La excelente colección de singles, EPs y LPs de Wiser Time | GR76


Dado que muchos artistas recurren a estos formatos, tendremos que valorar la posibilidad de incluir singles o EPs en sucesivas listas anuales. Desde hace algún tiempo, bien sea por las facilidades o incluso inconvenientes de la tecnología, bien sea por cuestiones puramente económicas o por simple libertad artística, este tipo de publicaciones goza de buena salud, si bien los soportes tienen unos cuantos años y décadas también. Tal vez vivan una segunda juventud desde la proliferación de ciertos hábitos entre el público, o tal vez el hecho de ser trabajos más compactados ayuden en su difusión. Fuera como fuere, no deberíamos desestimar los trabajos simplemente por su duración, porque podemos encontrar material bastante interesante en estos formatos. Habrá quien piense que su contenido puede ser menos magnánimo o menos convencional al evitar elementos más profanos, quien asegure que la capacidad es más que suficiente para que los artistas presenten sus creaciones, o quien crea que son artículos menores. Como en botica, de todo habrá, hasta quien prefiera el elepé, pero lo cierto es que sean momentáneas modas o conductas perdurables, la costumbre de escuchar canciones ha cambiado o está camino de hacerlo, es un hecho.

De todas maneras todas las generaciones han tenido sus singularidades, no vayamos ahora a ver la paja en el ojo ajeno. Singular fue el año pasado, y dentro de esa histórica histeria colectiva, hubo una trilogía de singles (uno de ellos doble) publicados bajo mismo seudónimo que reprodujimos, reproducimos constantemente y en cierto modo nos ha fortalecido. El artífice de esas audiciones, Wiser Time, alter ego de Carmen Sclafani, un compositor, guitarrista y cantante (sí, has leído bien, un tío) con quien topamos de forma casual en 2011. Bueno, en realidad esa casualidad vino provocada, como siempre o casi siempre sucede en estas andanzas por la gratificante tarea de investigar. Un dato te lleva a otro que deriva en un sorprendente hallazgo, y éste nos alentó al recordarnos enormemente a su paisano Neal Casal, pese a un nombre que inducía a la similitud (que la hay) con The Black Crowes. Tras el descubrimiento, obligado repaso de su obra que hasta entonces constaba de tres ejemplares, siendo esa una de las razones por la que recuerdo perfectamente la fecha. Al profundizar en su discografía supimos que el año anterior editó “Beggars & Thieves”, el que hasta entonces era su último álbum, y la segunda razón es una cuestión personal. Intentábamos sonorizar una película familiar y entre sondeos, pesquisas y azares dimos con “Blame It All On Me”, la canción que a la postre sería el origen de nuestra fidelidad.

Supimos también que en sus años mozos compatibilizaba la labor de músico de sesión en diversas bandas por el circuito local con su faceta personal bajo el alias Wiser Time, y que, como nos sucediera a nosotros, la chiripa, el destino o vaya usted a saber por qué el conocido productor Anthony Krizan estaba presente en una de esas funciones en solitario. Meses más tarde, y con la producción de ambos, llegó el deseado estreno con “There And Back Again” (2006), aunque debe circular por ahí un EP previo titulado “Introducing Wiser Time”. Las actuaciones se sucedieron en el área metropolitana de New York, su nombre despuntaba, el boca a boca era su mejor credencial y comienza a viajar por diferentes estados hasta llegar a la costa pacífica. Su segundo trabajo, titulado “All For One”, llegaría dos años más tarde continuando la estela musical de su antecesor, lo cual redunda en su beneficio, ya que parte de la prensa especializada lo valoró positivamente, y su tercera incursión fue quizás la más celebrada y la que tenía la llave a una conquista mayor, pero… Salvo esporádicas apariciones por medio de singles (“XII” y “Chatterbox” en el doce y catorce respectivamente), ni rastro del señor Sclafani hasta 2017. Publica, al igual que todo su catálogo, de forma independiente el último larga duración hasta la fecha, “Whitin”. Estados metafísicos, románticos relatos y turbadores registros regulados por sensuales melodías provenientes del sur o de “California”, una de esas canciones que rememora situaciones, instantes, paisajes, amores, amistades, (re)conciliaciones o (re)uniones que deberías atender tanto como el posterior slide de “I Like It That Way”, tan fascinante como el hammond de “Carnival”, crepitante como el tornasolado ocaso “Find My Way Home”.

Ese es el término apropiado quizá. Atender. Que lo podríamos hacer extensible a suspirar, percibir, recapacitar, experimentar y tantas otras acciones (todas ellas beneficiosas) que el rock, y en este caso Wiser Time, proyecta, porque Wiser Time es una fusión de sonidos y géneros que agrupamos en un árbol genealógico utilizado habitualmente para relacionar conductas que nos emocionan o revolucionan a partes iguales: el rock. El rock en su versión más enfática, más altruista o más enigmática, unido al roll o unido a muchos otros apelativos que rondan los alrededores. El rock es cosmopolita, es permeable, es una fuente de enseñanzas, caminos y riesgos que el señor Sclafani supo y ha sabido canalizar facturando cuatro excelentes discos y una colección de singles y EPs de excelente nivel. Estos últimos eran el objeto del texto. Más bien los últimos que aparecieron. En junio, y con el execrable suceso de Minnesota como hilo conductor, “Unreasonable Force” precedido en marzo del EP “Worlds Collide”, cuyo trasfondo varía con respecto al anterior, pues consta de dos odiseas que aceleran el ritmo cardíaco dada su elevada carga emocional. Los convenios corales diseccionan el alma, su retórica amordaza y los arreglos instrumentales, personificados en el solemne hammond y la templada guitarra, son un desecho de virtudes que disponen al escalofrío. En julio saldría “Revolution 20”, canción conocida de “Beggars & Thieves” que varía en número y contrasta con las anteriores en su atemperado tratamiento musical y un acuciante grito de subversión suspendido en el aire regido por distorsiones, neurosis y resistencias, cerrando esta complicada travesía de quince años que esperamos tenga continuidad. Ignoramos si las fauces de la industria han estado pendientes del señor Sclafani en alguna ocasión, pero el tío ha mantenido su postura escribiendo canciones y editando sencillos en clave acústica como “Sing You A Song” (2016), “What You Give/Unplugged” y “Looking For Bob Dylan” (2007) o eléctrica como “Blue Christmas” (2006), exponiendo su innato ingenio para construir canciones de manifiesto acento americano y siendo fiel a su independencia. Porfiado en su selecto rock. 

“Unreasonable Force”
Minnesota law man with 18 complaints before
Walked up to George Floyd, unarmed at the corner store
Said, “Mister won’t you tell me if this is your game?
‘Unreasonable force’ is what we’re gonna play”

Black man, north of 40, was handcuffed and on his knees
Pleaded with authorities that he could not breathe
Can’t punch or kick with someone kneeling on your neck
“Mama” was his last word that he ever said

Fire
Rage
All ain’t alright

Black man, north of 40, with his face to the ground
Don’t you move an inch and don’t you make a sound
It won’t take too long until you’re declared dead
That two cents in my pocket is the last that you’re gonna spend

Fire
Rage
All ain’t alright

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