minientrada Imperial Jade, savia nueva para el viejo rockandroll. GR76


Sábado 11 de mayo de 2019 en Mendigo, Barakaldo (Bizkaia)

Cumpliendo con la estación y haciendo justicia a la consideración como el mes de las flores, el sol lucía en lo alto proporcionando calor e iluminando calles, avenidas y coloreados jardines que encontrábamos camino de otra estación.  Esta vez no era la meteorológica. Esta vez era la del metro. Esta vez enfilaríamos hacia Barakaldo, donde nos esperaban unos jóvenes catalanes a quienes teníamos el infortunio de no haber podido corresponder, a pesar de echarles el ojo (probablemente se debiera a los buenos consejos recibidos de conocidos comunes) desde su primer trabajo. Por fin, un radiante día de primavera con las flores en su máximo esplendor llegaba la oportunidad de desquitarnos, y el astro rey recibía orgulloso a Imperial Jade. Posteriormente terminó siendo una fascinante actuación, ofreciendo un recital acorde a su nombre. Imperiales, lúcidos, dispuestos y brillantes. Tiempo atrás lo teníamos decidido, como tiempo atrás teníamos decidido acudir a otra serie de atractivos conciertos programados en un mayo colmado en cuanto a funciones en el botxo y alrededores, pero nunca llueve a gusto de todos. Nos habría entusiasmado estar en ese de pinta inmejorable, en aquel que barruntábamos de psicodélicas conductas, en ese de pesados sonidos donde insistiríamos sin miramientos con la cabeza o en otros donde habríamos exteriorizado sin demasiado rubor satisfacción, pero no ha podido ser. Es así, y no hay que darle más vueltas. No obstante quede constancia de nuestra más sincera enhorabuena a promotores, garitos, salas y bandas por tan fecunda programación no tan solo durante este condensado mes, sino por el resto de un dadivoso año para sufridos seguidores que en ocasiones (benditas sean) buscamos cualquier pretexto para la pataleta. Si hay mucha oferta, porque no se puede llegar a todo. Si escasea, porque se convierte en un via crucis, y conste que a uno no le gustan demasiado las balanzas, pero con ellas debemos convivir. Debemos seguir cada uno desde su trinchera, al pie del cañón apoyando una escena necesitada de abrigo y cooperación, porque la música en directo necesita ser regada constantemente como las flores, y necesita savia nueva como Imperial Jade.

60252886_2255814204485574_3219848672988626944_oEse mensaje se nos quedó grabado el día en cuestión, ya que Arnau no paró de agradecer en todo momento el apoyo a la música en directo a una asistencia que no flaqueó un ápice en sus ánimos. Se veía venir. Se podía intuir, ya que los discos de Imperial Jade reflejan su fuerte carácter y son el vivo ejemplo de firmeza en su concepción del rockandroll, su Código Da Vinci particular. Indudablemente sus fuentes son el pasado, como las influencias de esas generaciones eran el pasado a su vez y así sucesivamente hasta llegar al origen, así que no deberíamos rasgarnos las vestiduras cuando unos tiernos adolescentes asoman la cabeza y muestran su carisma y acreditada competencia. Aquí hay calidad y suficiente claridad. Hay cualidad y una estimable cantidad de buenas canciones distribuidas en dos relevantes discos que alternaron en el Mendigo de la localidad fabril. Desde el celebrado comienzo de “You Ain’t Seen Nothing Yet” hasta el encolerizado final de “Heat Wave” completaron una calurosa velada fruto de la entrega de la banda, y también por la ausencia de un aire acondicionado que en boca del baterista parecía un congelador. Chascarrillos aparte, las guitarras de Alex y Hugo son el magma de un volcán cuyo epicentro es la batería de Francesc, las cuatro cuerdas de Ricard el cráter y las vocales de Arnau representan su erupción. Todo perfectamente ensamblado, todo conectado y calculado como si fueran veteranos en estas lides cuando en realidad son cinco noveles luchadores en el circo de un rockandroll del que son grandes enamorados y profundos conocedores como lo demuestran en composiciones tan dispares como los pendencieros y participativos guiños de “High On You” o los ritmos corales apoyados en un vicioso slide de “Rough Seas”. Con la peña receptiva y entregada bordan la crepuscular “Time Machine” en la que no se echó en falta ninguna cuerda, dando pie a apasionados entreactos de la talla de “Electric Lady”, una de esas canciones que te roba el corazón cuando la escuchas en la más absoluta intimidad, pero que gana enteros cuando es compartida con más compinches que al igual que tú se doblegan ante el solo de una guitarra henchida y gozosa. Aplausos. Reconocimiento. Emoción y mucha variedad de movimientos amparados en guitaras penetrantes, resbaladizas, salvajes, melancólicas y camaleónicas que coqueteaban con eléctricos blues, correosos boogies, vientos de libertad, afilados desfiladeros hard rock, apropiados diálogos a doce cuerdas (“Glory Train”, “Fire Burning Sound”) o variaciones de pedales psicodélicos en “The Call”, el entreacto chamánico donde la fuerza gravitatoria de la percusión establece la dirección. Capítulo aparte para Francesc, por cierto. El insinuante soul llegó de la mano de “Keep Me Singing” alentando al personal mientras los primeros acordes de “Fire Burning Sound” evidenciaron el afecto de los chicos por las islas británicas, las teclas, armonios y demás artilugios de ébano y marfil. Retrocedemos unos metros para establecer diferentes puntos de vista, y comprobamos cómo “Satyr” abrió el festivo tramo final que nadie quería que llegase, sin embargo tenía que venir. Ese adiós terminó siendo un hasta luego, porque nosotros volveremos y ellos volverán con la misma correa de “Mr. Rock N Roll”.

Rafa Robledo

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