visiones de Cody fue la tormenta perfecta para que cuatro viejos amigos de adolescencia pasaran de pantalla formando una banda de rock iniciando así una travesía que sustituyó, mediada su existencia, el alias pionero por un glamuroso Pomeray y los Aparcabis del Espacio que a su vez abreviaron por el actual. Por cierto, debe ser una experiencia dar ese salto al vacío, hacia la providencia o hacia lo desconocido, pero si el impulso lo tomas rodeado de entusiasmados camaradas en los que puedes confiar y ellos en ti… ¿Qué puede salir mal?

Y en este caso, visto el periplo de Pomeray, ha funcionado y funcionará, porque sus canciones son su aval. Y aquí no importa ni el número o la cantidad, porque la calidad prevalece sobre cualquier otra cuestión. Su compromiso, férreo como su amistad y como muestra de ello, la retrospectiva de estos diez últimos años ofrecida durante estos meses y desde su refugio particular. Desde la guarida donde tejen nuevos hábitos, el sancta santorum donde almacenan recuerdos y ensayos que les sirven de inspiración para poner letra al obcecado do-sol-do-re que insiste sin piedad; conservando ese espíritu rebelde que un día les unió. Cordial también, que lo uno no quita lo otro y lo otro está conectado con lo uno por mucho que puedan parecer términos discordantes entre sí. Cuando decimos que la gente de Pomeray es rebelde, cordial y agradecida, lo podemos acreditar con hechos concretos, con hechos reales. Lo podemos asegurar. Cuando comprobamos que la gente de Pomeray mantiene ecuanimidad en su discurso o se marca un nuevo objetivo, intuimos que estará muy madurado, mantendrá el talante de los cuatro y debemos apoyar sin cortapisas.

Cuando supimos que Asier, Gontzal, Mendi y Lander porfiaron en su carácter para sacar adelante y compartir este suvenir en tiempos nada proclives para estos menesteres, entendimos que tocaba arrimar el hombro. Sí, abundan casos semejantes, que alguien sostendrá, pero lamentablemente la muy buena gente de Pomeray no recibe los encomios que debería, y el esfuerzo de sacar adelante estas píldoras videográficas de manera amateur bajo el epígrafe “Sesiones Distópicas” debía tener una respuesta adecuada por nuestra parte. Ahora, se plantean un par de preguntas: ¿Habrán dado por finalizada la tarea? Eso parece, pero… ¿Vendrán de camino nuevas revisiones o tal vez aparezcan nuevas canciones? Fuera como fuera, si algo teníamos y tenemos suficientemente claro es la transparencia de Pomeray, unos tipos que agitan con el shuffle de “Vanidoso”, hipnotizan con el compás de “Tic-Tac”, arremeten con la urgencia de un persistente “Big Bang” y se aproximan a fases psicodélicas en “Delirios de un Marciano Neoliberal”. Unos tipos que aprietan el esófago con el swing de “Inadaptado” y tiran de intensidad punkarra en “Forastero”, incomodan con el sarcasmo de la polivalente “Perro” y recurren a estrategias noventeras en “Bilbao XXIII” mientras secuencian el hipotálamo en “Luminosa” o alertan con el agónico deterioro del planeta en “Europa”. Dos lustros, diez años, temores, esperanzas y sanciones. Las realidades de Pomeray.

Las canciones han compartido y aparecen en Pomeray son (orden decreciente):
12.BilbaoXXIII
11.Europa
10.Forastero
9.Vanidoso
8.Delirios de un Marciano Neoliberal
7.Tic-Tac
6.Zu eta ni
5.Perro
4.Big Bang
3.Inadaptado
2.Al Tiempo
1.Luminosa

“Europa” y “Forastero”

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